¿QUIÉN TIENE LA CULPA DEL ASCENSO DE PODEMOS?
Nosotros, los ciudadanos, nadie más. Nos quejamos a menudo de los comportamientos de nuestros representantes, pero les avalamos con mandatos renovados; eso, sencillamente, en política se traduce por un "vamos bien". Lo he repetido multitud de veces, lo único que entiende un partido es el apoyo electoral, los votos, si obtiene suficientes no encuentra razón para cambiar. Nuestro empecinamiento ha sido la causa de llegar hasta aquí.
Durante años hemos aplaudido, alabado y admirado la pompa con la que se presentaban los cargos públicos, coches oficiales, cohortes de asesores y pelotas a sueldo, mítines que parecían el festival de Eurovisión, comidas pantagruélicas de trabajo, actos con ágapes de lujo para cualquier milonga, discursos vacíos adobados de trajes carísimos, publicidad institucional a chorro y una política especulativa sin el menor respeto por la propiedad ajena en favor de empresarios sin alma. Todos parecíamos invitados a la fiesta, pero se la pegaron unos cuantos, con nuestro dinero, dejándonos las migajas e hipotecando nuestro futuro y el de nuestros hijos. Aprovecharon la fascinación del oropel que la visión desde la verja nos producía. El gran pastel se cocinó a base de robar dinero público de todas las maneras posibles mientras nos estimulaban a hipotecarnos en una especie de estafa piramidal que, al final, nos dejó igual que al jugador compulsivo que echa de nuevo el premio obtenido minutos antes. No quisimos ver que era escandaloso y que los delitos que conocíamos tendrían consecuencias. Esperábamos beneficiarnos del banquete al que no fuimos llamados.
Las crisis son periodos de cambio y de ajuste, es el momento donde todo estalla, los farsantes y los incompetentes se hunden y con ellos, a veces, algunos o muchos que trabajaron bien. Es el momento de reducir grasa, de eliminar chupópteros, de acabar con los pícaros. Se terminaron los días de vino y rosas. Esta larga recesión ha tenido como posible epitafio del sistema surgido tras la transición, la dialéctica de la casta. PP y PSOE al principio pensaron que sus trapacerías no tendrían consecuencias letales, ahora están alarmados por el ascenso fulminante de PODEMOS. Todo son alegatos de pureza, expulsiones ejemplares, stripteases fiscales y fingidos arrepentimientos. Ven las orejas al lobo, pero la gente, demasiado resabiada parece que no se los toma en serio, quiere castigarles por primera vez severamente, por sinvergüenzas.
Nos alarman con mil desgracias si gana PODEMOS y puede que tengan razón, nos amenazan con la ruina del país si son los más votados y cada día inspeccionan con lupa el comportamiento de cada uno de los chicos del coletas para demostrarnos que son tan golfos como ellos. Pero, de momento, no cuela. Y no lo hace porque comparado con los innumerables robos, cohechos, prevaricaciones, trampas y amaños, la irregularidad fiscal de un señor con gafitas (que debería estar fuera ya) es peccata minuta. No quieren asumir que han organizado un sistema mafioso a gran escala, desde los ayuntamientos hasta la Moncloa, desde las sedes de pueblo hasta las centrales de Madrid. España ha sido un festival de corrupción, un baile de bribones, un sarao de petimetres oportunistas que casi consiguen que perdamos la fe en la democracia.
De todo esto tiene la culpa el pueblo por permitirlo durante mucho tiempo. Y del ascenso fulgurante de PODEMOS también, se llama hartazgo. Nos hemos dejado encantar por el discurso justificadamente furioso de unos tipos bien formados intelectualmente, pero orientados hacia posiciones peligrosas cuando no ridículas o trasnochadas, como su admiración hacia el corrupto gobierno venezolano, su simpatía castrista o su énfasis antiliberal que los lleva a pedir la disolución de nuestro sistema, en lugar de su saneamiento, en aras de una verdadera democracia donde se cuestionaría la libertad de expresión, pues, como dijo su líder, no puede estar un derecho esencial en manos privadas (televisiones, radios, periódicos, blogs,...) para evitar su mal uso. ¿No suena a totalitarismo? Y hemos despreciado a partidos que nacieron antes como respuesta a esto: UPyD o Ciudadanos. Alternativas serias, razonables, que nunca han llegado a ser significativas porque apostamos siempre a caballo ganador.
PODEMOS es una forma de populismo, antesala del marasmo y la represión, pero espero que obtenga un gran resultado para vergüenza de los grandes partidos y por higiene democrática. Sólo una hecatombe puede hacer reaccionar de verdad a estos elefantes estragados de vanidad. Si alguien ha intentado en serio, hasta el momento, cargarse la democracia española han sido PPSOE y la triste IU de las tarjetas black. ¡Al banquillo! sea tribunal o el de los suplentes.
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