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LA PLAZA DE TOROS
Parece que el equipo de gobierno tiene previsto en breve mostrar un proyecto de plaza que daría cabida a unos cinco o seis mil aficionados. Este anuncio supondría que el anterior, auspiciado por Medina con un conocido empresario madrileño del mundo de los toros para más de ocho mil localidades quedaría descartado, cuando lo sensato es apostar por un aforo de alrededor de diez mil asientos si queremos darle viabilidad empresarial para la gestión de grandes acontecimientos y que esté a la altura de Orihuela como gran ciudad; una urbe que debe recuperar parte del protagonismo y competir en desventaja con Torrevieja y que, por tanto, aspira a atraer gente de una comarca en expansión demográfica y que cuenta en un radio de una hora con cerca de dos millones de personas que podrían ser clientes si los espectáculos merecen la pena.
Las grande ciudades lo son si ejercen como tales, si cuentan con atractivos que no se dan en poblaciones similares, si tienen servicios e hitos urbanos singulares que las hacen distintas. Orihuela es actualmente un pueblo no muy grande con resabios de grandeza, en permanente retroceso relativo respecto de sus vecinos y la culpa, en gran medida, se centra en unos gobiernos que han apostado por la parálisis, la medianía y la falta de ideas. Construir una plaza multiusos de cinco mil almas es, con perdón, una cagadita de político estreñido y algo palurdo.
Una obra de estas características se realiza cada muchas décadas y debe constituir un referente urbano de enorme valor. No hace falta que insista en que los grande servicios culturales, deportivos o comerciales están mejor integrados en la trama urbana que localizados en extrarradios donde se pudren los largos días en que la actividad es nula y que exigen transporte para su uso; sin contar con que en los grandes eventos la ciudad se pierde la avalancha de personas que tanto ayudan a revitalizar su tejido económico. El campo de la Nueva Condomina es un fracaso desde ese punto de vista, genera retenciones y vacía la ciudad cuando esta debiera ser un hervidero. Llevar la ciudad deportiva al lado del polígono, como propone el grupo de gobierno, además de una estupidez, es un error similar. Por tanto la plaza dentro de la ciudad.
Si estamos de acuerdo en que el terreno de Los Arcos es lo único que vale, que de la plaza sólo merece la pena conservar algunos elementos nobles ( como mucho), que su ubicación es modificable, que en sus bajos se pueden abrir locales comerciales, que ese entorno está sin resolver, que la rotonda no cumple su función y debe arreglarse. Si en eso estamos de acuerdo, contemos con esos miles de metros ( campo de fútbo, plaza de toros), planifiquemos un gran servicio de aparcamientos, construyamos uno o varios edificios singulares y abramos un concurso internacional para incluir una gran plaza a la altura de siglo XXI. Como se ha hecho en muchos lugares, grandes urbanistas y arquitectos pueden optar a darle otro aire a este espacio. En pocos años podemos tener el AVE soterrado y una plaza que salga entre las obras singulares del nuevo municipalismo en España, al fin y al cabo no vamos a hacer otra en los próximos cien años. No dudo que el consenso sería unánime.
Por cierto, el vetusto campo municipal tenía un sitio magnífico en el parque de Las Espeñetas, aprovechando los metros que suman las instalaciones deportivas, un Orihuela en segunda división sería un bombazo para fortalecer la declinante economía de OCIOPÍA.
Soñemos como sería la ciudad con estos hitos, qué ambiente de fin de semana, qué vitalidad en las actualmente mortecinas y sucias calles, cuántas sinergias sumaríamos desde el punto de vista económico, cómo se favorecería el crecimiento endógeno. Porque Orihuela es hoy poblacionalmente ridícula, no es polo de atracción y necesita crecer demográficamente y hacerlo urbanamente compacta ( modelo mediterráneo).
Apostar por la ciudad zonificada, despersonalizada y mediocre es un error que estamos sufriendo. No sigamos por la vía del fracaso, dudo que una alcaldesa joven como tenemos quiera seguir al senda de sus predecesores, tan nefastos los dos.
¿GRAN CIUDAD O GRAN FRACASO?
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Hace unos días nos presentaban desde el ayuntamiento el final de los trabajos para hacer de Orihuela una gran ciudad, posibilidad a la que optamos por haber superado los 75.000 habitantes y que comportará una serie de mejoras administrativas, hace tiempo solicitadas, y una mayor financiación. ¿ Es de verdad Orihuela una gran ciudad?
No, así de tajante. Pero puede serlo. No porque el dato de población se refiere a todo el municipio, uno de los más grandes de España y que distribuye más de la mitad de sus vecinos fuera del casco, siendo este muy pequeño, con servicios insuficientes, con una vida económica reducida y con una influencia decreciente. Nos falta potencia urbana, capacidad demográfica y poder de atracción.
Pero igual que afirmo que podemos serlo, aviso de que podemos no llegar nunca a conseguirlo. Son muchas las razones y somos culpables todos:
En primer término los propios oriolanos, tan despegados de sus vecinos de pedanías, a los que parece no les afecta en absoluto sus problemas como si fuesen de lugares recónditos. En contrapartida, estos no sienten a la ciudad como propia y apenas participan de sus fiestas, inquietudes e instituciones. Carecemos de sentido patriótico respecto del municipio, salvo para las declaraciones grandilocuentes.
En segundo lugar, el desfase político. Los parámetros de decisión política son muy distintos, se aprecia una disparidad en el nivel de información, la influencia de ciertos personajes casi caciquiles y un inmovilismo insatisfecho que molesta a la ciudad y desactiva las posibilidades de cambio a la vez que aumenta el sentimiento de separación. Mientras Orihuela apuesta por privar de mayorías absolutas, las pedanías descontentas afirman las políticas que las discriminan, con lo cual nadie se explica que protesten tan airadamente por la falta de servicios o la ubicación de los vertederos y se aumenta la distancia entre ambos. La incomprensión es mutua y las contradicciones enormes.
En tercero, la mala atención, cuando no abandono o enconamiento, de muchas partidas rurales o la costa ha reverdecido y exasperado los movimientos segregacionistas, lo que en un territorio tan extenso, con fracturas en la continuidad del término, unido a los datos objetivos de atraso en infraestructuras y servicios responsabilidad directa del ayuntamiento, puede provocar una sangría que nos deje solos y, en ese caso, poco más que Almoradí o Callosa seremos.
En cuarto, la falta de una planificación estratégica que apueste por potenciar el núcleo urbano, densificando la población desde dentro y que requiere un esfuerzo por reordenar, mejorar, embellecer y equipar toda la margen izquierda, así como las grandes bolsas de infravivienda y casas abandonadas que distorsionan la trama y ayudan a la marginalidad.
En un quinto aspecto, la ausencia de tejido empresarial hace que seamos donantes en lugar de receptores absolutos de trabajadores y ello deja a Orihuela sin verdadera actividad durante muchos días al año y muchas horas al día, una ciudad tristona que desaprovecha las enormes potencialidades que atesora, además de recibir, por el monocultivo del ladrillo, inmigración de escasa cualificación.
En sexto, la insuficiente, equivocada y superficial actuación sobre el casco histórico tan rico y poco explotado, así como la falta de asimilación e integración de instituciones como las universidades, que en otras poblaciones son motores de vertebración social y económica, sin contar la falta de centralidad en otros servicios como la seguridad, judicatura, sanidad o educación.
Ser una gran ciudad es algo más que colorín y lugares comunes; al menos ahora tenemos la esperanza de que la alcaldesa tiene una idea, algo que representa una novedad en la política orcelitana. Esperemos que no se quede en la superficie y acometamos las profundas políticas que precisa este maltratado municipio.
MIGUEL ANGEL ROBLES MARTÍNEZ
DNI: 21989206-X