TRABAJAR MENOS MÁS TIEMPO
En tiempos de crisis las personas optimistas ven oportunidades de cambio. Los políticos parecen condenados al inmovilismo, como siempre opinan y no escuchan sus medidas son un bucle perpetuo. Si abrimos los ojos a lo que dice la ciencia y a la experiencia diaria veremos que la jornada laboral de 8 ó 10 horas en general es un desatino en estos momentos, y que la jubilación a los 65 ó 67 un perfecto despilfarro de talento, un tobogán al pudridero de personas en perfecto estado.
Los antibióticos, la higiene, la tecnología y la ciencia han cambiado en pocos años la vida humana. La esperanza de vida se ha multiplicado por dos, si a principios del siglo XX era de poco más de cuarenta años para la mujer sueca, la más longeva, hoy supera los ochenta y se encamina a los cien. Vivimos más y mejor, las miserias de la vejez extrema se retrasan en muchos casos más allá de la octava década, muchas personas cercanas a los setenta años corren a diario, nadan, hacen senderismo, viajan, leen, van a la universidad, se enamoran y resultan atractivos física y mentalmente. Harrison Ford no es una anécdota. Antes un cincuentón era un hombre al borde de la senectud, hoy puede ser un sex- simbol, como Brad Pitt o Gerorge Clooney. Las mujeres de esa edad simplemente no contaban, ahora dirigen empresas, dan clases y los alumnos se vuelven para mirarles las piernas, juegan al pádel, llenan los gimnasios y desbordan belleza e inteligencia. La vida buena se ha alargado más de veinte años, qué hacer.
Pues lo que muchas veces hemos comentado medio en broma. Trabajar de viejos y disfrutar de jóvenes. Bueno no exactamente eso. Como apuntan los expertos, deberíamos saber que el primer objetivo no es la productividad, sino la felicidad. El pleno empleo es una falacia incompatible con el desarrollo humano, sólo las sociedades arcaicas tienen pleno empleo, un trabajo diario, duro, enfermante, de mera supervivencia. La división del trabajo, la tecnología, han multiplicado la productividad hasta límites inconcebibles, cada vez más gente puede vivir sin trabajar o trabajando menos horas, es una conquista del progreso; Henry Hazlitt, en "Economía en una lección" no señala esta evidencia, que parece de izquierdas, pero que resalta un defensor a ultranza del mercado.
Las economías modernas deben hacer un esfuerzo por conciliar la vida personal con el trabajo, porque es posible. El presentismo, echar horas sin cuento, es un error estratégico. La economía del conocimiento demanda talento, ideas, no peonadas. Las tecnologías de la comunicación permiten la realización de muchas tareas en horarios y ubicaciones no convencionales, además de eliminar gran parte del trabajo no productivo. Y esta novedosa longevidad nos obliga a un reciclaje continuo, es más, nos impele a no buscar una profesión o un puesto de trabajo para toda la vida pues, por mucho que nos guste, es fácil que terminemos odiándolo. El aumento de divorcios tiene mucho que ver con la perspectiva de que podemos reiniciar nuestra vida varias veces, por qué en lo profesional no.
Como apunta Punset, debemos reconsiderar la vida laboral. Quizá no se trate tanto de cuándo jubilarse, que debería ser casi una opción personal, cuanto de redistribuir de modo diferente. En lugar de trabajar miles de horas en plena crianza, tendríamos que reducir los horarios para conciliar la vida familiar, para educar a los hijos, para vivir con ellos sus primeros y fundamentales años, lo que eliminaría muchos problemas en sus educación personal y sentimental. Cada cierto tiempo habríamos de tener la oportunidad de un reciclaje, al margen de la formación continua. Una especie de año sabático cada 10 de vida laboral - se podría cotizar un fondo-, en el que viajar, estudiar, vivir.
Del mismo modo que hemos eliminado horas para vivir al principio, podemos sumarlas al final trabajando para la comunidad o desarrollando nuestro oficio en lugar de ir al limbo de la jubilación en plenas facultades mentales y físicas. No se trata de trabajar menos, sino de trabajar distinto, de distribuir el total de manera diferente. Hemos de tener en cuenta que al aumento de la capacidad productiva tenemos que sumar la creciente incorporación de la mujer al mercado laboral, lo que casi duplica el número de personas dispuestas a trabajar fuera de casa, dos sueldos algo menores hacen uno muy bueno. Pero que no se nos escape, el envejecimiento de la sociedad va a crear muchos puestos de trabajo en el área de la salud, servicios y el ocio, que son áreas que consumen mucha mano de obra.
Señores del gobierno, si tengo que ir a clase el día 24 de diciembre iré, si en julio tengo que estar en el instituto estaré, ya lo he hecho este año, pero ese no es el camino. La modernidad no es tener enjaulados más horas a los chicos para calmar a los padres que llegan tarde a casa; aunque los profes seamos un blanco fácil, ustedes saben que se equivocan. Otra sociedad es posible, incluso deseable.
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