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miguelangelrobles

QUE RESPETEN LOS ÁRBOLES

QUE RESPETEN LOS ÁRBOLES


Los vecinos de Orihuela se han alegrado a medias con la noticia de que se va a remodelar la avenida que nos une a la estación. Los andenes, para la mayoría, están bien como están, de hecho son de lo mejor que tenemos y de los pocos sitios transitables en verano, una época que dura casi seis meses en nuestras tierras. La preocupación se asienta en dos pilares básicos, qué se va a hacer con los árboles y a quién beneficiará la reforma, así lo demuestran los comentarios que aparecen en Radio Orihuela Digital.

Respecto de la primera, tenemos presente cacicadas como la de la carretera a Beniel, de la cual se quitaron las hermosas y altas palmeras para trasplantarlas al paseo de la estación y seguimos sin una maceta que alegre uno de los recorridos más transitados por los andariegos locales, que casualmente también es una entrada, premonitoria, de la ciudad. El visitante sabe que aquí no somos amantes de los árboles, salvo por el palmeral, sobre el que bastante tenemos con que no lo hayan recalificado, aunque cada actuación va dirigida a desnaturalizarlo y empobrecerlo imitando una estética paleta y artificiosa.

Sobre la segunda, las sospechas son dobles, unas derivadas sobre la gestión y financiación, en las que no voy a entrar, y las otras dirigidas a la orientación de la obra. En Orihuela casi siempre se penaliza al peatón y se potencia el uso del coche, en abierta contradicción con el tipo de ciudad heredado y el clima de que disfrutamos. Los más concienciados apuestan por una transformación que invite al paseo, al uso público de las calles y que motive al vecino a  andar y aparcar el coche. Y creo que esta es la línea correcta, lo que exige que se respeten los árboles existentes y no que se nos engañe como en la plaza de San Sebastián, de la que hemos perdido unos plataneros magníficos, cuando lo que deseábamos era aumentar la presencia de especies y el saneamiento de los que había. Pero me temo que corremos el riesgo de sufrir un nuevo ataque de asfalto y pavimentado como en la glorieta Gabriel Miró y que triunfe la horterada sobre la suavidad de la tierra y el frescor del verde.

Las fotos de las inauguraciones recientes de parques en las pedanías y algún barrio de la ciudad son intercambiables, jardines anodinos, juegos sosos e insuficientes, áridos artificiales que absorben mal el agua y abrasan la piel de los niños, ningún lugar para que las mascotas puedan defecar sin molestar, deficiente separación de espacios, pobre diseño y escasa o nula sombra.

Mis visitas a otras ciudades me demuestra que el gusto por la tierra natural, el equipamiento blando, la frondosidad y una cierta recuperación de la naturaleza perdida son, en general, soluciones más hermosas y benéficas que el abuso del pavimentado, los maceteros desmesurados, los  jardines sin plantas o los bancos incandescentes por ausencia de hojas que cubran el sol que nos derrite. Por no entrar en la distribución, calidades y diseño de los espacios de juego, ocio o descanso.

Unos andenes con árboles, que fomenten el paseo y que huyan de tanto cemento  y enlosado. O sea, que se parezca poco a las sucesivas reformas de la glorieta. Y que no cueste diez veces su valor.

La imagen es de París, del Campo de Marte, a pesar de su tamaño hay menos pavimento que en la de la Ocarasa. Pero es que allí no llueve tanto y son unos atrasados.

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