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miguelangelrobles

EL TRIUNFO DE PEPA FERRANDO

EL TRIUNFO DE PEPA FERRANDO

A Pepa Ferrando se la podrá acusar de casi todo menos de falta de franqueza, en política claro. Nada más ganar y ante la posibilidad de conjuntar a los perdedores, que lo fueron con un digno resultado, dejó bien claro que de unir nada, que hay uniones en las que no cree. Y hace muy bien.

La alegría de la nueva presidenta vicaria, mientras las causas judiciales no dictaminen lo contrario, contrastaba con la sensación de derrota del resto, incluso de muchos ciudadanos no votantes del PP, que se lamentaban diciendo que otra vez lo mismo. Pues no, esta vez ha ocurrido lo mejor para el partido si de verdad desea enmendarse y renovar sus cuadros y su trayectoria, tan llena de sobresaltos, trifulcas y encontronazos con la ley. Me explico.

Por primera vez han ganado los que se salieron de la formación o fueron expulsados. Al menos los que se mantienen activos. Estos apostaron anteriormente por Medina porque creían que el triunfo de Mónica les dejaba sin discurso o lo anulaba. La corrupción, la ineficacia o la desunión que encabezaba el ex-alcalde era laminada con el triunfo de ella, que representaba (aparentemente) la renovación, el cambio generacional y la modernidad. Yo aposté por ella, pues lo anterior era tan nefasto que no imaginaba un escenario peor y, en cualquier caso, los viejos rockeros ya habían demostrado suficientemente su inconveniencia. Depurar el partido pasaba por eliminar primero a la vieja guardia, luego ya veríamos. ¡Coño, y vimos!

En estas elecciones, los peperos en el exilio han vuelto a su estrategia retorcida: ¿qué es  lo peor para el PP? Que gane la Pepa. Y a ello se afanaron, con candidaturas fantasma cuando no directamente de sainete, haciendo pactos que rebañaban legitimidad y levantaban suspicacias. Ellos apostaron por Ferrando mientras corroían al candidato de Valencia, y ahora esperan que la división interna impida una moción de censura; moción que yo tampoco deseo, pues este grupo municipal se guía solo por el rencor y es el peor políticamente hablando de la democracia. Además confían en que Valencia, desautorizada por la militancia, agobiada por la  mala imagen y la crisis, tome cartas en el asunto y anule con medidas estatutarias los resultados o sus efectos. Al tiempo. No pueden consentir que el próximo candidato a la alcaldía sea un ripollista con la justicia tras sus talones o su alter ego. Ahora que al PP no le cabe más mierda ya no le interesa la presunción de inocencia sino soltar lastre, el mismo que debió por ética haber eliminado hace mucho.

Todo ha sido una astracanada en estas elecciones, pero la guinda es ver cómo iban a votar quienes se presentaron hace meses contra ellos y cómo les acompañaban los mismos que celebraron la derrota de Mónica y Pepa. Y es que en Orihuela todos somos del PP. El papel del apoderado de CLr en los pactos de última hora debería entrar en los anales del absurdo y demuestra que hay otros más pardillos que yo, o al menos tanto.

¿Qué podemos esperar de tanto despropósito? Los escenarios en la siempre fiel son difíciles de predecir, todo es una especie de retorno a los mismos personajes e intereses, pero apuesto por una serie de opciones, que lógicamente no tienen porqué resultar ciertas.

La primera, es que Pepa y Mónica no cuentan para el partido como cartel electoral, luego habrá que buscar otras vías. Ni ninguno de los que las acompañaban.

La segunda, el señor Bascuñana no es el mirlo blanco, miles de militantes le han dicho que no. Quien aspira a gobernar el municipio liderando el Partido Popular no puede estar agazapado años sin expresar ningún desacuerdo, ninguna alternativa, ninguna idea sólida, sin jugarse nada hasta última hora y con el solo aval de Valencia (la foto con Ciscar). Los militantes y votantes potenciales esperan algo más que el soporte que confiere ser médico, presidente de una ONG y no meterse en líos. Si además dejas que tu primera imagen sea la felicitación y la intención de apoyarte de Medina y Pedro Barrios, está claro que todo es improvisación o simple, ahora me toca a mí. A Emilio podemos echarle en cara que nunca ha representado una alternativa, que no sabemos qué piensa o qué le molesta de esta formación, qué le hace dar el salto. Si el aparato regional apuesta por él, podemos encontrarnos con un líder demasiado vaporoso para estos turbulentos tiempos.

La tercera, que mi estimado Andrés Ballester ha quemado todas las naves y en ellas se ha hundido Antonio Rodríguez. Queda Eva Ortíz, que cuenta con el aval de la organización y con su presencia en el parlamento europeo, aunque la calculada neutralidad le resta credibilidad ante un partido que hace aguas acosado por la mala gestión municipal, las sospechas de corrupción y un estilo de oposición desleal con la ciudad y sus gentes.

Con todo esto, lo lógico es una depuración total,  una gestora que gobierne la transición a un partido normalizado, buscando equipos nuevos con gentes sin manchar, aunando la experiencia de muchos que fueron buenos con la ilusión de los que nunca han tenido su oportunidad. Hace falta un líder sólido y de corte político, no una imagen; entre siete mil almas alguno habrá, ¿no?

 

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