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miguelangelrobles

Como ellos lo dicen mejor,yo lo pongo.Este es fundamental para entender el debate federal.

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Periodismo de opinión en Reggio’s

El debate del Estado federal, de Jorge de Esteban en El Mundo

TRIBUNA: CONSTITUCIONALISMO

El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha declarado, ante la crisis institucional en que España está inmersa, y motivado asimismo por la indecisión «identitaria» que afecta al PSC, que es partidario de ir avanzando hacia un modelo federal de nuestro Estado. Es más: añadió que, si hubiese el consenso adecuado para ello, estaría dispuesto incluso a reformar la Constitución.

Ahora bien, su propuesta no es válida, como la ha planteado, porque parece ignorar que el Estado de las Autonomías, es un tipo suigeneris de Estado Federal. En consecuencia, no se puede adoptar lo que ya existe. Supongo, por tanto, que lo que ha debido querer expresar es que nuestro Estado actual ya no es válido, porque la situación caótica que atraviesa España exige ineludiblemente afrontar cuanto antes su necesaria reforma. En tal sentido, conviene tener las ideas claras, para no confundir las cosas. En primer lugar, no existe un modelo único de Estado federal. En el mundo hay cerca de 30 Estados federales, entre los casi 200 Estados representados en la ONU. Es necesario aclarar que los Estados federales pueden nacer de dos formas diferentes. Unos, como Estados Unidos, que fue quien inventó la fórmula, surgieron por asociación de Estados o entidades preestatales ya existentes. Y otros se crearon por disociación de un Estado unitario, que se divide, sin separarse, en diversas partes. El Estado federal nace bien para unir lo fragmentado (EEUU, Canadá, Suiza), bien para desanudar lo que está demasiado unido (Argentina, México, Brasil o Bélgica). Ni por su origen, ni por su desarrollo, ni por su funcionamiento, existe un modelo único de Estado federal. Claro está, que, a pesar de todo, dicha categoría posee unos rasgos propios, que son los que permiten hablar de este concepto de Estado. Por tanto, podemos afirmar que esos caracteres derivan fundamentalmente de la idea de una dualidad, que impregna toda su naturaleza. Se parte así de dos ámbitos de poder: el propio del Estado global, y el de cada uno de los miembros que lo componen. En definitiva, se trata de descentralizar el poder territorialmente hablando, lo que implica igualmente que en cada uno de los tres poderes clásicos del Estado se puede ver también esa dualidad típica de todos los Estados federales. Dualidad en el Poder Ejecutivo, puesto que hay un Gobierno común para todos y el propio de cada uno de los Estados miembros. Dualidad en el Poder Legislativo, porque existe un Parlamento federal y un Parlamento en cada una de las partes que integran el Estado. Dualidad también en el Poder Judicial, donde un Tribunal Supremo es el órgano judicial máximo de la Federación, y unos Tribunales propios de cada miembro del Estado federal. De las tres dualidades, la que caracteriza con más fuerza al Estado federal es la que se refiere a la dualidad del Poder Legislativo. Ciertamente, se reconoce tanto la existencia de un Parlamento para toda la Federación, como la de cada uno de los Parlamentos de los Estados miembros. Lo cual significa que tiene que haber un reparto de competencias entre el primero y los segundos, partiendo de la idea de que las competencias cedidas no tienen por qué ser homogéneas para todos los Estados miembros, aunque siempre se evita que no sean asimétricas, ya que aquí se encuentra el meollo del funcionamiento igualitario de los Estados federales. De ahí que se exijan dos condiciones para la mejor eficacia en su actividad: que el reparto de competencias se halle claramente establecido en la Constitución federal y que los derechos fundamentales sean iguales en todo el territorio federal.

Por lo demás, los Estados miembros deben disponer de su propia Constitución, que se dan por sí mismos, sin intervención del Estado global. Sin embargo, deben redactarse sin contradecir la Constitución federal, porque es en esta en dónde únicamente se haya reconocida la soberanía nacional. De ahí se desprende, la llamada «cláusula de la supremacía federal», que consiste en que, en caso de conflicto entre una norma federal y otra de un Parlamento de un Estado miembro, debe prevalecer siempre la primera. Hay otros dos rasgos comunes en prácticamente todos los Estados federales. En primer lugar, los Estados miembros participan en el Gobierno común a través, aunque no sea la única vía, de una Segunda Cámara o Senado. Y, por otra parte, también intervienen en la reforma de la Constitución federal. Por último, tanto el Estado global como los Estados miembros poseen respectivamente una capacidad tributaria directa para recaudar impuestos y para financiar los gastos de sus competencias respectivas.

La cuestión que se plantea entonces, ante la sugerencia de Rubalcaba, consiste en aclarar si nuestro Estado de las Autonomías posee esos rasgos enunciados. Podemos afirmar que aun perteneciendo al género de los países descentralizados, el Estado actual español es parcialmente federal. Es posible ver en él la mayor parte de los rasgos señalados, pero existen otros que lo desvirtúan, que lo alejan del esquema dibujado, y que últimamente lo convierten en una caricatura de Estado federal. En primer lugar, a diferencia de los Estados federales, no se especifica en la Constitución cuáles son las partes que lo componen, reconociendo únicamente un principio dispositivo que permite a las diferentes regiones convertirse en comunidades autónomas. En segundo lugar, las competencias de cada comunidad autónoma no se regulan en una Constitución inacabada, sino en los diferentes Estatutos. En tercero, no guarda una simetría de todas las partes que lo componen, incluso es la propia Constitución la que diferencia a unas comunidades autónomas, como, por ejemplo, Navarra y el País Vasco, que gozan de privilegios fiscales. En cuarto, podemos hablar también de una asimetría sobrevenida, puesto que la existencia de partidos nacionalistas ha comportado, en las comunidades autónomas en que son mayoritarios, que hayan conseguido mayores competencias que las demás. Esta peculiaridad es la que ha llevado a la máxima asimetría que existe en nuestro Estado de las Autonomías, esto es, la causada por la aprobación del Estatuto de Cataluña, que a pesar de su rebaja, primero en las Cortes y, después, insuficientemente, en el Tribunal Constitucional, ha dado lugar a un Estado adosado al Estado español. En quinto lugar, el Senado no cumple con las funciones propias de los Estados federales, por lo que es absolutamente inoperante. Y, por último, las comunidades autónomas no han tenido pudor en incrementar cargos y entes que han hecho insoportable los gastos del Estado, en una época en que la situación económica se degrada. Así, han transformado la dualidad típica de los Estados federales en la duplicidad de órganos y funciones de un Estado derrochador.

Por consiguiente, aunque haya algún autor que sostiene que el Estado español es realmente federal, salvo en su nombre, creo que no es así, porque para que fuese un Estado federal pleno, y no parcialmente, como lo es ahora, es indispensable la reforma de la Constitución para suprimir esas anomalías y adelgazar el Estado de las Autonomías. El problema que se plantearía es si ese Estado federal clásico lo podrían admitir los nacionalistas vascos y catalanes, no siendo asimétrico, como ellos desean, lo cual es difícil sin una lealtad constitucional. La propuesta de Rubalcaba no la comparte el PP, quien absurdamente no desea ninguna reforma constitucional, mientras que los nacionalistas catalanes hablan de autodeterminación o de imitar a Puerto Rico, en una espiral de paranoia colectiva. En consecuencia, España se seguirá deslizando por un desfiladero que conduce al abismo, pues no hay futuro sin reformar lo antes posible la Constitución. En definitiva, ante la que se nos viene encima, que cada palo aguante su vela.

Jorge de Esteban es catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO

Una teoría de la clase política española Los partidos han generado burbujas compulsivamente

En este artículo propongo una teoría de la clase política española para argumentar la necesidad imperiosa y urgente de cambiar nuestro sistema electoral para adoptar un sistema mayoritario. La teoría se refiere al comportamiento de un colectivo y, por tanto, no admite interpretaciones en términos de comportamientos individuales. ¿Por qué una teoría? Por dos razones. En primer lugar porque una teoría, si es buena, permite conectar sucesos aparentemente inconexos y explicar sucesos aparentemente inexplicables. Es decir, dar sentido a cosas que antes no lo tenían. Y, en segundo lugar, porque de una buena teoría pueden extraerse predicciones útiles sobre lo que ocurrirá en el futuro. Empezando por lo primero, una buena teoría de la clase política española debería explicar, por lo menos, los siguientes puntos:

  1. ¿Cómo es posible que, tras cinco años de iniciada la crisis, ningún partido político tenga un diagnóstico coherente de lo que le está pasando a España?
  2. ¿Cómo es posible que ningún partido político tenga una estrategia o un plan a largo plazo creíble para sacar a España de la crisis? ¿Cómo es posible que la clase política española parezca genéticamente incapaz de planificar?
  3. ¿Cómo es posible que la clase política española sea incapaz de ser ejemplar? ¿Cómo es posible que nadie-salvo el Rey y por motivos propios- haya pedido disculpas?
  4. ¿Cómo es posible que la estrategia de futuro más obvia para España -la mejora de la educación, el fomento de la innovación, el desarrollo y el emprendimiento y el apoyo a la investigación- sea no ya ignorada, sino masacrada con recortes por los partidos políticos mayoritarios?

En lo que sigue, argumento que la clase política española ha desarrollado en las últimas décadas un interés particular, sostenido por un sistema de captura de rentas, que se sitúa por encima del interés general de la nación. En este sentido forma una élite extractiva, según la terminología popularizada por Acemoglu y Robinson. Los políticos españoles son los principales responsables de la burbuja inmobiliaria, del colapso de las cajas de ahorro, de la burbuja de las energías renovables y de la burbuja de las infraestructuras innecesarias. Estos procesos han llevado a España a los rescates europeos, resistidos de forma numantina por nuestra clase política porque obligan a hacer reformas que erosionan su interés particular. Una reforma legal que implantase un sistema electoral mayoritario provocaría que los cargos electos fuesen responsables ante sus votantes en vez de serlo ante la cúpula de su partido, daría un vuelco muy positivo a la democracia española y facilitaría el proceso de reforma estructural. Empezaré haciendo una breve historia de nuestra clase política. A continuación la caracterizaré como una generadora compulsiva de burbujas. En tercer lugar explicitaré una teoría de la clase política española. En cuarto lugar usaré esta teoría para predecir que nuestros políticos pueden preferir salir del euro antes que hacer las reformas necesarias para permanecer en él. Por último propondré cambiar nuestro sistema electoral proporcional por uno mayoritario, del tipo first-past-the-post, como medio de cambiar nuestra clase política.

La historia

Los políticos de la Transición tenían procedencias muy diversas: unos venían del franquismo, otros del exilio y otros estaban en la oposición ilegal del interior. No tenían ni espíritu de gremio ni un interés particular como colectivo. Muchos de ellos no se veían a sí mismos como políticos profesionales y, de hecho, muchos no lo fueron nunca. Estos políticos tomaron dos decisiones trascendentales que dieron forma a la clase política que les sucedió. La primera fue adoptar un sistema electoral proporcional corregido, con listas electorales cerradas y bloqueadas. El objetivo era consolidar el sistema de partidos políticos fortaleciendo el poder interno de sus dirigentes, algo que entonces, en el marco de una democracia incipiente y dubitativa, parecía razonable. La segunda decisión, cuyo éxito se condicionaba al de la primera, fue descentralizar fuertemente el Estado, adoptando la versión café para todos del Estado de las autonomías. Los peligros de una descentralización excesiva, que eran evidentes, se debían conjurar a partir del papel vertebrador que tendrían los grandes partidos políticos nacionales, cohesionados por el fuerte poder de sus cúpulas. El plan, por aquel entonces, parecía sensato.

Pero, tal y como le ocurrió al Dr. Frankenstein, lo que creó al monstruo no fue el plan, que no era malo, sino su implementación. Por una serie de infortunios, a la criatura de Frankenstein se le acabó implantando el cerebro equivocado. Por una serie de imponderables, a la joven democracia española se le acabó implantando una clase política profesional que rápidamente devino disfuncional y monstruosa. Matt Taibbi, en su célebre artículo de 2009 en Rolling Stone sobre Goldman Sachs “La gran máquina americana de hacer burbujas” comparaba al banco de inversión con un gran calamar vampiro abrazado a la cara de la humanidad que va creando una burbuja tras otra para succionar de ellas todo el dinero posible. Más adelante propondré un símil parecido para la actual clase política española, pero antes conviene analizar cuáles han sido los cuatro imponderables que han acabado generando a nuestro monstruo.

En primer lugar, el sistema electoral proporcional, con listas cerradas y bloqueadas, ha creado una clase política profesional muy distinta de la que protagonizó la Transición. Desde hace ya tiempo, los cachorros de las juventudes de los diversos partidos políticos acceden a las listas electorales y a otras prebendas por el exclusivo mérito de fidelidad a las cúpulas. Este sistema ha terminado por convertir a los partidos en estancias cerradas llenas de gente en las que, a pesar de lo cargado de la atmósfera, nadie se atreve a abrir las ventanas. No pasa el aire, no fluyen las ideas, y casi nadie en la habitación tiene un conocimiento personal directo de la sociedad civil o de la economía real. La política y sus aledaños se han convertido en un modus vivendi que alterna cargos oficiales con enchufes en empresas, fundaciones y organismos públicos y, también, con canonjías en empresas privadas reguladas que dependen del BOE para prosperar.

En segundo lugar, la descentralización del Estado, que comenzó a principios de los 80, fue mucho más allá de lo que era imaginable cuando se aprobó la Constitución. Como señala Enric Juliana en su reciente libro Modesta España, el Estado de las autonomías inicialmente previsto, que presumía una descentralización controlada de “arriba a abajo”, se vio rápidamente desbordado por un movimiento de “abajo a arriba” liderado por élites locales que, al grito de “¡no vamos a ser menos!”, acabó imponiendo la versión de café para todos del Estado autonómico. ¿Quiénes eran y qué querían estas élites locales? A pesar de ser muy lampedusiano, Juliana se limita a señalar a “un democratismo pequeñoburgués que surge desde abajo”. Eso es, sin duda, verdad. Pero, adicionalmente, es fácil imaginar que los beneficiarios de los sistemas clientelares y caciquiles implantados en la España de provincias desde 1833, miraban al nuevo régimen democrático con preocupación e incertidumbre, lo que les pudo llevar, en muchos casos, a apuntarse a “cambiarlo todo para que todo siga igual” y a ponerse en cabeza de la manifestación descentralizadora. Como resultante de estas fuerzas, se produjo un crecimiento vertiginoso de las Administraciones Públicas: 17 administraciones y gobiernos autonómicos, 17 parlamentos y miles -literalmente miles- de nuevas empresas y organismos públicos territoriales cuyo objetivo último en muchos casos, era generar nóminas y dietas. En ausencia de procedimientos establecidos para seleccionar plantillas, los políticos colocaron en las nuevas administraciones y organismos a deudos, familiares, nepotes y camaradas, lo que llevó a una estructura clientelar y politizada de las administraciones territoriales que era inimaginable cuando se diseñó la Constitución. A partir de una Administración hipertrofiada, la nueva clase política se había asegurado un sistema de captura de rentas -es decir un sistema que no crea riqueza nueva, sino que se apodera de la ya creada por otros- por cuyas alcantarillas circulaba la financiación de los partidos.

En tercer lugar, llegó la gran sorpresa. El poder dentro de los partidos políticos se descentralizó a un ritmo todavía más rápido que las Administraciones Públicas. La idea de que la España autonómica podía ser vertebrada por los dos grandes partidos mayoritarios saltó hecha añicos cuando los llamados barones territoriales adquirieron bases de poder de “abajo a arriba” y se convirtieron, en la mejor tradición del conde de Warwick, en los hacedores de reyes de sus respectivos partidos. En este imprevisto contexto, se aceleró la descentralización del control y la supervisión de las Cajas de Ahorro. Las comunidades autónomas se apresuraron a aprobar sus propias leyes de Cajas y, una vez asegurado su control, poblaron los consejos de administración y cargos directivos con políticos, sindicalistas, amigos y compinches. Por si esto fuera poco, las Cajas tuteladas por los gobiernos autonómicos hicieron proliferar empresas, organismos y fundaciones filiales, en muchas ocasiones sin objetivos claros aparte del de generar más dietas y más nóminas.

Y en cuarto lugar, aunque la lista podría prolongarse, la clase política española se ha dedicado a colonizar ámbitos que no son propios de la política como, por ejemplo y sin ánimo de ser exhaustivo, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, el Banco de España, la CNMV, los reguladores sectoriales de energía y telecomunicaciones, la Comisión de la Competencia… El sistema democrático y el Estado de derecho necesitan que estos organismos, que son los encargados de aplicar la Ley, sean independientes. La politización a la que han sido sometidos ha terminado con su independencia, provocando una profunda deslegitimación de estas instituciones y un severo deterioro de nuestro sistema político. Pero es que hay más. Al tiempo que invadía ámbitos ajenos, la política española abandonaba el ámbito que le es propio: el Parlamento. El Congreso de los Diputados no es solo el lugar donde se elaboran las leyes; es también la institución que debe exigir la rendición de cuentas. Esta función del Parlamento, esencial en cualquier democracia, ha desaparecido por completo de la vida política española desde hace muchos años. La quiebra de Bankia, escenificada en la pantomima grotesca de las comparecencias parlamentarias del pasado mes de julio, es sólo el último de una larga serie de casos que el Congreso de los Diputados ha decidido tratar como si fuesen catástrofes naturales, como un terremoto, por ejemplo, en el que aunque haya víctimas no hay responsables. No debería sorprender, desde esta perspectiva, que los diputados no frecuenten la Carrera de San Jerónimo: hay allí muy poco que hacer.

Las burbujas

Los cuatro procesos descritos en los párrafos anteriores han conformado un sistema político en el que las instituciones están, en el mal sentido de la palabra, excesivamente politizadas y en el que nadie acaba siendo responsable de sus actos porque nunca se exige en serio rendición de cuentas. Nadie dentro del sistema pone en cuestión los mecanismos de capturas de rentas que constituyen el interés particular de la clase política española. Este es el contexto en el que se desarrollaron no sólo la burbuja inmobiliaria y el saqueo y quiebra de la gran mayoría de las Cajas de Ahorro, sino también otras “catástrofes naturales”, otros “actos de Dios”, a cuya generación tan adictos son nuestros políticos. Porque, como el gran calamar de Taibbi, la clase política española genera burbujas de manera compulsiva. Y lo hace no tanto por ignorancia o por incompetencia como porque en todas ellas captura rentas. Hagamos, sin pretensión alguna de exhaustividad, un brevísimo repaso de las principales tropelías impunes de las últimas dos décadas: la burbuja inmobiliaria, las Cajas de Ahorro, las energías renovables y las nuevas autopistas de peaje.

La burbuja inmobiliaria española fue, en términos relativos, la mayor de las tres que estuvieron en el origen de la actual crisis global, siendo las otras dos la estadounidense y la irlandesa. No hay duda de que, como las demás, estuvo alimentada por los bajos tipos de interés y por los desequilibrios macroeconómicos a escala mundial. Pero, dicho esto, al contrario de lo que sucede en EE UU, las decisiones sobre qué se construye y dónde se construye en España se toman en el ámbito político. Aquí no se puede hablar de pecados por omisión, de olvido del principio de que los gestores públicos deben gestionar como diligentes padres de familia. No. En España la clase política ha inflado la burbuja inmobiliaria por acción directa, no por omisión ni por olvido. Los planes urbanísticos se fraguan en complejas y opacas negociaciones de las que, además de nuevas construcciones, surgen la financiación de los partidos políticos y numerosas fortunas personales, tanto entre los recalificados como entre los recalificadores. Por si el poder de los políticos –decidir el qué y el dónde- no fuese suficiente, la transmisión del control de las Cajas de Ahorro a las comunidades autónomas añadió a los dos anteriores el poder de decisión sobre el quién, es decir, el poder de decisión sobre quién tenía financiación de la Caja de turno para ponerse a construir. Esto supuso un salto cualitativo en la capacidad de captura de rentas de la clase política española, acercándola todavía más a la estrategia del calamar vampiro de Taibbi. Primero se infla la burbuja, a continuación se capturan todas las rentas posibles y, por último, a la que la burbuja pincha… ¡ahí queda eso! El panorama, cinco años después del pinchazo de la burbuja, no puede ser más desolador. La economía española no crecerá durante muchos años más. Y las Cajas de Ahorro han desaparecido, la gran mayoría por insolvencia o quiebra técnica. ¡Ahí queda eso!

Las otras dos burbujas que mencionaré son resultado de la peculiar simbiosis de nuestra clase política con el “capitalismo castizo”, es decir, con el capitalismo español que vive del favor del Boletín Oficial del Estado. En una reunión reciente, un conocido inversor extranjero lo llamó “relación incestuosa”; otro, nacional, habló de “colusión contra consumidores y contribuyentes”. Sea lo que sea, recordemos en primer lugar la burbuja de las energías renovables. España representa un 2% del PIB mundial y está pagando el 15% del total global de las primas a las energías renovables. Este dislate, presentado en su día como una apuesta por situarse en la vanguardia de la lucha contra el cambio climático, es un sinsentido que España no se puede permitir. Pero estas primas generan muchas rentas y prebendas capturadas por la clase política y, también hay que decirlo, mucho fraude y mucha corrupción a todos los niveles de la política y de la Administración. Para financiar las primas, las empresas y familias españolas pagan la electricidad más cara de Europa, lo que supone una grave merma de competitividad para nuestra economía. A pesar de esos precios exagerados, y de que la generación eléctrica tiene un exceso de capacidad de más del 30%, el sistema eléctrico español ostenta un déficit tarifario de varios miles de millones de euros al año y más de 24.000 millones de deuda acumulada que nadie sabe cómo pagar. La burbuja de las renovables ha pinchado y… ¡ahí queda eso!

La última burbuja que traeré a colación, aunque la lista es más larga (fútbol, televisiones…), es la formada por las innumerables infraestructuras innecesarias construidas en las últimas dos décadas a costes astronómicos para beneficio de constructores y perjuicio de contribuyentes. Uno de los casos más chirriantes es el de las autopistas radiales de Madrid, pero hay muchísimos más. Las radiales, que pretendían descongestionar los accesos a Madrid, se diseñaron y construyeron haciendo dejación de principios muy importantes de prudencia y buena administración. Para empezar, se hicieron unas previsiones temerarias del tráfico que dichas autopistas iban a tener. En la actualidad el tráfico no supera el 30% de lo previsto. Y no es por la crisis: en los años del boom tampoco había tráfico. A continuación ¿incomprensiblemente? el Gobierno permitió que los constructores y los concesionarios fuesen, esencialmente, los mismos. Esto es un disparate, porque al disfrazarse los constructores de concesionarios mediante unas sociedades con muy poco capital y mucha deuda, se facilitaba que pasara lo que acabó pasando: los constructores cobraron de las concesionarias por construir las autopistas y, al constatarse que no había tráfico, amenazaron con dejarlas quebrar. Los principales acreedores eran ¡oh sorpresa! las Cajas de Ahorro. Los más de 3.000 millones de deuda nadie sabe cómo pagarlos y acabarán recayendo sobre el contribuyente pero, en cualquier caso, ¡ahí queda eso!

La teoría

Termino aquí la parte descriptiva de este artículo en la que he resumido unos pocos “hechos estilizados” que considero representativos del comportamiento colectivo, no necesariamente individual, y esto es importante recordarlo, de los políticos españoles. Paso ahora a formular una teoría de la clase política española como grupo de interés.

El enunciado de la teoría es muy simple. La clase política española no sólo se ha constituido en un grupo de interés particular, como los controladores aéreos, por poner un ejemplo, sino que ha dado un paso más, consolidándose como una élite extractiva, en el sentido que dan a este término Acemoglu y Robinson en su reciente y ya célebre libro Por qué fracasan las naciones. Una élite extractiva se caracteriza por:

"Tener un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio".

"Tener el poder suficiente para impedir un sistema institucional inclusivo, es decir, un sistema que distribuya el poder político y económico de manera amplia, que respete el Estado de derecho y las reglas del mercado libre. Dicho de otro modo, tener el poder suficiente para condicionar el funcionamiento de una sociedad abierta -en el sentido de Popper- u optimista -en el sentido de Deutsch".

"Abominar la ’destrucción creativa’, que caracteriza al capitalismo más dinámico. En palabras de Schumpeter "la destrucción creativa es la revolución incesante de la estructura económica desde dentro, continuamente destruyendo lo antiguo y creando lo nuevo".  Este proceso de destrucción creativa es el rasgo esencial del capitalismo.”Una élite extractiva abomina, además, cualquier proceso innovador lo suficientemente amplio como para acabar creando nuevos núcleos de poder económico, social o político".

Con la navaja de Occam en la mano, si esta sencilla teoría tiene poder explicativo, será imbatible. ¿Qué tiene que decir sobre las cuatro preguntas que se le han planteado al principio del artículo? Veamos:

  1. La clase política española, como élite extractiva, no puede tener un diagnóstico razonable de la crisis. Han sido sus mecanismos de captura de rentas los que la han provocado y eso, claro está, no lo pueden decir. Cierto, hay una crisis económica y financiera global, pero eso no explica seis millones de parados, un sistema financiero parcialmente quebrado y un sector público que no puede hacer frente a sus compromisos de pago. La clase política española tiene que defender, como está haciendo de manera unánime, que la crisis es un acto de Dios, algo que viene de fuera, imprevisible por naturaleza y ante lo cual sólo cabe la resignación.
  2. La clase política española, como élite extractiva, no puede tener otra estrategia de salida de la crisis distinta a la de esperar que escampe la tormenta. Cualquier plan a largo plazo, para ser creíble, tiene que incluir el desmantelamiento, por lo menos en parte, de los mecanismos de captura de rentas de los que se beneficia. Y eso, por supuesto, no se plantea.
  3. ¿Pidieron perdón los controladores aéreos por sus desmanes? No, porque consideran que defendían su interés particular. ¿Alguien ha oído alguna disculpa de algún político por la situación en la que está España? No, ni la oirá, por la misma razón que los controladores. ¿Cómo es que, como medida ejemplarizante, no se ha planteado en serio la abolición del Senado, de las diputaciones, la reducción del número de ayuntamientos…? Pues porque, caídas las Cajas de Ahorro -y ante las dificultades presentes para generar nuevas burbujas- la defensa de las rentas capturadas restantes se lleva a ultranza.
  4. Tal y como establece la teoría de las élites extractivas, los partidos políticos españoles comparten un gran desprecio por la educación, una fuerte animadversión por la innovación y el emprendimiento y una hostilidad total hacia la ciencia y la investigación. De la educación sólo parece interesarles el adoctrinamiento: las estridentes peleas sobre la Educación para la Ciudadanía contrastan con el silencio espeso que envuelve las cuestiones verdaderamente relevantes como, por ejemplo, el elevadísimo fracaso escolar o los lamentables resultados en los informes PISA. La innovación y el emprendimiento languidecen en el marco de regulaciones disuasorias y fiscalidades punitivas sin que ningún partido se tome en serio la necesidad de cambiarlas. Y el gasto en investigación científica, concebido como suntuario de manera casi unánime, se ha recortado con especial saña sin que ni un solo político relevante haya protestado por un disparate que compromete más que ningún otro el futuro de los españoles.

La teoría de las élites extractivas, por lo visto hasta aquí, parece dar sentido a bastantes rasgos llamativos del comportamiento de la clase política española. Veamos qué nos dice sobre el futuro.

La predicción

La crisis ha acentuado el conflicto entre el interés particular de la clase política española y el interés general de España. Las reformas necesarias para permanecer en el euro chocan frontalmente con los mecanismos de captura de rentas que sostienen dicho interés particular. Por una parte, la estabilidad presupuestaria va a requerir una reducción estructural del gasto de las Administraciones públicas superior a los 50 millardos de euros, un 5% del PIB. Esto no puede conseguirse con más recortes coyunturales: hacen falta reformas en profundidad que, de momento, están inéditas. Se tiene que reducir drásticamente el sector público empresarial, esa zona gris entre la Administración y el sector privado, que, con sus muchos miles de empresas, organismos y fundaciones, constituye una de las principales fuentes de rentas capturadas por la clase política. Por otra parte, para volver a crecer, la economía española tiene que ganar competitividad. Para eso hacen falta muchas más reformas para abrir más sectores a la competencia, especialmente en el mencionado sector público empresarial y en sectores regulados. Esto debería hacer más difícil seguir creando burbujas en la economía española.

La infinita desgana con la que nuestra clase política está abordando el proceso reformista ilustra bien que, colectivamente al menos, barrunta las consecuencias que las reformas pueden tener sobre su interés particular. La única reforma llevada a término por iniciativa propia, la del mercado de trabajo, no afecta directamente a los mecanismos de captura de rentas. Las que sí lo hacen, exigidas por la UE como, por ejemplo, la consolidación fiscal, no se han aplicado. Deliberadamente, el Gobierno confunde reformas con recortes y subidas de impuestos y ofrece los segundos en vez de las primeras, con la esperanza de que la tempestad amaine por sí misma y, al final, no haya que cambiar nada esencial. Como eso no va a ocurrir, en algún momento la clase política española se tendrá que plantear el dilema de aplicar las reformas en serio o abandonar el euro. Y esto, creo yo, ocurrirá más pronto que tarde.

La teoría de las élites extractivas predice que el interés particular tenderá a prevalecer sobre el interés general. Yo veo probable que en los dos partidos mayoritarios españoles crezca muy deprisa el sentimiento “pro peseta”. De hecho, ya hay en ambos partidos cabezas de fila visibles de esta corriente. La confusión inducida entre recortes y reformas tiene la consecuencia perversa de que la población no percibe las ventajas a largo plazo de las reformas y sí experimenta el dolor a corto plazo de los recortes que, invariablemente, se presentan como una imposición extranjera. De este modo se crea el caldo de cultivo necesario para, cuando las circunstancias sean propicias, presentar una salida del euro como una defensa de la soberanía nacional ante la agresión exterior que impone recortes insufribles al Estado de bienestar. También, por poner un ejemplo, los controladores aéreos presentaban la defensa de su interés particular como una defensa de la seguridad del tráfico aéreo. La situación actual recuerda mucho a lo ocurrido hace casi dos siglos cuando, en 1814, Fernando VII – El Deseado- aplastó la posibilidad de modernización de España surgida de la Constitución de 1812 mientras el pueblo español le jaleaba al grito de ¡vivan las “caenas”! Por supuesto que al Deseado actual –llámese Mariano, Alfredo u otra cosa- habría que jalearle incorporando la vigente sensibilidad autonómica, utilizando gritos del tipo ¡viva Gürtel! ¡vivan los ERE de Andalucía! ¡visca el Palau de la Música Catalana! Pero, en cualquier caso, las diferencias serían más de forma que de fondo.

Una salida del euro, tanto si es por iniciativa propia como si es porque los países del norte se hartan de convivir con los del sur, sería desastrosa para España. Implicaría, como acertadamente señalaron Jesús Fernández-Villaverde, Luis Garicano y Tano Santos en EL PAÍS el pasado mes de junio, no sólo una vuelta a la España de los 50 en lo económico, sino un retorno al caciquismo y a la corrupción en lo político y en lo social que llevaría a fechas muy anteriores y que superaría con mucho a la situación actual, que ya es muy mala. El calamar vampiro, reducido a chipirón, sería cabeza de ratón en vez de cola de león, pero eso nuestra clase política lo ve como un mal menor frente a la alternativa del harakiri que suponen las reformas. Los liberales, como en 1814, serían masacrados –de hecho, en los dos partidos mayoritarios, ya se observan movimientos en esa dirección.

El peligro de que todo esto acabe ocurriendo en un plazo relativamente corto es, en mi opinión, muy significativo. ¿Se puede hacer algo por evitarlo? Lamentablemente, no mucho, aparte de seguir publicando artículos como éste. Como muestran todos los sondeos, el desprestigio de la clase política española es inmenso, pero no tiene alternativa a corto plazo. A más largo plazo, como explico a continuación, sí la tiene.

Cambiar el sistema electoral

La clase política española, como hemos visto en este artículo, es producto de varios factores entre los que destaca el sistema electoral proporcional, con listas cerradas y bloqueadas confeccionadas por las cúpulas de los partidos políticos. Este sistema da un poder inmenso a los dirigentes de los partidos y ha acabado produciendo una clase política disfuncional. No existe un sistema electoral perfecto -todos tienen ventajas e inconvenientes- pero, por todo lo expuesto hasta aquí, en España se tendría que cambiar de sistema con el objetivo de conseguir una clase política más funcional. Los sistemas mayoritarios producen cargos electos que responden ante sus electores, en vez de hacerlo de manera exclusiva ante sus dirigentes partidarios. Como consecuencia, las cúpulas de los partidos tienen menos poder que las que surgen de un sistema proporcional y la representatividad que dan de las urnas está menos mediatizada. Hasta aquí todo son ventajas. También hay inconvenientes. Un sistema proporcional acaba dando escaños a partidos minoritarios que podrían no obtener ninguno con un sistema mayoritario. Esto perjudicaría a partidos minoritarios de base estatal, pero beneficiaría a partidos minoritarios de base regional. En cualquier caso, el rasgo relevante de un sistema mayoritario es que el electorado tiene poder de decisión no solo sobre los partidos sino también sobre las personas que salen elegidas y eso, en España, es ahora una necesidad perentoria que compensa con creces los inconvenientes que el sistema pueda tener.

Un sistema mayoritario no es bálsamo de Fierabrás que cure al instante cualquier herida. Pero es muy probable que generase una clase política diferente, más adecuada a las necesidades de España. En Italia es inminente una propuesta de ley para cambiar el actual sistema proporcional por uno mayoritario corregido: dos tercios de los escaños se votarían en colegios uninominales y el tercio restante en listas cerradas en las que los escaños se distribuirían proporcionalmente a los votos obtenidos. Parece ser que el Gobierno “técnico” de Monti ha llegado a conclusiones similares a las que defiendo yo aquí: sin cambiar a una clase política disfuncional no puede abordarse un programa reformista ambicioso. Y es que, como le oí decir una vez a Carlos Solchaga, un “técnico” es un político que, además, sabe de algo. ¿Para cuándo una reforma electoral en España? ¿Habrá que esperar a que lleguen los “técnicos”?

César Molinas publicará en 2013 un libro titulado “¿Qué hacer con España?”. Este artículo corresponde a uno de sus capítulos.

EL PARQUE DE LA OCARASA, OTRA VEZ.

EL PARQUE DE LA OCARASA, OTRA VEZ.

 

Hace  justo un año escribí en estas mismas páginas una opinión sobre lo que habría que hacer a la hora de diseñar un parque y las mejoras que se tendrían que acometer en el de La Ocarasa. No tenía ninguna esperanza de que me hiciesen caso, pues gobernaba el PP y sus muchos éxitos les habían hecho sordos a todo lo que no fuesen sus propias apetencias. Por eso están donde están.

Como padre obligado a bajar al parque para vigilar a los niños sufro las consecuencias del mal diseño, donde  se aúna la falta de originalidad con el desperdicio del terreno. En la Ocarasa el uso está limitado a unas pocas horas, como en casi todos, por la falta de árboles de gran porte que den sombra. Los del sur somos arboricidas, cuando es el único medio de hacer habitables estos entornos expuestos seis meses al año a una insoportable radiación. Los chicos empiezan a bajar a las siete de la tarde, antes es imposible, y ya estamos en septiembre, en julio hasta las nueve era un desierto.

Inicialmente el propósito era que tuviese un gran espacio deportivo, completando el área infantil y de paseo, pero se recurrió a la fórmula más fácil y menos productiva, además de la más molesta para todos. Una pista de cemento de fútbol sala con dos porterías en los extremos y dos canastas en mitad de campo. ¿Quiénes juegan? Los mayores, que lanzan sus pelotazos sobre las mesas de la terraza próxima, contra los bancos donde reposan las madres con bebés y cada poco deben ir a la calle a recoger los balones con serio riesgo de atropello. Mientras, los más pequeños, miran a ver si hay un hueco. Como tiene un uso considerable se juntan en las horas punta docenas de muchachos practicando fútbol con otros que lo hacen al baloncesto y alguno que circula en bici por en medio, un caos peligroso y discriminador con los que más necesitan jugar. Nada protege a unos de otros y cientos de metros cuadrados quedan desperdiciados a ambos extremos de la pista.

Lo dije y lo repito. Si es para los niños hagamos algo que conecte con su sicología. Para un crío que desea jugar al fútbol la portería es la referencia, no precisa que el campo sea reglamentario, de hecho a la mayoría esas medidas les resultan excesivas. Es preferible equipar varias pistas menores para dar alternativa a todos, y el terreno está. Junto a algo tan sencillo no sería superfluo buscar una barrera entre la zona de juego y el resto para evitar accidentes, podría tener hasta un carácter decorativo o servir para ubicar nuevas atracciones para los chicos de edad más avanzada. Es una crueldad cotidiana tener un parque donde casi nunca puedes jugar a lo que quieres. Y termino con una observación, este tipo de instalaciones permite a nuestros hijos disfrutar cerca de su casa, del mismo modo que tener unas instalaciones imbricadas en la trama urbana, la insistencia del PP en hacer la ciudad deportiva a seis kilómetros era un atropello, en todos los sentidos de la palabra. Confío en que el tripartito tendrá en cuenta estas observaciones, son medidas de sentido común y no demasiado onerosas.

CERREMOS LAS UNIVERSIDADES QUE SOBRAN

CERREMOS LAS UNIVERSIDADES QUE SOBRAN

 

Hace unos días estuve en la graduación de mi hija en la Universidad de Murcia, entre las intervenciones, donde se mezcló la erudición con el ingenio y la ligereza, destacó la de la vicerrectora. Dentro del tono general de buenos consejos a los licenciados, espolvoreó unos datos que deberían movernos a reflexión.

Parece que hemos asimilado el mensaje apocalíptico y ventajista del FMI y de eso tan difuso que llaman los mercados, que cada vez está más claro que son una panda de gánsteres sin piedad ni vergüenza. Ese mensaje nos está obligando, "en aras del bien común", a desmontar el Estado de Bienestar, empezando por la sanidad y la educación, con datos capciosos o manifiestamente falsos: Sobran universidades y universitarios en España y todos tan contentos porque algo de verdad hay en el planteamiento, al que han contribuido las políticas de los presidentes autonómicos, siempre dispuestos a traerse a casa aunque sea una piedra, sobre todo si es cara y permite colocar a muchos asesores y edificar muchos metros cuadrados. España carece de una buena formación profesional y está repleta de licenciados y graduados en paro. Cierto.

 Pero lo que no dicen es que los países de nuestro entorno, los que deben servirnos de ejemplo, tienen una universidad por cada 100.000 habitantes y nosotros por cada 500.000. Tampoco dicen que Japón cuenta con una población con título universitario que, en muchas franjas de edad, supera el 50%; y como han salido del Tsunami y la tormenta nuclear sigue siendo un ejemplo para todos. Ni siquiera nos cuentan que entre los jóvenes parados, aquellos que no tienen formación superior, presentan unas cifras de desempleo un 60% superior a los que salieron de la universidad. No hablan de que nuestros vagos  e irresponsables jóvenes universitarios tienen muchas más posibilidades de acceder a trabajos en el extranjero o cursos  o intercambios que completen su formación o les permitan ganarse la vida dignamente a la vez que adquieren experiencias vitales en este mundo tan interrelacionado. Acceso a una Europa, que, de momento, ha renunciado a sus fronteras en favor de los ciudadanos.

Estos cabrones hacen con sus teorías falsas lo mismo que Hayeck criticaba a los comunistas, que nos vendían los supuestos beneficios del mismo y lo comparaban con los fallos reales del capitalismo, con el agravante de que los problemas del sistema, básicamente, los han creado ellos, para después pasarnos la cuenta a los perjudicados volviéndose  a llenar los bolsillos con los rescates. Y si esto es grave, no digamos lo que significan para los países pobres las especulaciones que hacen( los mismos que ignoran las medidas de Rajoy) contra los precios de los alimentos, que se traducen en hambrunas y muerte para miles de personas, con los niños por delante.

Señores, tenemos que empezar a decir que no a determinadas cosas, tenemos que confiar en nuestros jóvenes y darles la mejor de las preparaciones, algo mucho más urgente y necesario que rescatar Bankia. Tenemos que avisar a Merkel de que no estamos dispuestos a secundar todas sus políticas porque los bancos alemanes estén de deuda tóxica  hasta el gollete(comprada cuando parecía un buen negocio en todos los países que ahora demonizan). Recordarle que ya nos llevaron con sus excesos a dos guerras mundiales y no queremos que vuelva a pasar, porque la Europa unida - en entredicho en estos momentos- que hemos construido es un muro contra los desvaríos y un oasis de prosperidad, solidaridad, tolerancia y libertad irrenunciable. Tenemos que decirle a esos asesinos de ecosistemas, países y personas que se refugian en "los mercados" que apostamos por la sanidad, por la educación, por defender a los excluidos. Tenemos que gritar que queremos hijos cultos, críticos, cosmopolitas, abiertos, sensibles, generosos y firmes que no se dejen engañar por una banda de políticos al peso. Porque es la hora de la política con mayúsculas y parecen dispuestos a desmantelarlo todo para dejar un rebaño adormilado, abúlico y manipulable.

Hay demasiado conocimiento, demasiada tecnología, demasiado capital humano como para que cuatro canallas nos dejen en la indigencia. La brecha económica es cada vez mayor, quieren que la cultural también se agrande...para que no protestemos y acatemos con la moral del esclavo todas sus tiranías.

LOS ABUSOS DE ESOS PRIVILEGIADOS: LOS FUNCIONARIOS

LOS ABUSOS DE ESOS PRIVILEGIADOS: LOS FUNCIONARIOS

 

Parece del dominio común que la crisis se debe al abuso del Estado del Bienestar, aunque no se nos ha explicado quienes de verdad están bien, pero que muy bien, en este estado. Quizá los datos ilustren algo y podamos de ese modo echarle la culpa a sanitarios y maestros, los grandes chupópteros de la riqueza nacional. Así podemos constatar que, todavía, a finales de 2006, unas 1400 personas controlaban en España recursos que equivalen al 80' 5% del PIB (me imagino que enfermeras y profesores de primaria en su mayoría); que justo antes de estallar la crisis la seguridad social y las cuentas nacionales estaban en positivo a pesar de tener sanidad y enseñanza universal gratuita - bueno, gratuita no, que la pagamos entre todos con los impuestos- luego no es el déficit público el causante originario de la crisis presente ; o que la cantidad que España dedica a los salarios públicos es la menor de la UE-15, y tiene el menor promedio de gasto público por habitante de la Europa avanzada. También somos el país que menos trabajadores emplea en el sector público, sin embargo nuestra fiscalidad obtiene mucho menos de las rentas altas que nuestros homólogos de la UE-15, así la contribución al PIB de los ingresos del Estado es de sólo un 32% frente al 44% de nuestros socios. ¿La pregunta es, debemos seguir castigando  a las rentas bajas y medias, a la sanidad y educación con medidas restrictivas que exclusivamente buscan el ahorro y no la mejora cuando no han sido la causa de la crisis, ni del desempleo ni de la falta de financiación de las cuentas públicas? Porque Alemania ha tenido mayor descenso que nosotros de la productividad, pero su tasa de paro no ha subido estrepitosamente como la nuestra, sino que ha bajado. Luego no existe, como han demostrado varios economistas de prestigio una relación directa entre salarios altos y paro; Francia tiene un salario mínimo doble que el nuestro y se está financiando casi gratis. Hasta la OCDE ha tenido que admitir esto: La productividad no se consigue exclusivamente bajando salarios ni con horarios de esclavitud ( Grecia trabaja muchas más horas que Alemania) y si estos son de miseria, poca demanda habrá y los empresarios no contratarán a nadie pues a nadie podrán venderle sus productos, salvo las grandes corporaciones que lo harán en el mercado exterior. Pero la culpa es de los funcionarios y de las autonomías.

Como dice Santos Juliá, no es el estado autonómico el único culpable, pues no obliga esta modalidad a construir aeropuertos peatonales, o a depredar la costa, a contratar asesores o crear empresas públicas a tutiplén, a tener televisiones vergonzantes y carísimas, a gastar el dinero de los ERE en cocaína, a saquear las cajas de ahorro o tener una flota de coches oficiales digna de los peores sátrapas del planeta. No, esto no es culpa de maestros ni médicos, aunque están transferidos a las Comunidades Autónomas, es culpa de una ralea de políticos inútiles, cleptómanos y amorales.

Los sueldos de algunos funcionarios son altos si los comparamos con un parado, o un subempleado, pero se supone que se le dan a alguien que ha hecho méritos para lograrlo, por eso mi indignación, ahora nadie repara en la función que se realiza, o en la falta de incentivos para mejorar la productividad, y que a pesar de eso se sigan haciendo cursos de formación, carreras alternativas o actividades extraescolares sin percibir dietas o días de descanso a cambio. Cuando hablamos de esos funcionarios a los que cada viernes se les cercena un poco más su estatus estamos hablando de personas que educan a nuestros hijos, de médicos y enfermeras que hacen guardias a precio de limpiadora para asegurar su salud, de policías o bomberos que no cierran de noche o en fiestas. Sí, hay cosas que corregir, pero cargarse el Estado de Bienestar de modo práctico y teórico es un retroceso inaceptable, una involución.

Estoy convencido de que el Gobierno está haciendo lo que cree mejor, aunque sea obligado, pero deben reconocer que se presentaron con un programa radicalmente distinto, por tanto necesitamos muchas explicaciones.  Y debe entender que nos choquen esos aplausos a medidas que van a sumir a muchos en la desesperación; un poco de circunspección o de decoro y algo menos de espectáculo serían de agradecer. Decirnos que no hay elección les invalida como gobernantes, puesto que gobernar es elegir, para esto bastan unos delegados del FMI o unos expertos del BCE.  Como dice Soledad Gallego, "Mariano Rajoy acudió esta semana al Congreso para explicar que está haciendo todo lo contrario de lo que prometió porque las cosas no son como pensaba o como creía. Prácticamente, pide perdón por haberse presentado a las elecciones sin estar al tanto de lo que ocurría". Yo creo que es el momento de la política con mayúsculas y nos resultaría muy consolador que, lejos de excusas, expulsaran a los responsables de esta situación de la vida pública junto con todos los imputados por presuntos delitos contra el erario público, que curiosamente, muchas veces coinciden.

EL SÍNDICO 2012

EL SÍNDICO 2012

Inocente

La elección del Síndico Portador tiene alrededor de dos décadas, al menos tal y como lo conocemos ahora. Es un invento del ex-alcalde Cartagena que, aprovechando el 750 aniversario de la Reconquista, buscó, con el asesoramiento de expertos historiadores locales, darle un significado singular sobre el que vincular un símbolo de identidad que, como todos los símbolos patrióticos, suele rentar grandes beneficios políticos al que sabe administrarlos. Y él sabía.

Las elecciones que se sucedieron reflejaban las necesidades del ex-conseller, mostrando dónde le apretaba el zapato o cuál era el objetivo siguiente. El resto, entusiasmados, abarrotábamos la calle con fervor creciente, pues la figura creada o tuneada era muy oportuna y llenaba un hueco doloroso. No éramos murcianos ni valencianos. El síndico nos refrescaba la memoria, nos devolvía  a los años de esplendor y nos colocaba junto a la señera, que era más niña que nuestro pendón. Dejábamos de ser valencianos de segunda para serlo de primera y con pedigrí. Un acierto político de Cartagena.

Pero estas cosas tienen peligro, no olvidemos que el patriotismo (sea nacional o local) es el último recurso de los canallas, y estos pueblan la política de un modo que nunca podríamos calificar como discreto. Entre nombramientos inobjetables, como el de Alfonso Ortuño, hemos tenido unos cuantos inusitados, inconvenientes o manifiestamente desgraciados. Una distinción debe saber qué razón de ser tiene, qué ámbito y qué méritos, todo lo cual parece ignorarse muchas veces, así como el efecto benéfico que obtiene la ciudad si las elecciones son acertadas, pues prestigia el galardón, agranda su influencia, proyecta el municipio y nos enseña a todos que eso sólo se le da a quien de verdad se lo merece o puede hacer algo por nosotros. Por eso los nombramientos de Zaplana o Antonio Gutiérrez fueron pertinentes.

A la hora de elegir el criterio de oportunidad es también importante, decantarse por un político en esta coyuntura es un riesgo cierto que imagino habrán valorado las autoridades, pues puede incomodar a los que no compartan su credo o discrepen de su partido. No obstante Orihuela suele pasar por alto estas cosas y estará con el pájaro, que definitivamente ha arraigado en el corazón orcelitano.

Este año es olímpico y se cumple el vigésimo aniversario de la medalla de plata en Barcelona de Carolina Pascual, un hecho irrepetible fruto del trabajo y el talento. Es la única persona de Orihuela que ha sido vista en los cinco continentes por cientos o miles de millones de personas, que contemplaban sin aliento un ejercicio pleno de gracia, riesgo y pasión que nos paró el corazón durante unos interminables segundos en los que se condensaron años de sacrificio y renuncias. Sin menoscabo de nadie, para mí, ella era la persona que este año debería portar el Oriol; no sé porqué la hemos olvidado tan absolutamente. Enhorabuena a don Manuel, pero esta era y es mi elección, que, evidentemente no cuenta.

La marihuana sale del armario

PIEDRA DE TOQUE: Artículo de Mario Vargas LLosa.

 

FERNANDO VICENTE

Poco a poco, la batalla por la legalización de las drogas va abriéndose camino y haciendo retroceder a quienes, contra la evidencia misma de los hechos, creen que la represión de la producción y el consumo es la mejor manera de combatir el uso de estupefacientes y las cataclísmicas consecuencias que tiene el narcotráfico en la vida de las naciones.

Hay que aplaudir la valerosa decisión del gobierno de Uruguay y de su presidente, José Mújica, de proponer al Parlamento una ley legalizando el cultivo y la venta de cannabis. De ser aprobada —lo que parece seguro pues el Frente Amplio tiene mayoría en ambas cámaras y, además, hay diputados y senadores de los partidos de oposición, Blanco y Colorado, que aprueban la medida—, ésta infligirá un duro revés a las mafias que, de un tiempo a esta parte, utilizan a ese país no sólo como mercado de la droga sino como una plataforma para exportarla a Europa y Asia. Esta ley forma parte de una serie de disposiciones encaminadas a combatir la “inseguridad ciudadana”, agravada de un tiempo a esta parte en Uruguay, al igual que en toda América Latina, por la criminalidad asociada al narcotráfico.

“Alguien tiene que ser el primero”, declaró el presidente Mújica aO’Globo, de Brasil. “Alguien tiene que empezar en América del Sur. Porque estamos perdiendo la batalla contra las drogas y el crimen en el continente”. Y el ministro de Defensa de Uruguay, Eleuterio Fernández Huidobro, señaló, como razón central de este paso audaz, que “la prohibición de ciertas drogas le está generando al país más problemas que la droga misma”. No se puede decir de manera más lúcida y concisa una verdad de la que tenemos pruebas todos los días, en el mundo entero, con las noticias de los asesinatos, secuestros, torturas, atentados terroristas, guerras gansteriles, que están sembrando de cadáveres inocentes las ciudades del mundo, y el deterioro sistemático de las instituciones democráticas de los países, cada día más numerosos, donde los poderosos cárteles de la droga corrompen funcionarios, jueces, policías, periodistas y a veces deciden los resultados de las justas electorales. La prohibición de la droga sólo ha servido para convertir al narcotráfico en un poder económico y criminal vertiginoso que ha multiplicado la inseguridad y la violencia y que podría muy pronto llenar el Tercer Mundo de narcoestados.

Según las primeras informaciones, este proyecto de ley pondrá en manos del Estado uruguayo el control de la calidad, cantidad y precio de la marihuana y los compradores deberán registrarse y tener cumplidos 18 años de edad. Cada comprador podrá adquirir un máximo de 40 porros al mes y los impuestos que graven la venta se emplearán en tratamientos de rehabilitación y de prevención y en la creación de un centro de control de calidad del producto. En un comentario a la iniciativa uruguaya que leo en Time Magazine, por lo demás muy favorable a la medida, se recuerda el mal administrador que suele ser el sector público, y con buen juicio se deplora que no se deje en libertad al sector privado de llevar a cabo esta tarea, eso sí, bajo una estricta regulación.

El problema de la droga concierne a la misma supervivencia de la democracia

En ese mismo ensayo se examina lo ocurrido en Portugal, donde desde hace una decena de años se legalizó de manera parcial la marihuana sin que ello haya traído consigo el aumento del consumo de drogas más fuertes, que es lo que suelen alegar que ocurrirá los que se oponen de manera irreductible a la legalización de las llamadas drogas blandas.Time Magazine recuerda además que, según las últimas encuestas, un 50% de los ciudadanos de Estados Unidos se declaran a favor de la legalización del cannabis. Extraordinaria evolución cuando uno recuerda la tempestad de críticas, y hasta de injurias, que recibió hace algunas décadas Milton Friedman cuando defendió la legalización de las drogas y predijo el absoluto fracaso de la política de represión en las que los gobiernos de Estados Unidos han gastado ya muchos billones de dólares.

El Gobierno del Uruguay, al atreverse a legalizar la marihuana, hace suyos muchos de los argumentos y estudios que viene difundiendo la Comisión Latinoamericana de Drogas y Democracia, que encabezan los expresidentes Fernando Henrique Cardoso de Brasil, César Gaviria de Colombia y Ernesto Zedillo de México, y de la que yo mismo formo parte con otras 18 personas, de distintas profesiones y quehaceres, de la región. Recibida al principio con reticencias y preocupación, y a veces duras críticas, esta Comisión ha ido ganando audiencia y respetabilidad por la seriedad de sus trabajos, en los que han participado siempre especialistas destacados, por su espíritu dialogante y la clara vocación democrática que la inspira.

El problema de la droga ya no sólo concierne a la salud pública, al descarrío de tantos niños y jóvenes a que muchas veces conduce, y ni siquiera a los terribles índices del aumento de la criminalidad que provoca, sino a la misma supervivencia de la democracia. La política represiva no ha restringido el consumo en país alguno, pues en todos, desarrollados o subdesarrollados, ha seguido creciendo de manera paulatina, y sí ha tenido en cambio la perversa consecuencia de encarecer cada vez más los precios de las drogas. Esto ha transformado a los cárteles que controlan su producción y comercialización en verdaderos imperios económicos, armados hasta los dientes con las armas más modernas y mortíferas, con recursos que les permiten infiltrarse en todos los rodajes del Estado y una capacidad de intimidación y corrupción prácticamente ilimitada.

Lo ocurrido en México es sumamente instructivo. El presidente Calderón, consciente del enorme riesgo para el funcionamiento de las instituciones que representaba el narcotráfico, decidió combatirlo de manera frontal, incorporando al Ejército a esta lucha. Los 50.000 muertos que esta guerra lleva ya en su haber no parece haber hecho mayor mella en las actividades criminales de los mafiosos, ni haber disminuido para nada el consumo de drogas blandas o duras en la sociedad mexicana, y sí, en cambio, ha desatado una creciente desesperanza y decepción hacia el gobierno, al que se reprocha incluso, con dureza, “haber declarado una guerra que no se podía ganar”. ¡Fantástica conclusión! ¿Había, pues, que bajar los brazos, rendirse, mirar para otro lado, y dejar que los pistoleros y traficantes de la droga se fueran apoderando poco a poco de todas las instituciones de México, que pasaran a ser ellos los verdaderos gobernantes de ese país?

Evidentemente, ésa no podía ser la solución. ¿Cuál entonces? La que, con gran mérito, está emprendiendo el gobierno uruguayo. Cambiar de táctica, pues la puramente represiva no sirve y es contraproducente, ya que beneficia a la mafia, a la que enriquece y confiere más poder. En las actuales circunstancias, la primera prioridad no es poner fin a la producción y al consumo de drogas, sino acabar con la criminalidad que depende íntimamente de estas actividades. Y para ello no hay otro camino que la legalización.

La prioridad no es poner fin a la producción y al consumo, sino acabar con la criminalidad

Desde luego que legalizar las drogas implica riesgos. Deben ser tomados en cuenta y combatidos. Por ello, quienes defendemos la legalización siempre subrayamos que esta medida debe ir acompañada de un esfuerzo paralelo para informar, rehabilitar y prevenir el consumo de estupefacientes perjudiciales para la salud. Se ha hecho en el caso del tabaco y con bastante éxito, en el mundo entero. El consumo de cigarrillos ha disminuido y hoy día quedan pocos lugares donde los ciudadanos no sepan los riesgos a los que se exponen fumando. Si quieren correrlos, sabiendo muy bien lo que hacen, ¿no es su derecho hacerlo? Yo creo que sí y que no está entre las funciones del Estado impedir a un ciudadano que goza de sus facultades llenarse los pulmones de nicotina si le da su real gana.

Siempre he tenido una gran simpatía por el Uruguay, desde el año 1966, en que fui a Montevideo por primera vez y descubrí que América Latina no era sólo una tierra de gorilas y terroristas, de revolucionarios y fanáticos, de explotadores y explotados, que podía ser también tierra de tolerancia, coexistencia, democracia, cultura y libertad. Es verdad que Uruguay pasó a vivir luego la atroz experiencia de una dictadura militar. Pero la vieja tradición democrática le ha permitido recuperarse más pronto que otros países y hoy, quién lo hubiera dicho, bajo un gobierno de un Frente Amplio que parecía tan radical, y un presidente de 77 años que fue guerrillero, es otra vez un modelo de legalidad, libertad, progreso y creatividad, un ejemplo que los demás países latinoamericanos deberían seguir

© Mario Vargas Llosa, 2012.

MONSERRATE SE QUEDA CORTO

MONSERRATE SE QUEDA CORTO


No voy a entrar en la polémica aprobación presupuestaria. Me refiero a las manifestaciones del alcalde tras la fiesta de la bicicleta, donde expresaba su deseo de hacerla mensual y habilitar algunos carriles bici para la práctica. Esos sentimientos son loables en un individuo sin su poder, pero resultan raquíticos en un "verde" que gobierna. Me explico:

Actualmente se está en fase de redacción del plan general, algo en lo que usted tendrá que intervenir. Este documento diseña el municipio del futuro; la ciudad que queremos va mucho más allá del qué hay de lo mío y de si mi terrenico entra o no como urbano. Cómo concibamos el diseño urbano hará que los niños y jóvenes, que la gente, se apodere de la calle o la sienta, como ahora, un peligro. Ya le he recomendado la Ciudad de los niños, de Tonucci. El desafío que le planteo ( si quiere le dejo el libro para que aprenda y disfrute, usted es buen lector) es concebir un municipio, con Orihuela ciudad a la cabeza, donde los niños puedan ir solos al cole, donde las bicis y los peatones tengan preeminencia sobre los coches. Una ciudad a la medida del niño, de sus abuelos, de las mujeres embarazadas, una ciudad más humana y humanizante.

Existen muchas precondiciones que pueden facilitar esto, hay experiencias muy interesantes, hay realidades comprobables que  podríamos imitar. Si hace algo de esto sobran los carriles bicis o serán un elemento estructural;  puede surgir un nuevo urbanismo más respetuoso con las necesidades públicas, más sostenible, más ecológico, menos depredador y de mayor valor añadido. Piénselo, sería usted un pionero en esta zona, dejaría, junto con su equipo, una impronta realmente singular y necesaria. Sinceramente, creo que usted puede ser sensible a estas esperanzas que ayudarán a reducir la obesidad infantil, el aislamiento social de mayores y niños, la violencia callejera, el agobio de muchos padres, el vandalismo y la fealdad de tantas zonas, además de la contaminación, los ruidos y la suciedad. Confío en que me escuchará.

Como también en que tendrá en cuenta que hace 20 años Orihuela salió en todo el mundo porque una niña, hoy desconocida por la mayoría de escolares, se aupó a la segunda posición del pódium olímpico en la modalidad de pelota en gimnasia rítmica. Creo que no hemos sido justos con Carolina Pascual, que no nos hemos sentido suficientemente orgullosos de su hazaña ni se lo hemos hecho saber en caso contrario. Se merece un homenaje sincero, verdadero, perdurable y un reconocimiento institucional. Estamos en año olímpico, tenemos en ella una embajadora cuyo esfuerzo titánico aun aparece en Internet con solo pulsar un botón, quizá sería un buen momento para nombrarla síndico portador del Oriol. Nadie más internacional que ella, que asombró al mundo con su talento, su coraje y su sonrisa. Qué mejor embajador.