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miguelangelrobles

ALBERTO FABRA...

ALBERTO FABRA...

 

El mensaje que ofrece el PP con su actitud hostil hacia el presidente valenciano, que lo es también del partido, no puede ser más claro: No es de los nuestros. Durante años han venerado, ensalzado y loado hasta el vómito las políticas de Zaplana y Camps, sin mencionar al prescindible Olivas, obviando que gobernaban con un estilo claramente contrario a la supuesta política liberal que decía encabezar la formación de centro derecha de la que fui parte. Mientras el ideario apuntaba a un uso discreto y práctico del dinero público, con una administración reducida y muy profesional, independiente del poder político, estos líderes iniciaron un periodo de grandes fastos - todos fracasados- ajenos a los verdaderos intereses sociales, cimentados en actuaciones oscuras cuando no manifiestamente ilegales y protegidos por una red clientelar de empresarios venales y amigotes devenidos en asesores, cargos de confianza o miembros de innumerables entes público - privados, agencias e institutos diseñados para ocultar las cuentas, para saquear el erario público y para el propio enriquecimiento personal. Tomaron la administración al asalto y la arruinaron; entretanto, hicieron carrera política, aseguraron salidas en puertas giratorias, colocaron afines y convirtieron la Comunidad Valenciana en símbolo de la corrupción a todos los niveles. Nada que ver con la supuesta desconfianza del poder liberal ni con la pretendida austeridad de la derecha conservadora. Los predecesores de Fabra alimentaron el culto al líder, el faraonismo y lo adobaron de un regionalismo mostrenco, apelando permanentemente a lo más rancio de la cultura popular, con un falso tic anticatalanista que justificase una identidad ficticia sobre la que lograban confundir las críticas a su gestión o sus modos con ataques a todos los valencianos. Populismo puro y duro como el que ahora critican de Podemos.

Mariano Rajoy venía a Valencia a coger moral aupado en actos multitudinarios pagados con las trampas que les permitían a los bigotes de turno. Cuando la justicia toma cartas en el asunto y declara abiertamente que esto era el puerto de Arrebatacapas, cuando decenas de cargos están imputados y se hace insostenible la presidencia de Camps, surge Alberto Fabra, apolíneo e insulso sustituto, que ha resultado más resistente que sus innumerables enemigos y, mal que bien, ha iniciado una purga desde la más insondable soledad y debilidad. Políticos ajados por el abuso del poder (el tiempo es una forma de abuso) como Rita Barberá o Cotino, señalados por la corrupción que todo lo enfanga, se atreven a desacreditar al único que ha dado muestras de sensatez, de honradez y de mesura. Alguien capaz de cerrar Canal 9 a pesar de que podía utilizarlo para su proyección personal a imagen de sus predecesores, pero que ha considerado inadmisible mantener gastos superfluos y manifiestamente sectarios ante el espectáculo de una administración autonómica devastada y al borde permanente del rescate. Ese Mariano, tan presto a visitar Valencia, luego huía como de la peste, pero nunca renegó de quienes habían traicionado el ideal del partido en el que tantos confiamos; sin embargo orilla con su desgana gallega al único que se ha atrevido a hacer algo de lo que había que hacer y además con ejemplar suavidad, elegancia y paciencia.

El PP de Rajoy sí paga traidores y premia a los tramposos, a este partido que él preside con indolente desdén no le importa la corrupción que daña la vida de los españoles en forma de paro, sueldos miserables, educación jibarizada o sanidad depauperada, no. Solo le importa mantener el poder aferrándose a la lealtad mafiosa del compadre o la aborregada del fanático. Las personas decentes, prudentes y valientes no son de su partida. Vaya por Dios! cuan distintos somos de lo que fuimos y qué gran decepción.

Pd: Don Alberto no tiene quien le escriba, nadie en la Comunidad sale en su defensa, los que debieran ser su guardia fiel le abandonan dejándolo más solo que a Calimero. Esos mismos que se abalanzan en busca de una foto o una palmadita cuando huelen un poder consistente. Está usted rodeado de mediocres, correlindes y oportunistas. Y a mí me gustaría que saliese vencedor, no veo en los sustitutos posibles nadie que haya demostrado mayor valía.

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