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IMPROCEDENTE PETICIÓN

Ya ha salido la sentencia y la agente oriolana ha sido absuelta de los graves cargos de los que fue acusada. No hay atentado a la autoridad sino una simple algarada en una noche de fiesta donde ella estaba junto a varios amigos como se producen a miles cada jornada, por ello no entendemos la exigencia de explicaciones a la alcaldesa sobre el particular, sobre todo porque ya las ha dado el juez, la concejala y los compañeros sindicales de la policía. ¿ O buscamos otras cosas aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid?
La policía detenida ha sufrido un calvario y una condena previa como consecuencia del contencioso que mantiene la guardia civil con los agentes locales de Torrevieja, al menos eso es lo que parece.
Al hilo de tan desgraciado acontecimiento se han disparado las informaciones interesadas que han pretendido mancillar la irreprochable conducta de su padre por un lado y justificar lo que a todas luces se presume como una actuación desmedida impropia de la Benemérita.
Si fuera mi hija, y a la luz de la sentencia, yo estaría ahora ponderando el porqué se resistieron a darle el libro de reclamaciones; o por qué no querían cobrarle rápidamente para que desalojaran el local ella y sus amigos; o por qué se sirvieron de varios clientes para impedir que se fueran una vez pagada la cuenta; o por qué fue precisa la presencia de tantos guardias civiles si no hubo denuncia ni violencia contra nadie; o por qué se detuvo a quien no había cometido falta alguna y solo deseaba irse de un local donde, parece, no fueron tratados correctamente; o por qué se abalanzaron de modo brutal contra una chica que no es especialista en artes marciales, como se ha dicho, y en ningún momento agredió a nadie. Lo normal es que si la policía llega a un local y no hay denuncia, ni hechos violentos y la deuda está saldada y los clientes con ganas de abandonar el sitio, lo normal digo, es que saluden y se vayan pues no hay caso; es el típico follón que se resuelve solo sin daño para nadie. Pero aquí se ha actuado con irresponsable ferocidad contra una persona joven por el hecho de ser policía y se la ha perseguido posteriormente porque uno de sus superiores es su padre. ¿ Vamos a actuar contra los que les impidieron irse una vez pagadas las consumiciones en razón de no se sabe qué autoridad ni que cargos?¿ Se intentó por parte de la camarera dar una lección sirviéndose de ciertas amistades personales, con lo que estaríamos frente a una posible prevaricación de funcionario público? La sentencia huele a decisión salomónica, de un lado se condena a la afectada a algo testimonial, una multa, reprobando un comportamiento más allá de lo razonable, pero nada más, y de otro se salva la cara de los guardias intervinientes cuyas lesiones habría que ver. Bien por el juez.
Ahora es el momento de reflexionar sobre cómo se da la información, las consecuencias que tiene, si se puede amparar la opinión de cualquiera desde el anonimato de un blog o si todo vale sin tener en cuenta las repercusiones. Gran parte de la basura extendida ha venido de dentro dirigida por personas que tienen aspiraciones que se verían, según su criterio, favorecidas si desacreditan al padre de la afectada, o que se justificarían en un supuesto comportamiento mafioso de los policías locales de Orihuela de los que la afectada y su conducta serían epítome. Ninguno de ellos merece la pena, por cobardes y desleales, por sucios y disolventes, pues no han dudado en manchar el crédito de la institución ni en perjudicar a una joven ajena a sus manejos.
Los grupos de la oposición que han reclamado explicaciones se equivocan, la sentencia las da sobradas, estamos ante un hecho trivial que no compete al ayuntamiento ni supone alarma alguna. Dar a entender que de tan estúpido enredo se deducen comportamientos ilícitos tipo Coslada es comportarse con desmesura e irresponsabilidad, cuando no con mala intención. Hacer oposición es otra cosa, si hay sospechas de malas prácticas se deben denunciar y no mezclarlas con un malentendido de unos jóvenes de juerga. En mi opinión solo cabe apoyar a la policía local de Orihuela, trabajar por recuperar el juicio y contribuir a la normalización de relaciones entre todos los cuerpos de seguridad. Lo demás es rapiña y los ciudadanos no desean que quien se conduce con tales armas les gobiernen.
ALGUIEN TIENE QUE HACER ALGO

El otro día, y no es la primera vez, un conocido personaje de Orihuela dedicado al periodismo dijo en una emisora cosas gravísimas: que la concesión de las basuras, un negocio de más de treinta mil millones de las antiguas pesetas, era una pastelá que ya estaba repartida; que el plan de residuos comarcal, que aumenta el negociete, forma parte del mismo chanchullo; y que, y esto es lo más grave, los políticos que nos gobiernan no pueden, aunque quieran, tomar sus decisiones libremente por estar hipotecados, rematando la faena con un arrepentimiento, las ganas que tenía de dar nombres y apellidos para demostrar la veracidad de lo afirmado y su profundo conocimiento de lo dicho.
No sé ustedes, pero a mí me parece estupefaciente que se pueda decir esto y nadie se querelle. Insistió, con impecable sentido democrático, que debemos hacer una limpia en el consistorio, no porque lo hagan mal, que lo hacen abundó, sino porque no pueden gobernar conforme al bien común y sí al dictado de unos poderes distintos del mandato ciudadano.
En esos mismos momentos se reunía la comisión de contratación sin los grupos de la oposición, a pesar de la promesa verbal de contar con ellos en aras de la transparencia, demostrando que esconderse no, pero hacerlo fuera de todo control sí. Para ello se prestaba el catedrático de la politécnica que hace informes de valoración a la carta, como así expuso el contertulio citado, dejando a la universidad en una posición bastante indecorosa. Las valoraciones posteriores no nos han dejado muy tranquilos, la verdad.
Es más, llegó a afirmar que hasta para pasar el cazo los concejales deben pedir permiso a quienes controlan el tomate. Honrados no, pero organizados sí; cada uno a su turno. Esto, que parece propio de una película de mafiosos o de Berlanga, es lo que, según este informado informador tenemos en casa y mientras tanto el caso Brugal, que podría pillar a algunos de los que no quiso nombrar, según le oímos, sigue en el limbo, y que yo sepa nadie le ha llamado a declarar para que pueda soltar la lista que tanto le quema en la boca.
Alguien debe hacer algo, y no podemos contar con lo políticos pues parece que existe un pacto de no agresión que sólo se rompe en periodo electoral y de forma leve. Tampoco con los ciudadanos, que elegimos sin rubor al 70% de los alcaldes encausados por corrupción en las últimas elecciones, lo que no nos deja en muy buen lugar. Alguien tiene que hacer algo y deben ser los jueces utilizando los mecanismos que la Constitución nos otorga para defendernos de nosotros mismos y para limitar nuestras propias elecciones. Si sigue este desmadre la joven democracia dejará de tener sentido y los atropellos pasaran a ser la única forma posible de gobernar, como en los países bananeros.
La oposición, suponiendo que sean mejores, está atada de pies y manos, predica en el desierto y carece de la fuerza suficiente para cambiar algo, aunque lo intente. A lo mejor Educación para la Ciudadanía es más necesaria de lo que estimamos, o quizá no sirva para nada si el ejemplo que ven es el que he expuesto y que, desgraciadamente, todos comentamos en bares y tertulias. Este señor, con gran valentía y bastante gracia, lo ha contado muy bien, ahora, a quien corresponda, que actúe si es cierto o procese a cuantos se atrevan a opinar tan a la ligera. Si no es verdad, difamaciones así no son tolerables, ambas cosas son incompatibles con un sistema democrático sano. ¿ O es que todos estamos en el ajo?
EDUCACIÓN PARA LA CACOFONÍA

El presidente Camps tuvo una ocurrencia para desacreditar el intento del gobierno de implantar Educación para la Ciudadanía. Desde el poder que le daba la Comunidad Valenciana dispuso que esta asignatura, aborrecida por la derecha ante el riesgo previsible de adoctrinamiento, se diese en inglés. Una idea graciosa que le ha llevado a una deriva que está colapsando el sistema educativo valenciano y que se percibe como una frivolidad partidista que afecta a la calidad de enseñanza y al funcionamiento de los institutos.
El otro día en el claustro se nos informó de que la asignatura la impartirán los profesores de inglés asesorados por los de filosofía, que habrán de estar presentes en la clase, en una reedición del clásico de Tip y Coll sobre cómo llenar un vaso de agua. Una lección por colleras como los rejoneadores.
Tuvimos que votar si el examen se haría en valenciano, español o inglés, y claro la pregunta era inevitable, ¿si contestan en valenciano, quién corrige?, el de valenciano por supuesto, salvo que los otros tengan la competencia lingüística suficiente, pero lo que no sabemos es si este tiene los conocimientos adecuados. Esto supone que un tercer profesor debe sumarse a la feria, salvo que lo hagan en inglés, que le correspondería al profesor del área, el cual deberá traducir al de filosofía para objetivar la nota, pues su conocimiento es menor que el del asesor y entre ambos tienen que filtrar las deficiencias atribuibles a la impericia en la lengua de Oscar Wilde de las imputables a la falta de conocimientos. Si por el contrario se opta por el castellano, escaso interés tiene darla en inglés, aunque nos asaltaba la duda de si los alumnos van a entender una clase en esa lengua, o si por el contrario precisarán de aclaraciones y traducciones al español, que desconocemos de qué modo y en qué casos se harán, pues el profe de inglés, escasamente perito en la materia, puede cometer errores de bulto que pasarán desapercibidos para los profesores ayudantes de filosofía, salvo que sepan la lengua extranjera, en cuyo caso por qué tiene que darla el de inglés. Si los alumnos, como parece natural, no reclaman traducción al castellano o valenciano, puesto que les trae al pairo, cómo sabe el asesor lo que se dice. Una solución es que lo explique el docente en ambas lenguas, pero si la mayoría no domina la de allende nuestras fronteras seguro que desconecta en la parte donde tiene dificultad y esperará, en el mejor de los casos, a que llegue el turno en su lengua materna, eso si no se dedica a alborotar ante tanta desvergüenza y despilfarro.
No acabaron ahí nuestras tribulaciones, y si el alumno ha elegido como primer idioma el francés, ¿ debe sumarse un cuarto profesor a atender la diversidad?. Eso sin contar a los que no saben ninguna de las enumeradas porque vienen de países, como dirían los de Gomaespuma, muy extranjeros. En fin un panorama absurdo en donde se demuestra la desfachatez con que se está tratando el asunto y la poca valoración que merece la labor docente. El fracaso escolar no es por casualidad. La mayoría nos abstuvimos como muestra de nuestro rechazo a participar en este enredo, que con su pan se los coman los que nos utilizan como títeres de sus cuitas políticas. A todo esto hemos de sufrir la amenaza de las visitas por sorpresa de los inspectores, convertidos en comisarios políticos. Una norma ridícula y contraria al sentido común debe ser respondida con la insumisión, una ley injusta no debe ser cumplida señor Font de Mora.
Por otra parte se nos olvida que EpC es una materia impuesta en casi todos los países europeos y que algunos como Inglaterra han seguido un proceso impecable dirigido por un comité de expertos presidido por Bernard Crick, tan afecto a Zapatero, algo que no ha ocurrido aquí donde el PSOE ha pecado de improvisación, sectarismo, arbitrariedad y ausencia casi absoluta de documentación, como denunciaba el profesor Laporta, poco dudoso de afinidades peperiles. Esta asignatura fue desarrollada por la Unión Europea en el Informe Euridice “como medio de hacer frente a los desafíos del siglo XXI”.
Déjense de mandangas, retiren la asignatura, busquen el acuerdo, imiten el modelo inglés de implantación, atiendan las recomendaciones europeas, implementen medios, formen al profesorado, aporten recursos y luego a dar la maldita materia, que hoy, tal y como la plantea el gobierno de España, no es más que Formación del Espíritu Nacional versión zocata. Y los alumnos y sus maestros acorralados por los hunos y los hotros, que diría Unamuno.