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LAS EUROPEAS Y UNION PROGRESO Y DEMOCRACIA


A pesar de tener una meritoria representación política en el parlamento a UP y D no se le ha dado ni bola en estas europeas que han ganado los abstencionistas, aunque esto no deja de ser una falacia y es discutible que deslegitime los resultados. En cualquier caso quiero hacer una reflexión desde la perspectiva de este partido, al que no pertenezco y con el que no mantengo relación alguna.
La pérdida de votos hace pensar que parte de la sangría del PSOE se ha dirigido hacia esta formación, y el origen de sus líderes, junto con algunos postulados en materia social y de costumbres, puede que favorezca tal destino. Pero las líneas ideológicas son atractivas para gran parte de ese centro político que decide las elecciones, cuya filiación es liberal, individualista, y, en muchos casos, con una formación cultural media – alta; personas básicamente urbanas que han conocido la democracia en la mayor parte de su vida y que no se sienten necesariamente atadas a un partido.
UPyD debe tener en cuenta que su fuerza está en la posibilidad que ven los ciudadanos de atenuar la deriva de los grandes partidos sin caer en el chantaje de los nacionalistas. Muchos deseamos que los dos grandes, los que cuentan de verdad, dejen de ser tan endogámicos; que abandonen el clientelismo (Chaves o Fabra); que reconduzcan el estado autonómico a límites más serenos y razonables; que acaben con la desigualdad educativa y la marginación del español; que tengan políticas auténticamente de estado en materias como el agua, las infraestructuras, exteriores, terrorismo y, en casos extremos como ahora, en economía.
Este partido se nos muestra como la bisagra sobre la que pactar en ausencia de mayoría absoluta, como un socio leal al estado y como una garantía de que la corrupción no va a quedar impune en las urnas porque hay alternativa fiable. Pero tal confianza se rompe si adquiere los hábitos y servidumbres que lastran al PP y al PSOE.
Considero que este partido debe aglutinar a Ciutadans y ceñirse al espacio que le da sentido: el nacional y el europeo. Mal va funcionar en las autonomías si tiene que pelear contra los discursos victimistas, populistas y, en ocasiones, manifiestamente separatistas que exhiben los dos principales, ofreciendo unidad de discurso si este penaliza alguna reclamación arraigada o habla de limitar poderes a favor del gobierno central. Además la experiencia nos muestra que el grueso de la corrupción se fragua en los niveles bajos de la administración (ayuntamientos, diputaciones y, en inferior grado, gobiernos autónomos). No podemos olvidar que una de las misiones que debe guiar su hoja de ruta es la reducción de la arbitrariedad en estas instituciones, aligerar el número de funcionarios y modificar o privatizar las televisiones autonómicas por su despilfarro del dinero público y por la utilización obscena a favor de quien manda. Muchos de estos objetivos son asumibles en unos comicios nacionales, pero no en una disputa local.
En el plano práctico, es cierto que la no presencia de cuadros con aspiraciones personales en estos ámbitos resta capacidad operativa, sin embargo centra esfuerzos y clarifica los objetivos. También evita la irrupción de personajes atrabiliarios o pillos con intereses circunscritos a estos niveles. Si nos fijamos en la Vega Baja, siendo importante el logro, el número de votos recogido en los 27 pueblos apenas le daría dos concejales en Orihuela, luego su amenaza como fuerzas locales a medio plazo es mínima; su discurso en estas elecciones no sería atractivo y está, generalmente, representados por las formaciones surgidas desde los propios partidos nacionales o el asociacionismo vecinal.
El PP ha consolidado un espacio hegemónico en alguna comunidad, el PSOE lleva camino de ser residual en Murcia y Valencia, lastrando la acción de los grupos municipales, pero los resultados auguran que en las próximas ninguno va a tener mayoría absoluta, a caso ni suficiente, pues el partido popular ha movilizado su electorado al máximo, dejando poco margen de mejora.
UPyD debe arriesgarse a un concepto nuevo, evitando repetir un modelo gastado y pernicioso. Los electores con sentido político necesitan poder elegir de manera diferente si votan elecciones globales (europeas o nacionales), de si lo hacen en autonómicas o municipales.
Demos la bienvenida a Rosa y los suyos, pero miremos con reparos el acceso al ámbito local. Para mí, que nada tengo que ver, sería un error.