EL PARQUE DE LA OCARASA, OTRA VEZ.
Hace justo un año escribí en estas mismas páginas una opinión sobre lo que habría que hacer a la hora de diseñar un parque y las mejoras que se tendrían que acometer en el de La Ocarasa. No tenía ninguna esperanza de que me hiciesen caso, pues gobernaba el PP y sus muchos éxitos les habían hecho sordos a todo lo que no fuesen sus propias apetencias. Por eso están donde están.
Como padre obligado a bajar al parque para vigilar a los niños sufro las consecuencias del mal diseño, donde se aúna la falta de originalidad con el desperdicio del terreno. En la Ocarasa el uso está limitado a unas pocas horas, como en casi todos, por la falta de árboles de gran porte que den sombra. Los del sur somos arboricidas, cuando es el único medio de hacer habitables estos entornos expuestos seis meses al año a una insoportable radiación. Los chicos empiezan a bajar a las siete de la tarde, antes es imposible, y ya estamos en septiembre, en julio hasta las nueve era un desierto.
Inicialmente el propósito era que tuviese un gran espacio deportivo, completando el área infantil y de paseo, pero se recurrió a la fórmula más fácil y menos productiva, además de la más molesta para todos. Una pista de cemento de fútbol sala con dos porterías en los extremos y dos canastas en mitad de campo. ¿Quiénes juegan? Los mayores, que lanzan sus pelotazos sobre las mesas de la terraza próxima, contra los bancos donde reposan las madres con bebés y cada poco deben ir a la calle a recoger los balones con serio riesgo de atropello. Mientras, los más pequeños, miran a ver si hay un hueco. Como tiene un uso considerable se juntan en las horas punta docenas de muchachos practicando fútbol con otros que lo hacen al baloncesto y alguno que circula en bici por en medio, un caos peligroso y discriminador con los que más necesitan jugar. Nada protege a unos de otros y cientos de metros cuadrados quedan desperdiciados a ambos extremos de la pista.
Lo dije y lo repito. Si es para los niños hagamos algo que conecte con su sicología. Para un crío que desea jugar al fútbol la portería es la referencia, no precisa que el campo sea reglamentario, de hecho a la mayoría esas medidas les resultan excesivas. Es preferible equipar varias pistas menores para dar alternativa a todos, y el terreno está. Junto a algo tan sencillo no sería superfluo buscar una barrera entre la zona de juego y el resto para evitar accidentes, podría tener hasta un carácter decorativo o servir para ubicar nuevas atracciones para los chicos de edad más avanzada. Es una crueldad cotidiana tener un parque donde casi nunca puedes jugar a lo que quieres. Y termino con una observación, este tipo de instalaciones permite a nuestros hijos disfrutar cerca de su casa, del mismo modo que tener unas instalaciones imbricadas en la trama urbana, la insistencia del PP en hacer la ciudad deportiva a seis kilómetros era un atropello, en todos los sentidos de la palabra. Confío en que el tripartito tendrá en cuenta estas observaciones, son medidas de sentido común y no demasiado onerosas.
3 comentarios
Pedro -
PEPE -
El Rojo -