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miguelangelrobles

LA POLÍTICA DEL AGUA

Vergüenza

 

Tras la reunión de alcaldes en Orihuela para reclamar agua el PSOE ha quedado más en entredicho ante los ciudadanos por su errático discurso y la desafección de muchos dirigentes con mando en plaza como el alcalde de Benferri. Sin embargo las cosas no son tan sencillas como el eslogan, agua para todos, y ambas formaciones han caído en la trampa de su demagogia en varias ocasiones. Al PP solo le salva la contumacia y la ignorancia general sobre un tema peliagudo, complejo y difícil. Y le da juego para rato.

Lo primero en todo caso es salir del victimismo, pues llevamos décadas disfrutando de un trasvase, Tajo – Segura, cuando hay zonas más pobres que nosotros que carecen de tal infraestructura, y nadie ha clamado por la igualdad de oportunidades de las mujeres de esos territorios; quizá por ser una estupidez. Además ahora se suma el del Jucar – Vinalopó, lo que nos hace más afortunados y doblemente desiguales respecto de las mujeres de otros lugares.

En segundo término, descartar que las reclamaciones tengan por objeto la agricultura, y menos la tradicional. La experiencia nos señala como los derechos históricos no se respetan por dos razones de valor incuestionable: a/ porque no pagan y por tanto no les llega el agua, salvo que sobre. b/ porque el objetivo es fundamentalmente urbanístico y para la agricultura intensiva industrial, además de que es dudoso que deban mantenerse esos privilegios, por muy históricos que sean. Pero si fuera verdad que importa la huerta, los mismos que reclaman agua para el pobre agricultor no estarían aprobando planes de desprotección de la misma ni permitiendo o alentando la construcción masiva en un paraje que debiera tener la catalogación de patrimonio de la humanidad y que lleva camino de convertirse en una gigantesca conurbación de cientos de miles de viviendas.

Otro asunto llamativo es el de los excedentes del Ebro. Como afirma Pedro Arrojo y confirma la Directiva Marco del Agua, o sea la legislación europea de aplicación a España, decir que a un río le sobra agua es como afirmar que una persona tiene exceso de salud, una majadería o una trampa, aunque muy útil. La ciencia muestra hoy que los ríos son  sistemas generales cuya repercusión en la vida de los territorios se extiende más allá de sus riberas, por tanto habría que hablar de caudales máximos detraíbles, pues la calidad de los ecosistemas representa un valor, a veces mayor, que el propio agua. Y hablo también en términos económicos como son los ligados al turismo de aventura o en la naturaleza, cuyos rendimientos superan los destinos agrícolas; en muchos casos con un potencial creciente y sobre territorios con riesgo de despoblación. ¿ O para esos no cuenta la solidaridad que nos llena la boca?

Una de las falacias más lamentables es la de que queremos el agua que se pierde en el mar. ¿ Se pierde? ¿ En qué sentido? ¿Debemos seguir construyendo embalses y restando recursos para un urbanismo desaforado que esquilma nuestros parajes naturales, como la huerta o Sierra Escalona, sin pensar que la falta de aportes arruinará el delta del Ebro, un entorno de interés mundial, el segundo en biodiversidad de España tras Doñana, con toda la riqueza que atesora? ¿ Debemos seguir matando los ríos con las consecuencias que tiene para el litoral, como la regresión de playas por falta de arenas, o la reducción de las pesquerías, especialmente el boquerón y la sardina, sin contar los miles de kilómetros de playas de ribera que perdemos o el uso deportivo y pesquero que tanto dinero mueve cada año? ¿ No son buenos ejemplos la presa de Asuan o la tragedia del mar de Aral para saber que los resultados no arrojan saldos siempre positivos? Y digo yo, por qué nadie recuerda, ni siquiera el probo alcalde de Benferri, al señor Valcarcel el robo sistemático del agua con trama judicial incluida ni la contaminación aberrante que nos mandan. ¿ Un problema de doble moral o una farsa para obtener votos?

Se me objetará que las riadas sí son un desperdicio inadmisible. Admitiendo eso, que es  mucho admitir, les recordaría a los talibanes del trasvase que las obras sólo servían en caso de avalancha para recuperar 31 hectómetros cúbicos, es decir, casi todo el caudal iría al mar o anegaría las tierras colindantes, lo cual no siempre les viene mal.

Podemos coincidir en que las desaladoras no son la panacea, pero eso también es ignorar que su evolución las hace cada vez más competitivas y que, en contra del mensaje apocalíptico del PP, el coste energético del trasvase es superior al de la desalación debido a los tres bombeos que son precisos ( Ebro – Castellón, Tous – Villena y Cartagena – Almanzora), que deben sumarse a los costes de construcción del trasvase, como indican las directrices europeas. ¿ Esos trescientos aguerridos defensores del agua van a seguir boicoteando la construcción de desaladoras con tal de perjudicar al contrario? ¿ Esas obras faraónicas no tenían costes energéticos ni ambientales ni humanos? ¿ Hemos pensado que tras algunos embalses, como la presa de Itoiz, el coste por puesto de trabajo creado ha supuesto una inversión media de un millón de euros? Tales disparates debieran movernos a reflexión.

El problema es que efectivamente necesitamos agua para seguir creciendo y esto es una lucha por el poder. El PSOE presentó cuando gobernaba un anteproyecto, el plan Borrell, que era más duro que el PHN aprobado por Aznar, y sus posiciones, ahora maximalistas a favor de un uso sostenible del agua, les hacen hacer el ridículo cuando falta en el grifo anulando toda credibilidad. Pero el PP, encabezado por Loyola de Palacio, redactó un libro blanco del agua contando con muchos expertos próximos a la nueva cultura del agua que abominaba del plan Borrell. Hasta que la posibilidad de victoria hizo tomar partido a la patronal del ladrillo SEOPAM y apartaron a tan valiosa diputada del puesto casi seguro de ministra de medio ambiente para colocar a Benigno Blanco, alto ejecutivo de IBERDROLA, de Secretario de Estado, y cumplir con las aspiraciones de las constructoras y eléctricas. Ambos partidos han defendido posturas antagónicas con las que mantienen actualmente, simplemente ocurre que al PP le ha venido mejor estratégicamente. Ambos dicen cosas diferente en según que sitios, e incluso los populares tuvieron que quitar del programa las alusiones directas al Ebro para evitar un motín, por no hablar de las demandas en Castilla – La Mancha para la derogación del trasvase del Tajo, donde populares y socialistas se dan la mano.

El agua reclama una auténtica política de Estado y ambos interlocutores están mintiendo, a lo que se suma el integrismo autonómico, donde cada taifa tira para casa por absurdo o anticonstitucional que sea el planteamiento. Esto es demasiado serio para dejarlo en manos de los políticos, exclusivamente.

 

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