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miguelangelrobles

HOMENAJE AL BARÇA

HOMENAJE AL BARÇA


Soy madridista de toda la vida. Los reyes me trajeron mi primer equipo de fútbol con seis años. Era del Barça, precioso, pensaron que esos colores llenarían mi ánimo mejor que el de su eterno rival,  que más bien parecía como ir a jugar en ropa interior. Pero no, sólo nos lo poníamos para disputar los partidos de monaguillos que organizaba don Emilio, por imperativo legal, como unos abertzales del balón. Un año después, sus majestades me trajeron el traje de García Remón, no se resignaban a verme corretear por el pueblo como si me hubiese escapado a medio vestir, pero fue suficiente para colmar mi alegría y bien de mañana posé con mis amigos para una foto inolvidable, con mi primo Manuel, mi compadre Enrique y Tarsi, que debajo de la camiseta llevaba corbata, por algo era un año mayor.

Pirri, Del Bosque, Velazquez, Amancio, Juanito y toda la quinta del Bruite llenaron de ilusión mi vida. Zidane y Raul la colmaron. Pero he de ser sincero, ningún equipo llegó a jugar tan bien tantas veces como este Barça, capaz de ganar una final usando diez canteranos. Quizá me guste tanto este Guardiola Team porque soy "gutista" por un lado y fiero defensor del esfuerzo por otro. Amo el entrenamiento, pero disfruto con el talento, y estos tipos, estos neutrinos que dice Paco González, están sobrados de arte y ahítos de trabajo sin florituras ni aspavientos.

Siento envidia de ellos y sólo me consuela que el mamón de mi hijo es culé, pero este contratiempo ha restado sabor a los clásicos, si ganamos, cosa improbable, no disfruto como antes viendo la cara de desolación de Miguel y, si perdemos, lo habitual, la mala follá se multiplica cuando enfocan al tonto de Mou. Este irritante cantamañanas cobra un pastón por hacer que los jugadores más dotados penen -perdón- en el banquillo o huyan del balón como de la peste. Eso, claro, cuando juegas contra un rival menor te sirve para meter dos o tres chicharros y decir memeces como el "triángulo de presión ofensiva", cuando el único que ofende es él con sus gilipoyeces. A la hora de la verdad, una copa del Rey, que habrá pagado el yerno, del Rey, claro, no el del mister, y varias goleadas sin paliativos contra esos locos bajitos que se dedican a jugar bien en lugar de echarle la culpa a todos de la propia estupidez. Seamos sinceros, lo poco que ha jugado el Madrí a lo grande estos dos años ha sido cuando no ha podido alinear a los que Mou quería o cuando le han enseñado las uñas algunos pesos pesados del vestuario, el resto racanería, aburrimiento y palabrería. Soy tan del Madrí, que mi homenaje al Barça me lleva a Chamartín una y otra vez.

Son los dos mejores equipos del mundo en estos momentos, uno dirigido por un señor y el otro por un cantamañanas. Uno borda el fútbol y cuida a los chicos de la cantera, el otro lo destroza y humilla a los talentos por venir en decisiones -Mendes- que llevan el signo del Euro más que el sello de un entrenador. Uno saca lo mejor de cada uno en favor del equipo y el otro pone lo más rancio para mayor gloria de sí mismo. Uno se rodea de genios y el otro nos agria el nuestro dejando sentados a los mejores. Xavi se la puede echar a Iniesta o Cesc, Alonso sólo ve a Kedira o Lass; Granero, Kaka o cualquiera con criterio está de espectador y si lo saca, como a Ozil lo quema haciendo kilómetros en misión imposible. Uno bebe el elixir del triunfo y el otro nos empacha de Coentrao con hielo a precio de Vega Sicilia.

No dudo que pronto cambiará el Madrí y espero que el Barça actual dure mucho para poder ganarles a lo grande, jugando al fútbol. Un macarra no debe dirigir a mi equipo y, si viese alguna bandera española en los triunfos culés, quizá mi admiración fuese mayor. Es la principal pega de un club enorme, su servidumbre al nacionalismo, esa enfermedad infantil que aqueja a algunos mayores. Por cierto, qué bien sin el bobo de Laporta, ¿no?

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