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LA AP-37 Y EL FUTURO DE ORIHUELA

Hace varios años, concretamente en el año 2006, publiqué o me publicaron varios artículos, uno de ellos titulado: Orihuela ciudad amurallada, que alertaban sobre las infraestructuras que iban a convertir nuestro municipio en una maraña de vías rápidas, trenes de alta velocidad y tubos de conducción de agua. Poco menos que como el colector de Murcia y Alicante por donde se desaguan coches, basuras y trenes, ninguno con la intención de parar aquí porque vamos a quedar aprisionados y bloqueados. Realmente salvo las basuras todo tiene la idea de usarnos como tierra de paso, y para ello deben arrasar con el patrimonio natural, bloquear nuestro progreso, alterar el microclima con barreras que además afean el paisaje, y aislar sin solución a vecinos y tierras. Las basuras es lo único que se queda permanentemente con nosotros. Así sea, lo hemos votado con contumacia.
Decir que esta obra es cosa del ministerio de Fomento es mentir a medias, pues viene por expreso deseo del gobierno regional vecino, del mismo color que el nuestro, y muy unido en otras materias. Si bien también hay que mirar al PSOE y preguntarse a qué se dedican, ¿por qué no han hecho de esto un asunto central y nos lo han explicado bien?
“Rodriguez Barberá ha mentido en el pleno si ha dicho… que en la documentación remitida en Noviembre de 2007 no se especifica ninguna alternativa, solo un estudio medioambiental sin saber concretamente por donde pasarían las carreteras. No pone las alternativas, pero si especifica y explica los posibles corredores, norte y sur, y además un mapa donde viene reflejado el posible trazado. Si no presentaron alegaciones en su día es por incompetencia pero que no nos mientan”. Esto es lo que le dice un ciudadano comentando la noticia en una edición digital a nuestro concejal, que tuvo altas responsabilidades en la Generalitat y que como Mónica ha dejado el cuerpo muerto, aunque ahora hinchen la vena, por eso no pueden aplaudirse las intervenciones de alcaldía hasta que no se traduzcan en hechos, porque les pagamos para que defiendan nuestros intereses, no para que nos reconforten con palabras oportunas.
Si a todo esto unimos la valiente acusación sin respuesta de Antonia Moreno sobre que la contrata de basuras en realidad es de Fenoll, rumor que está en la calle, y nadie lo rebate, sabiendo que el asunto está precedido por un escándalo nacional, es que aquí vale todo. En política la responsabilidad pasa por responder, lo primero; lo segundo, por demostrar lo dicho; y en tercer lugar, por asumir consecuencias si se ha mentido o se ha sido inoperante. Nada de esto va a ocurrir, así que felices vacaciones, que hace mucho calor.
AP-37, ESA CUESTIÓN EXTRAÑA Y ESTRAFALARIA


Hasta ahora me he contenido porque confiaba en su honradez o me fiaba de su prudencia en comparación con Zaplana, que instauró el reino del boato, la desmesura y el culto al líder como seña de identidad de su gobierno. Pero ya no. Extraño es que un presidente y su cuadrilla desplacen a un sastre para tomarles medidas por indicación de un comercial de empresas contratistas de la administración pública que ellos dirigen; estrafalario es usar zapatos de más de 5000€; extraño y estrafalario es hospedarse en hoteles de cinco estrellas a cuenta del contribuyente y rodearse de un lujo en cada acto propio de actores de Hollywood o emires de Qatar. Y extraño, estrafalario e inadmisible es mentir respecto al pago de lo demandado o de si se conoce al dador, más cuando se le quiere un huevo. Si lo primero es reprochable ética y estéticamente, lo segundo incapacita al presidente: la mentira pública no tiene vuelta atrás, es una traición al ciudadano que ya no sabe cuando le dicen la verdad o cuando intentan engañarle. Mentir, como ha mentido Camps, significa la pérdida de toda credibilidad, o sea, ya no es creíble. Lástima que el poder embolique tanto y tan pronto.
Pero estos políticos que viven con lujo asiático a cuenta nuestra, que vienen todos los años a comer a nuestras costas, que nombramos síndicos en Orihuela, que se juntan para pedir agua y coherencia a la administración central, son incapaces de unirse para trabajar por nosotros. Menos camisas de marca, menos ceñidores italianos y más esfuerzo en la gestión.
Por ejemplo, ¿no podían dedicar algún rato con sus técnicos a contrastar las infraestructuras que hacen falta en los territorios que gobiernan? Un simple vistazo a los planos por gentes avezadas y asesores competentes mostraría qué falta y qué se puede mejorar; un simple vistazo enseñaría qué infraestructuras son competencia de quién; un simple vistazo serviría para saber que terrenos son los afectados y de qué manera; un simple vistazo al mapa indicaría si hay o no racionalidad en lo proyectado; un simple vistazo ayudaría a ver si las reclamaciones vecinales son o no coherentes, si se pueden armonizar recursos entre administraciones, si se deben establecer prioridades, si es posible dotar de servicios sin dañar en exceso. Y todo esto se puede y se debe debatir con los afectados con antelación a publicación alguna, pues les va a condicionar vidas y haciendas.
En menos de lo que se tarda en hacer un nuevo acto de homenaje o desagravio se puede resolver todo este galimatías de la CV-91, CV-95, AVE, AP-37. Pero hemos de querer y oír a quienes no tienen intereses especulativos solamente. Y que se entere Fomento de que no a cualquier precio y que sepa Valcárcel que no de cualquier manera, que la Vega Baja también cuenta y que sus gentes y sus tierras deben respetarse. Aunque, lastimosamente nuestro comportamiento electoral nos hace acreedores de cuanto nos sucede, porque nadie parece preguntarse qué han hecho para evitarnos estos problemas Ripoll o Camps. ¿Y nuestros alcaldes?
Igual que con el AVE llegamos tarde y la acción es local y fragmentaria. Mi consejo es que no se deje estar a los partidos en las asociaciones vecinales de defensa de la huerta, estos tienen su ámbito de acción y no deben contaminar otros; que gestionen donde deben, cosa que no han hecho ni parecen vayan a hacer. Que se actúe con generosidad, con rigor, con información, con visión de futuro, con racionalidad y que se den alternativas posibles y reales; el simple "no" es una forma de renuncia. Sería muy recomendable la implicación de las universidades para dotar de base científica las propuestas.
Nos engañaron con el AVE, no dejemos que nos engañen con todo lo demás.