EL SÍNDICO 2012

La elección del Síndico Portador tiene alrededor de dos décadas, al menos tal y como lo conocemos ahora. Es un invento del ex-alcalde Cartagena que, aprovechando el 750 aniversario de la Reconquista, buscó, con el asesoramiento de expertos historiadores locales, darle un significado singular sobre el que vincular un símbolo de identidad que, como todos los símbolos patrióticos, suele rentar grandes beneficios políticos al que sabe administrarlos. Y él sabía.
Las elecciones que se sucedieron reflejaban las necesidades del ex-conseller, mostrando dónde le apretaba el zapato o cuál era el objetivo siguiente. El resto, entusiasmados, abarrotábamos la calle con fervor creciente, pues la figura creada o tuneada era muy oportuna y llenaba un hueco doloroso. No éramos murcianos ni valencianos. El síndico nos refrescaba la memoria, nos devolvía a los años de esplendor y nos colocaba junto a la señera, que era más niña que nuestro pendón. Dejábamos de ser valencianos de segunda para serlo de primera y con pedigrí. Un acierto político de Cartagena.
Pero estas cosas tienen peligro, no olvidemos que el patriotismo (sea nacional o local) es el último recurso de los canallas, y estos pueblan la política de un modo que nunca podríamos calificar como discreto. Entre nombramientos inobjetables, como el de Alfonso Ortuño, hemos tenido unos cuantos inusitados, inconvenientes o manifiestamente desgraciados. Una distinción debe saber qué razón de ser tiene, qué ámbito y qué méritos, todo lo cual parece ignorarse muchas veces, así como el efecto benéfico que obtiene la ciudad si las elecciones son acertadas, pues prestigia el galardón, agranda su influencia, proyecta el municipio y nos enseña a todos que eso sólo se le da a quien de verdad se lo merece o puede hacer algo por nosotros. Por eso los nombramientos de Zaplana o Antonio Gutiérrez fueron pertinentes.
A la hora de elegir el criterio de oportunidad es también importante, decantarse por un político en esta coyuntura es un riesgo cierto que imagino habrán valorado las autoridades, pues puede incomodar a los que no compartan su credo o discrepen de su partido. No obstante Orihuela suele pasar por alto estas cosas y estará con el pájaro, que definitivamente ha arraigado en el corazón orcelitano.
Este año es olímpico y se cumple el vigésimo aniversario de la medalla de plata en Barcelona de Carolina Pascual, un hecho irrepetible fruto del trabajo y el talento. Es la única persona de Orihuela que ha sido vista en los cinco continentes por cientos o miles de millones de personas, que contemplaban sin aliento un ejercicio pleno de gracia, riesgo y pasión que nos paró el corazón durante unos interminables segundos en los que se condensaron años de sacrificio y renuncias. Sin menoscabo de nadie, para mí, ella era la persona que este año debería portar el Oriol; no sé porqué la hemos olvidado tan absolutamente. Enhorabuena a don Manuel, pero esta era y es mi elección, que, evidentemente no cuenta.
2 comentarios
miguel angel -
Es como los moros, ahora decimos: si eres oriolano eres festero?! Cómo? pero si tiene poco más de 30 años de vida.
FELICES FIESTAS y gracias otra vez.
Pd. cumpliré su deseo
PEPE -