MÁS ALLÁ DE CLEPTOPÍA

El periodista Matt Taibbi ha escrito un demoledor libro de muy agradable lectura si no fuese porque te pone de mala leche lo que cuenta, se titula Cleptopía. Nos narra, documentada y entretenidamente, cómo la política y las finanzas han convertido la economía en un gran casino y explica con datos incontestables los motivos por los que las rentas más altas no paran de crecer y las demás no dejan de bajar. Explica que las tropelías cometidas en nombre del mercado, pero hechas contra este y pervirtiendo el mismo, no solo merman el bienestar general de modo inaceptable, sino que también llevan el hambre a millones de personas sin causas atribuibles al normal ajuste de precios. Los que ahora nos exigen sacrificios son los que por activa o por pasiva nos han llevado al desastre, a cambio ellos siguen en sus puestos de privilegio, se aumentan las primas, aunque su entidad haya sido intervenida, o se financian los I-pad con los restos de nuestro dinero una vez enjugados los enormes desfalcos cometidos con nuestros ahorros.
La economía, mundial y local, está dirigida por inútiles (en su mayoría políticos) y sinvergüenzas, cuando no ladrones sin más (financieros e inversores de toda laya), o por una mezcla explosiva de ambos. Ellos han entretejido este enorme desastre, nos han hecho pagar la factura de su insolvencia o su trinque y ahora nos piden ajustes y sacrificios para llevar a cabo medidas que pueden, como las sangrías medievales, debilitarnos más.
El cáustico reportero desmenuza las encadenadas burbujas, bursátil, punto com, financiera, inmobiliaria o de materias primas. En todas los mismos agentes, con la complicidad de los políticos - tácita o explícita- juegan con el bienestar y nos dan el timo del tocomocho en inmensas pirámides Ponzi, un fraude que sigue vendiendo bien. Apelan al mercado, pero desde una posición de ventaja: la información privilegiada y el amaño de las normas, que ellos llaman desregulación. ¡Claro que les molestan los controles! con ellos no podrían hacer las enormes tropelías que hacen.
Este fenómeno, que no es mundial, pero que afecta a casi todos, ha llevado a España al desastre presente. Y qué proponen al enfermo de desnutrición, pues ayuno, recortes y más ejercicio (horas de trabajo a menor precio) para los que aun se tengan de pie, o sea, que todavía tengan trabajo.
Paul Krugman y los datos llevan dándole la razón a Keynes mucho tiempo en esta crisis que no cesa, como el rayo hernandiano, pero no nos rendimos ni ante la evidencia. El problema no es el déficit, ni en España la deuda pública - salvo alguna comunidad-, el verdadero problema es el paro, la falta de empleo que aumenta las necesidades y reduce las cotizaciones. También el crédito, que los bancos niegan después de habernos entrampado deliberadamente con toda clase de trucos por los que se llevaban enormes comisiones. Y la gestión absurdamente faraónica de una clase política desmesurada e imbécil. Claro, y la corrupción, que afecta desde la Corona hasta los municipios más recónditos. Esa corrupción que hemos tolerado, alentado incluso, o participado de ella mientras estábamos en la subida de la montaña rusa, esa corrupción que no penalizamos en las urnas y que nos hace cómplices, esa corrupción que nos resta capacidad moral para criticar a nuestros representantes. Nosotros también somos culpables, claro que sí.
¡Es el empleo estúpido! se precisan inversiones en infraestructura básica, una reestructuración valiente del Estado y una auténtica reforma laboral que recoja los cambios vitales que hemos, afortunadamente, tenido: la vida útil es ahora casi 20 años más larga, el estado de salud es mejor y la formación mayor; además las condiciones de trabajo se han hecho más confortables. Los científicos nos animan a pensar un futuro inmediato con jornadas laborales más cortas, que permitan un trabajo verdaderamente productivo, conciliando vida personal y familiar, condiciones flexibles y con jubilaciones, salvo trabajos extenuantes físicamente, postergadas casi a voluntad. Dejar a un hombre de sesenta en la cuneta es un drama, un despilfarro y una crueldad.
Las medidas del PP demuestran poca imaginación, un seguir en la misma línea y muestran a un partido que no ha asimilado la nueva sociedad. La economía no pude seguir el rumbo de aumentar la productividad ilimitadamente, hay que apostar por la calidad de vida y negarse a perder aquellas conquistas que nos hacen más humanos, más justos y socialmente mejores. Si dejamos que la crisis nos arrebate lo mejor de cientos de años de aprendizaje político habremos apostado, de nuevo, por un sálvese quien pueda incompatible con el progreso al que todos aspiramos. No les hagamos caso, no previeron las crisis, no han sabido solucionarla y son los principales culpables. Si alguien debe rectificar son ellos que han destrozado el modelo.
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