EL PALMERAL AGONIZA
De verdad me pregunto muchas veces qué piensa la gente cuando dice que quiere a Orihuela. Su comportamiento es manifiestamente contrario al sentimiento expresado. Pocos se movilizan contra la desaparición del patrimonio arquitectónico, incluso aplauden cuando se hace con nocturnidad y alevosa complicidad municipal ¡Qué bonita queda esta plaza sin el palacete que dificultaba la vista!
A penas hay debate cuando se cuestiona la figura de Miguel Hernández, ni se reclama a la alcaldesa un gesto tras quedar impávida en la ciudad de las palmeras cuando le espetan en las narices aquello de “el poeta de Elche nacido en Orihuela”. Igual lo de nacido aquí lo he añadido yo.
El silencio se espesa como respuesta a las denuncias de unos pocos por la rapiña sobre Sierra Escalona, como si este enclave único no tuviese importancia. Y máxime cuando el objetivo es enriquecer más al empresario, me imagino que agradecido con el grupo de gobierno, que pronto son las elecciones. Nuestra riqueza sólo sirve para embellecer los pregones, que después de ver la desidia general suenan a impostura. Todas estas cosas y muchas más las han denunciado los grupos de oposición y aun debemos aguantar que en la calle se diga que qué hacen. Pues predicar en el desierto de conciencias encallecidas y abúlicas en que se ha transformado este pueblo.
El palmeral es el último sobre el que se ha dictado sentencia de muerte, que no es sino la crónica de una muerte planificada. A finales de los ochenta el primer mandatario del PP, al gobierno de nuestra ínclita urbe, impidió una propuesta de UCD en las cortes Valencianas para proteger el palmeral con la complicidad de Lerma. Hoy asistimos al derrumbe de palmeras; a su secado sistemático como denunciaba Emeterio, vecino de San Antón; a su eliminación para ubicar edificios que nunca debieron estar allí; a la obturación de los canales de riego tradicionales, al vertido indiscriminado de basuras, inertes y restos de pinturas; al uso por parte de personas cercanas al grupo de gobierno del agua de riego para su uso exclusivo. El palmeral es un enfermo grave y lo envenena la ineptitud o la mala fe del partido que nos gobierna.
Plantear medidas de reconocimiento, como patrimonio de la humanidad, cuando nos lo estamos cargando suena a sarcasmo, decir que está mejor cuidado que el de Elche es un insulto a la inteligencia de los vecinos, exhibir informes sobre su atención pura pantomima. Y mientras que hacen los oriolanos: nada. Nos da igual. No exigimos responsabilidades, miramos a otro lado. El PP local ha logrado desactivarnos como sociedad, somos un ente amorfo, sin pulso y sin criterio, carecemos de amor propio y confundimos el ser de derechas con apoyar a una maripandi de inútiles, robaperas en espera de juicio y vagos (alguno ha cobrado por vivir a mil kilómetros como si trabajase aquí) sin oficio conocido ni formación.¿ No es eso una estafa como la de las jubilaciones andaluzas? El palmeral precisa un plan urgente que pasa por la paulatina eliminación de construcciones, justo lo contrario de lo que se está haciendo, y por su regeneración natural. Solo así podremos devolverle el esplendor que nunca debió perder y transformarlo en un activo turístico de primera con los consiguientes réditos económicos.
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