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miguelangelrobles

LA REPROBACIÓN

Chulo

Con el poco tiempo que llevamos de mandato municipal es meritorio lograr tal unanimidad en la consideración de la oposición. Pepa Ferrando se ha ganado la antipatía sin fisuras de los contrarios, más que por sus errores, que los tiene, por su carácter de señorita Rotenmeyer, la de Heidi, que tan malos momentos nos hizo pasar. Es o parece una mandona de probada locuacidad con un tonillo entre profesoral y repipi que no siempre se digiere bien, más propio de niña marisabidilla que de concejal de cultura, de quien se espera un alegre desenfado de cómico ambulante, cierta lejanía ideológica contraria a la demagogia partidista y mucho espíritu integrador hijo del escepticismo creativo.

Creo que la oposición exagera en el tono sobre la gravedad de lo sucedido, esos tirones de pelo, esas voces desgarradas no se compadecen con los problemas reales señalados y estimo que el malestar viene de la mano de esa sensación de estar tratando con alguien que aun no conoce la diferencia entre lo privado y lo público y te da en la cara una bofetada de mayoría absoluta en cuanto te descuidas.

 Un ayuntamiento no se puede dirigir como una empresa por varios motivos. Uno, porque el dinero que expones no es tuyo. Dos, porque puedes dar pérdidas sin que eso signifique necesariamente un error de gestión ni que tu patrimonio se vea comprometido. Tres, porque existe una exigencia de transparencia que va más allá de cumplir la ley y que responde al interés de los vecinos que te colocan por saber cómo se gestionan sus intereses. Cuatro, porque no hay un fin empresarial único motivo por el que se crea la sociedad, sino que se han de armonizar las necesidades, muchas veces contrapuestas, de miles de personas. Quinto, porque no sólo defiendes los intereses de tus accionistas, los que te votaron, sino de los que no desean que seas tú quien dirija su vida pública, y a ambos te debes por igual.

Pepa adolece de un deficiente sentido de lo público, intenta convencer adormeciendo al contrario con palabrería hueca y se muestra autoritaria y poco humilde. Su actitud es hiriente en el tono y desvirtúa su aptitud, de la que no dudamos pues inteligencia y desparpajo le sobran, armas con las que podrá triunfar si deja de actuar como si el ayuntamiento fuera suyo. Debería de copiar de otro compañero al que se le acumulan las desgracias, Antonio Ortiz, el cual, al menos, exhibe una sencillez agradable, reconoce sus errores, admite que hay cosas que van mal, se suma a los que se quejan si ve que llevan la mayor carga de razón y se niega a dar datos y fechas de modo precipitado a favor de una moderación realista y dialogante. Aunque algo falto de  carisma, contemplamos un raro espécimen, elegante y calmado, que difiere del tono prepotente, desafiante y arrogante que caracteriza a muchos políticos del grupo de gobierno. Mandar obliga a una templanza mayor y deseamos que cunda el ejemplo; mejor si además se avanza en la solución de los problemas, como el de la perrera municipal, auténtica vergüenza que lleva años lastrando la vida municipal.

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