¿AÑORANDO A LUIS FERNANDO CARTAGENA?
No es que vaya a abdicar de mis críticas al que fue alcalde de esta ciudad, pero una informal charla con algunos destacados miembros del PP me ha recordado otra apresurada conversación con un reputado socialista que vino a decirme que, al menos, el ex-conseller tenía un plan o un objetivo: colocar a Orihuela en el mapa. Efectivamente, su deriva posterior no puede ocultar que los equipos que dirigió eran netamente superiores a los que luce el Partido Popular desde hace años, su liderazgo incomparable con los que le sucedieron; sin embargo, las tropelías de estos sí han estado a la altura de su inconcebible trayectoria.
Luís Fernando, aunque solo fuese por buscar su proyección personal, hizo de este municipio lugar obligado para cualquier preboste que deseara escalar en el escalafón. Todos recordamos cómo rejuveneció la figura del Síndico, si bien los nombramientos parecían un reguero de pistas para los jueces; cómo trajo a la ciudad el debate sobre los polos de desarrollo para ubicarnos favorablemente entre las emergentes capitales del sur y Elche, además de los planes para recuperar la historia universitaria de la mano del desaprovechado Pedreño; un alcalde capaz de negarle la entrada a todo un ministro. Que luego todo eso se malbaratara, en parte por su culpa, no resta valor al concepto estratégico de la política que presidía su figura y que le dotaba de un carisma especial. Desde su marcha a Valencia, ya tocado por la corrupción y por tanto vulnerable, ninguno de sus sustitutos ha tenido idea alguna memorable, ningún proyecto ilusionante, ningún plan para este pueblo. De haberla tenido es posible que su suerte hubiese sido otra, pero la inoperancia de los polichinelas que dejó le sirvieron en bandeja a Zaplana su cabeza, no sin que él se hubiese hecho acreedor a tal suerte, pero en un tiempo en que esas cosas podían soslayarse. Quizá querer tener todo bajo control fue su peor decisión.
Tenía razón este izquierdoso, nadie ha presentado después de Luís una hoja de ruta capaz de situar a Oleza en el mapa. Lo más próximo era Antonia Moreno, pero la aritmética electoral y los coletazos de la degradación política que hoy se afanan en desentrañar las fuerzas de seguridad y los tribunales hizo imposible comprobarlo. Digo esto porque parece que el PP local sigue ciego. Cuatrocientas personas en San Bartolomé son muchas para cómo está el patio. Uno tiene perfecto derecho a ser de este partido, faltaría más, pero de eso a acudir a un acto donde la mayoría son sospechosos de actos inaceptables para un cargo público va un mundo. No sé qué mensaje intentan trasladar, pero estas cosas son las que legitiman cada día el éxodo a PODEMOS de cada vez más gente. El partido debe regenerarse del todo, eliminar a los sospechosos y buscar personas valiosas. Será difícil pues un líder no sale de la noche a la mañana y formarlo lleva un tiempo. Madrid sigue dando señales de no haber entendido nada, pero las agrupaciones fuertes tienen bastante más autonomía de la que se les reconoce estatutariamente.
Esta reflexión es válida a nivel general, Orihuela es hoy un páramo, un lugar mortecino, un encono sin salida. No hemos mejorado casi en nada, en cierto modo porque desde la oposición sigue gobernando o no dejando gobernar un grupo de supervivientes sin valor, ni proyecto ni ética alguna, que ven favorecida su labor de destrucción por la crisis económica. Los vecinos debemos ser conscientes de que nos están engañando, que esa legitimidad que reclaman para descabalgar al bipartito no es otra cosa que un intento póstumo de rebañar los últimos restos. Aquí es más tóxica la oposición que el gobierno, que como mucho es incompetente, aunque por nadie que pase un papelón como el que están aguantando.
No sé si las siguientes elecciones nos darán un gobierno válido, de momento seguimos descendiendo, marchitándonos como sociedad, buscando con frenesí la cola del furgón, que parece nuestro sitio. Un histórico de las inversiones de la Generalitat dejaría al descubierto en qué poco nos tienen, ganado a pulso, por supuesto, que nadie regala nada. Y sí, tenía razón Georges Bernard Shaw:"La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos". Había muchos demócratas en San Bartolomé convencidos de que Orihuela debe permanecer en el lamentable estado en que se encuentra. Confío en que abran los ojos y salgan del sopor, por el bien de todos.
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