HAY ALTERNATIVA A PODEMOS

Parece que PODEMOS ha descubierto que en España la corrupción es estructural y que ellos son los únicos que pueden regenerar las instituciones. No es cierto, su mérito es haberlo denunciado cuando el país estaba dispuesto a creerlo. De hecho, UPy D nació como respuesta al sistema de reparto que el PSOE y PP habían creado con la colaboración de IU y los partidos nacionalistas, prestos a arañar competencias y dinero al Estado a cambio de apoyos al partido gobernante de turno. En Cataluña, CIUDADANOS, hacía lo propio contra el sistema caciquil, cuasi totalitario, que impuso CIU, pero no había llegado su momento. Hasta la verdad tiene que madurar para ser atendida y quienes se adelantan aparecen como simples oportunistas o resentidos, especialmente si han pertenecido a alguno de los partidos que luego combaten.
Digámoslo claro, durante las vacas gordas a casi nadie le interesaba si había corrupción y no reparábamos en las consecuencias que ello podría tener. Ahora sabemos que gran parte de nuestro dolor proviene de esas prácticas indecentes que enriquecían ilegalmente a partidos y personas con nuestro dinero. La impunidad de que gozaban nuestros dirigentes formaba parte del clima social imperante y de ello eran cómplices todos los engranajes del poder. Ni los jueces perseguían con la misma ferocidad ni los medios de comunicación trataban con similar dureza lo que hoy parece una cruzada contra el desfalco al que nos ha llevado una casta de impresentables sin discurso ni vergüenza. Los partidos afectados, especialmente el PP, no han hecho nada al respecto hasta que las encuestas empezaron a vaticinar su desastre. No es por tanto una cuestión de ética pública ni de verdadero arrepentimiento, es pura táctica para perpetuarse. No debemos dejarnos seducir fácilmente ni por los mensajes, falsamente contritos de unos, ni por las soflamas incendiarias de los otros. Iglesias y sus chicos son un poco de aire fresco, un desatascador necesario, pero su ideario político no es compatible con una concepción avanzada de la política, son marxistas envueltos en celofán digital y quienes no compartan esa ideología trasnochada deben buscar otras aguas de las que beber, sin caer necesariamente en "lo de siempre". Simplemente porque eso evitaría la insoslayable depuración, casi refundación, de los grandes partidos nacionales, particularmente del popular.
Ciudadanos ha emergido en los últimos días como el gran beneficiario por el lado contrario y su líder, Albert Rivera, ofrece todos los atractivos que se pueden pedir a un político: inteligencia, preparación, discurso claro, valentía, energía y atractivo personal. Aparenta ser un tipo normal, pero nada más lejos y se ha preparado a conciencia. Quizá pese sobre él la falta de experiencia de gobierno, aunque de la mayoría de quienes nos gobiernan sabemos por experiencia de su toxicidad.
Ha intentado en cuatro ocasiones unir su proyecto con el de UPyD, lo que daría un impulso enorme a ambos, con la ventaja de que en lo fundamental son coincidentes, hasta el punto de que para los potenciales votantes resultan casi indistinguibles. Sólo se aprecian diferencias en el liderazgo, y esa, creo, es la razón de que no se haya producido el ansiado acuerdo. Si se llegase a un pacto, Albert Rivera tiene una imagen mucho más vendible que Rosa Díez, que da la sensación de querer estar a toda costa y sea como sea. Esto, claro, es injusto con Rosa, pero sus rivales y ciertos tics personales hacen inevitable tal percepción. No hay, por tanto, unión porque ello supondría ceder en favor de Rivera la cabeza de cartel. Una pena. Todo el esfuerzo realizado puede caer en saco roto por esa ambición que no va a satisfacerse nunca.
Los jueces intuyen en sus investigaciones que el PP se ha comportado demasiadas veces como una banda mafiosa; la estrategia, sin embargo, es negar la mayor. No podemos darles nuestra confianza en estas circunstancias, nos recuerdan al drogadicto que dice cualquier cosa con tal de conseguir el dinero para un nuevo chute, que en el caso de un partido son cuatro años más de poltrona. Sí hay alternativa y conviene tanto a España como al propio PP, votar a CIUDADANOS, aunque es insuficiente. La formación magenta debe reconsiderar el acudir sola a las elecciones y perder una gran oportunidad y toda la credibilidad o ceder en aras de un gran objetivo. Los del catalán, dejar su orgullo herido a un lado e intentarlo honestamente una vez más. No hacerlo, quizá, sea la señal inequívoca de que, efectivamente, no se merecen nuestra confianza. A mí me gustaría ver juntas a Irene Lozano y Carolina Punset.
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