NECESITAMOS UN PLAN PARA EL PLAN GENERAL

En estos momentos de crisis se están barajando múltiples medidas paliativas por parte de los poderes públicos orientadas a inversiones que incentiven el empleo a través de las obras e infraestructuras. No es el principal cometido ni el más recomendable, pues el empleo debe ser impulsado por los empresarios, pero puede resultar conveniente en estas circunstancias. Asimismo estamos en la encrucijada del AVE y más fácil lo tendríamos si tuviéramos el plan general nuevo redactado y vivo, pero no hemos hecho los deberes a pesar de las múltiples mayorías que el pueblo ha dado al gobierno municipal.
¿Pero cómo debe ser el plan general? ¿Basta con encargarlo a un gabinete de especialistas o tenemos antes que marcar unas directrices generales? Sostengo desde hace años que es preciso hacer lo segundo y ello exige consenso político o al menos asunción de responsabilidades por parte del equipo de gobierno. Por tanto, debemos contemplar y definir lo primero el modelo de ciudad: si queremos una urbe zonificada (modelo americano expansivo y/o desarrollista) o una ciudad mediterránea como mandan las tendencias apoyadas en la sostenibilidad ecológica y social, y como hemos heredado de nuestros antepasados. Esto último, que es lo que apoyo, supone apostar por la compactación, por la recuperación del casco viejo para que vuelva ser histórico, por generar servicios e infraestructuras que permitan la peatonalización de amplias zonas con valor añadido y lograr que Orihuela sea una ciudad vivible, segura, bella, transitable, atractiva y atrayente que capte esa fuga de compradores que está hundiendo el comercio y alterando la estampa tradicional de Orihuela.
El plan general debe contemplar la regeneración de la margen izquierda del río, repoblar esa zona, llena de casas viejas, deshabitadas o en claro desahucio. Debemos retomar la idea del ilustrado concejal Juan Bellod y diferenciar valientemente entre edificaciones tradicionales o con valor histórico y casas viejas. A continuación fijar unas normas de edificabilidad con mayores aprovechamientos, permitiendo alturas donde sea posible y siempre en los entornos de expansión donde la llanura de la huerta nos lo hace fácil, a la vez que ampliamos la anchura e incluso el tipo de calle, sin olvidar la conjunción de áreas verdes extensas junto con bulevares, pequeñas plazuelas y rincones con sabor que faciliten la convivencia, el paseo, la tertulia y la proliferación de bares, cafeterías y locales que incluyan entre sus mejores atractivos el lugar donde se ubican.
La planificación debe tener en cuenta los hitos geográficos, arquitectónicos y naturales de la ciudad, sin olvidar los históricos y culturales. La nueva ciudad debe potenciarlos, hacerlos visibles, más accesibles y rodearlos de actividades y vecinos para que sean espacios vivos, llenos de bullicio y económicamente atrayentes. Sin ser exhaustivo, debemos hacer que la orientación de calles favorezca la visión de la montaña, que el río no sea un obstáculo sino un estímulo, que los monumentos no parezcan islotes en una población fantasma y mortecina, que los entornos hernandianos adquieran sabor y olor a poesía y lleguemos a ellos sin querer (ahora ni buscándolos), que el palmeral se transforme en un punto de encuentro para nosotros y las poblaciones vecinas que carecen de nada similar... Y los hitos climáticos, debemos de llenar de árboles frondosos las calles y plazas; embellecen, refrescan, eliminan ruidos y hacen más amable el paseo, que ahora es heroico cuando calienta el sol.
El plan debe prever los aparcamientos precisos en superficie y cubiertos (subterráneos o no), la plena accesibilidad, la imbricación de colegios, zonas culturales, de ocio o administrativas en la trama urbana; no alejarlos de los barrios, para que se pueda ir andando a ellos, para que fluya la vida y los negocios, que formen parte de la trama y marquen puntos neurálgicos; su recuperación o nueva construcción debe hacerse con visión de largo plazo y excelencia arquitectónica, pues son obras para perdurar . Y la costa necesita un plan de regeneración integral, con reparación de cuanto hemos dejado mal por negligencia o complacencia, de protección de terrenos con valor natural, preservando las manchas de árboles que milagrosamente persisten y buscando un nuevo paradigma constructivo menos dañoso, y menos consumista de suelo. Más basado en los servicios, los equipamientos culturales, de ocio y deportivos, la calidad de oferta y menos en la vivienda residencial de baja calidad.
Una ciudad a la medida de los ancianos, niños, minusválidos o mamás embarazadas.
5 comentarios
Jesús Ruiz -
PD: escribe algo hombre.
miguel angel -
De todos modos no es sólo que afecte a casas particulares, que es grave, sino que arruina la ciudad con su proximidad y las barreras que supone.
FELICES FIESTAS
Luisa y Cristina Bo. -
feliz navidad robles!!
anonimo -
Miguel angel, muy bueno tu articulo. Un saludo de un oriolano
Luisa y Cristina Bo. -
Buen viaje Robles =D, aun que no nos podamos despedir de este trimestre
Un beso
pD. esperamos respuestas rápidas