DE BOTELLÓDROMOS Y FOLLÓDROMOS
Estaba pensando que tras la generalización de los primeros no tardarían en salir los segundos como nueva reclamación a satisfacer por los políticos, cuando un “friqui” de Reus aparece en la prensa solicitando tan imprescindible equipamiento. A veces parece que uno presiente el futuro, o simplemente que era inevitable. Saco esto a colación de la valiente iniciativa de Sonia Castedo, la atractiva alcaldesa de Alicante, a propósito de facilitar un espacio público dedicado a fomentar el alcoholismo entre nuestros jóvenes y niños. Y digo valiente porque ella al menos no ha rehuido el debate, aunque haya errado el enfoque.
Resulta curioso que en una sociedad tan prohibicionista como esta, que no te deja conducir sin cinturón de seguridad o te impide echar un cigarro se esté planteando tan absurda medida. Me pregunto si de verdad es una necesidad y si hemos pensado en el mensaje que se traslada a nuestros chicos. Quizá deberíamos reparar en lo que dicen algunos expertos en tratar con muchachos problemáticos o que caen en adicciones y delincuencia, gentes como el famoso juez Emilio Calatayud que no se cansa de pedir un pacto por el menor y que está manifiestamente en contra de estas locuras.
Yo, que estoy en contra de la prohibición del consumo de drogas a los mayores de edad, abomino de que se esté dando este debate siquiera. Un botellódromo no hace falta ni es aconsejable, o al menos lo es en la misma medida que el polvódromo que reclama tan singular concejal; ¿o un picadero público nos parece más descabellado que destinar un espacio específico para que miles de jóvenes beban sin control hasta entrar en coma, potar en masa y guarrear las calles con deyecciones, basuras y actos incívicos?
Los argumentos son peregrinos y van contra la educación más elemental: que las bebidas son caras, pues mejor, que beban menos; que en algunos lugares no les suministran alcohol a los menores, pues que se esperen a los dieciocho y se apañen con refrescos, pizzas, bailes, deportes, ropas, cómics, parques de atracciones, viajes, libros, consolas, tertulias, música, ligues… ¿De verdad pensamos que les faltan incentivos y oportunidades a nuestros hijos? Mi experiencia me ha demostrado que son capaces de divertirse intensamente sin consumir a penas y nuestra misión es mostrarles el camino adecuado y saber decirles que no a algunas cosas. Un no a tiempo, un gesto de autoridad, hacerles sufrir las consecuencias de sus actos, cortar comportamientos y actitudes que les perjudican, hacer que sepan aceptar contrariedades, frustraciones y demoras en sus inquietudes, o sea hacerles madurar responsablemente para que sean capaces de buscar la felicidad es el fin de padres, educadores y autoridades. Tratarles como príncipes caprichosos, plegarse a todas sus ocurrencias es un error que ya estamos pagando.
¿Es tan malo que los menores vuelvan habitualmente antes del amanecer? ¿Qué no lo hagan borrachos o intoxicados por policonsumos? ¿Que si deciden tener relaciones sexuales sean conscientes de con quién y no como inexorable remate de de una orgía etílica? ¿Qué se puedan mirar y hablar sin que intermedie un cubalitro? A mi me ha gustado la juerga, las chicas y la cerveza como al que más pero nunca entendí que conviniese mojarse primero para divertirse después, de hecho la curda solo venía por un mal cálculo y era molesto quien tuviese por norma emborracharse. Todos hemos fumado a escondidas, hemos bebido de incognito, hemos magreado a hurtadillas. La iniciación a la vida adulta no pude ni debe circular por una autopista bien iluminada, algunas cosas precisan intimidad, secreto, riesgo; es el peaje que nos enseña que no es que sea pecado, sino que no es gratis. Son rituales que dan valor a los actos y marcan tiempos, códigos, espacios, ocasiones, medidas, formas y modos de ser y estar.
¿Por cierto, si habilitamos espacios para beber sin tasa, subvencionaremos a aquellos que no puedan pagarse la cogorza si acreditan su penuria o se comprometen a vomitar en las puertas de monumentos y comercios? Y los dueños de pubs, bares y discotecas que monten 24 horas.
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miguel angel -
Anónimo -