NOSOTROS TAMBIÉN NECESITAMOS UN CAMBIO

Desde hace semanas me llegan rumores sobre movimientos a favor de impulsar en la comarca el partido que encabeza Rosa Díez. Numerosas personas llevan tiempo mostrando su hastío por la política que protagonizan los dos partidos que cuentan en España, ambos enfrascados en un enfrentamiento estéril y enconado, pero ajenos al sentir de una gran mayoría que está dejando de interesarse por la política, lo cual es grave, o por ellos, lo que no es tan peligroso.
Tanto el PSOE como el PP han abdicado de su condición de partidos nacionales y se muestran igualmente insolidarios y contradictorios en las grandes cuestiones, otorgando un peso cada vez mayor a los barones regionales, a la vez que agilizan el vaciamiento del gobierno central, ayuno de competencias y presupuesto. Estos reyezuelos de taifas, con mayor o menor insistencia o radicalismo, apelan al leguaje vicitimista, al agravio permanente respecto de Madrid como ejemplo del mal, y nos abruman con discursos o polémicas indentitarias que sólo sirven para perturbar la vida, perder el tiempo y apartarse de las cosas que se deben hacer, además de gastar mucho dinero. Los dos principales partidos han caído en el aldeanismo rancio y resulta imposible saber qué proponen en materias capitales como la educación, la sanidad, el agua o la justicia. Y lo peor es que los ciudadanos no somos iguales ante la ley, pues, en contra del mandato constitucional, sistemáticamente nos discriminan por razones lingüísticas impidiendo la movilidad laboral y condenando a las universidades, al funcionariado o, incluso, el comercio a una mediocridad basada en el predominio de una lengua, falsamente llamada propia que se usa como arma arrojadiza y cedazo para separar el grano bueno (los nacionalistas y asimilados) del malo (quienes no vemos identidades, sino personas con derechos, o sea ciudadanos). La presión es cada vez más agobiante y tiene tintes totalitarios como la obligación de rotular en lengua vernácula, que siempre es la minoritaria, como si el castellano fuese de un invasor exterior.
Sin embargo no es simplemente este despego del día a día lo que aparta a la gente de los grandes partidos, también es la desfachatez con que han tomado los resortes del poder, constituidos en casta y asumiendo la política como empleo permanente, en lugar de cómo una etapa eventual de servicio público. Los partidos se han transformado en superestructuras que exigen ingentes dosis de dinero, imposible de lograr con las cuotas y aportaciones ordinarias. Como dice el profesor Alejandro Nieto, el sistema se basa en la corrupción, por ello de nada sirven las leyes, pues se hacen voluntariamente inaplicables y sin deseo de que sean eficaces. La regeneración que se suponía vendría de la mano del señor Aznar quedó en mera promesa rota
La política está plagada de malos políticos, o al menos de políticos que han desistido de su función para dedicarse a una suerte de bandolerismo de cuello blanco inaceptable. Este hartazgo, permitido por nosotros, los votantes, resulta menos digerible en tiempos de crisis y el desamparo que algunos tienen acosados por las inmersiones lingüísticas resulta más lacerante, pues veda el acceso a determinados puestos, fomenta la exclusión en según qué poblaciones y hurta nuestros impuestos para destinarlos a lamentables políticas de normalización, mientras la educación se imparte en barracones o se derrocha en unas televisiones autonómicas que, lejos de su valor social y cultural, son un calco de las privadas, un monumento a la zafiedad y un instrumento de sectarismo vergonzante.
Con un Zapatero en busca de sillón en los foros internacionales y un Rajoy en franca decadencia, son los líderes regionales quienes dictan la agenda, convertida esta en un pozo de reclamaciones insolidarias, caprichosas, cuando no dementes. Cada vez más se nos hace evidente la necesidad de un partido nacional sensato, moderado, socialmente progresista y liberal respecto a su concepción del Estado, que evite los pactos bajo amenaza de los nacionalistas y atenúe las ansias “estatales” de los gobiernos autonómicos. España es un gran país y se merece volver a tener esperanza y debe recuperar la confianza en su sistema, quizá por ello muchos empiezan a mirar hacia otro lado, ¿Será Rosa Díez el motor de ese cambio? Hace falta alguien que nos diga como Obama, ¡Sí, podemos!
5 comentarios
miguel angel -
Pedro -
Ahora bien, no le veo yo a usted en un partido que se postula como de centro izquierda y que incluso ha rechazado la opción de alinearse junto a Ciutadans per Catalunya por estar excesivamente a la derecha.
Un saludo y enhorabuena por su blog.
miguel -
Luisa y Cristina Bo. -
esperamos respuestas rapidas!! un beso de las 2
Y desde que corremos los 20' tenemos mas resistencia a las clases de Javi!!
yo -
Pues aquí te dejo enlaces para que puedas ver.
http://www.vegabajadigital.com/ver_noticias.php?ident=4508
http://www.vegabajadigital.com/ver_noticias.php?ident=4425
Venga hombre, comenta algo yaaaaaaaa