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miguelangelrobles

QUÉ PENA, OTRA VEZ LO MISMO

QUÉ PENA, OTRA VEZ LO MISMO


Parece que para Orihuela no pasa el tiempo. Cambian los protagonistas secundarios, pero el núcleo de mierda es el mismo y huele peor. Hace años que metieron a Fenoll para mangonear las basuras, y hoy, con el municipio peor y todos más encabronados y más viejos, seguimos lidiando con un asunto que hiede hasta en las plicas. La Murada que votaba como Fuenteovejuna, todos a una,  se ahoga en los vapores mefíticos de una tierra profanada por la codicia que la deja inútil para vos y para mí.

No es una cuestión de partidos, los que se dicen de derechas y votan sin dudas al PP en este pueblo o son cómplices o son idiotas. Si son lo primero y se benefician de ello tienen razones para seguir así; si responden a lo segundo no tienen remedio. Dudo que haya 14.766 idiotas en este municipio, luego algo debe haber ocurrido para confundir a tantos. No vale el argumento de que somos de derechas, yo también. Ni de que estamos con el partido desde AP, yo también. Esto es una disputa entre la decencia y la desvergüenza. Si apoyas a un ladrón eres su cómplice; si no denuncias a un asesino, eres su encubridor.  Orihuela hace años que ha sido secuestrada por una panda de jetas, incapaces y robaperas camuflados por unas siglas que tuvieron  sentido para muchos y que reflejaban las mejores cualidades de la derecha moderna europea.

Yo pegaba carteles y llevaba bocadillos a los que estaban en las mesas electorales con la alegría inaugural de un periodo nuevo, todos me parecían ejemplares, y en cierto modo lo era la mayoría. Cuando comparo las listas del PP actual o reciente con bastantes de los primeros miembros de la antigua AP y los primeros gobiernos del PP me invade la melancolía. Ni las motivaciones ni la preparación que les llevaron a la política tienen nada que ver con la viscosa mediocridad presente, con el discurso groseramente infantiloide, sectario y sandio que exhiben ediles que ni saben redactar ni leer lo que mal escriben.

Otra vez las basuras por en medio, otra vez concejales al coste, otra vez Orihuela en almoneda. Los representantes del despilfarro y  el abandono tentando a un inglés que será honesto, pero dudamos que pueda seguir siendo honrado cuando todo esto explote. Otra vez politicuchos jugando a maquiavelos de pueblo disputándose los restos del naufragio con cartas marcadas debajo de las mangas, con palos diferentes, por si no sale el plan A tener previsto el plan B y dispuestos a devolverle, con condiciones claro, a este partido enfermo los miles de votos excretados por el agotamiento o la nausea. En Orihuela todos sabemos que hay unos cuantos que deben irse, de los que están dentro del PP y de los que desde en frente  juegan al perro del hortelano, generando líos y denunciando agravios que nadie les infringió.

Otra vez estamos entre dos bandos, no son la derecha y la izquierda, si creemos eso es que sí hay muchos imbéciles en esta tierra. Estamos entre la rapiña de dos ex socios que entraron como instrumentos y se han convertido en protagonistas, sostenidos por la avaricia de quienes su sola presencia en las instituciones pone en duda la misma democracia y el buen juicio del pueblo soberano.

Hoy quería hablar de algunos proyectos que debería acometer este terco pueblo, pero en lugar de arrimar el hombro rebañamos la fiambrera.  No, no es la costa, ni las pedanías, ni las legítimas ansias de gobierno, si así fuera no estaría cabreado, es la puta pasta.

TRABAJAR MENOS MÁS TIEMPO

TRABAJAR MENOS MÁS TIEMPO


En tiempos de crisis las personas optimistas ven oportunidades de cambio. Los políticos parecen condenados al inmovilismo, como siempre opinan y no escuchan sus medidas son un bucle perpetuo. Si abrimos los ojos a lo que dice la ciencia y a la experiencia diaria veremos que la jornada laboral de 8 ó 10 horas en general es un desatino en estos momentos, y que la jubilación a los 65 ó 67 un perfecto despilfarro de talento,  un tobogán al pudridero de personas en perfecto estado.

Los antibióticos, la higiene, la tecnología y la ciencia han cambiado en pocos años la vida humana. La esperanza de vida se ha multiplicado por dos, si a principios del siglo XX era de poco más de cuarenta años para la mujer sueca, la más longeva, hoy supera los ochenta y se encamina a los cien. Vivimos más y mejor, las miserias de la vejez extrema se retrasan en muchos casos más allá de la octava década, muchas personas cercanas a los setenta años corren a diario, nadan, hacen senderismo, viajan, leen, van a la universidad, se enamoran y resultan atractivos física y mentalmente. Harrison Ford no es una anécdota. Antes un cincuentón era un hombre al borde de la senectud, hoy puede ser un sex- simbol, como Brad Pitt o Gerorge Clooney. Las mujeres de esa edad simplemente no contaban, ahora dirigen empresas, dan clases y los alumnos se vuelven para mirarles las piernas, juegan al pádel, llenan los gimnasios y desbordan belleza e inteligencia. La vida buena se ha alargado más de veinte años, qué hacer.

Pues lo que muchas veces hemos comentado medio en broma. Trabajar de viejos y disfrutar de jóvenes. Bueno no exactamente eso. Como apuntan los expertos, deberíamos saber que el primer objetivo no es la productividad, sino la felicidad. El pleno empleo es una falacia incompatible con el desarrollo humano, sólo las sociedades arcaicas tienen pleno empleo, un trabajo diario, duro, enfermante, de mera supervivencia. La división del trabajo, la tecnología, han multiplicado la productividad hasta límites inconcebibles, cada vez más gente puede vivir sin trabajar o trabajando menos horas, es una conquista del progreso; Henry Hazlitt, en "Economía en una lección" no señala esta evidencia, que parece de izquierdas, pero que resalta un defensor a ultranza del mercado.

Las economías modernas deben hacer un esfuerzo por conciliar la vida personal con el trabajo, porque es posible. El presentismo, echar horas sin cuento, es un error estratégico. La economía del conocimiento demanda talento, ideas, no peonadas. Las tecnologías de la comunicación permiten la realización de muchas tareas en horarios y ubicaciones no convencionales, además de  eliminar gran parte del trabajo no productivo. Y esta novedosa longevidad nos obliga a un reciclaje continuo, es más, nos impele a no buscar una profesión o un puesto de trabajo para toda la vida pues, por mucho que nos guste, es fácil que terminemos odiándolo. El aumento de divorcios tiene mucho que ver con la perspectiva de que podemos reiniciar nuestra vida varias veces, por qué en lo profesional no.

Como apunta Punset, debemos reconsiderar la vida laboral. Quizá no se trate tanto de cuándo jubilarse, que debería ser casi una opción personal, cuanto de redistribuir de modo diferente. En lugar de trabajar miles de horas en plena crianza, tendríamos que reducir los horarios para conciliar la vida familiar, para educar a los hijos, para vivir con ellos sus primeros y fundamentales años, lo que eliminaría muchos problemas en sus educación personal y sentimental. Cada cierto tiempo habríamos de tener la oportunidad de un reciclaje, al margen de la formación continua. Una especie de año sabático cada 10 de vida laboral - se podría cotizar un fondo-, en el que viajar, estudiar, vivir.

Del mismo modo que hemos eliminado horas para vivir al principio, podemos sumarlas al final trabajando para la comunidad o desarrollando nuestro oficio en lugar de ir al limbo de la jubilación en plenas facultades mentales y físicas. No se trata de trabajar menos, sino de trabajar distinto, de distribuir el total de manera diferente. Hemos de tener en cuenta que al aumento de la capacidad productiva tenemos que sumar la creciente incorporación de la mujer al mercado laboral, lo que casi duplica el número de personas dispuestas a trabajar fuera de casa, dos sueldos algo menores hacen uno muy bueno. Pero que no se nos escape, el envejecimiento de la sociedad va a crear muchos puestos de trabajo en el área de la salud, servicios y el ocio, que son áreas que consumen mucha mano de obra.

Señores del gobierno, si tengo que ir a clase el día 24 de diciembre iré, si en julio tengo que estar en el instituto estaré, ya lo he hecho este año, pero ese no es el camino. La modernidad no es tener enjaulados más horas a los chicos para calmar a los padres que llegan tarde a casa; aunque los profes seamos un blanco fácil, ustedes saben que se equivocan. Otra sociedad es posible, incluso deseable.

 

RECORTES ILEGÍTIMOS; SOLO TRISTEZA

RECORTES ILEGÍTIMOS; SOLO TRISTEZA


Últimamente estamos recibiendo correos y mensajes donde se explica el saqueo de España, que en la Comunidad de Valencia tiene un punto caliente; aquí hasta el dinero que debería ir a Haiti se queda en manos de ladronzuelos de guante blanco y corazón negro. Parece que este tráfico de datos está poniendo nervioso a más de un partido y algún sindicato de esos que tienen "liberados" cobrando auténticos pastizales en cajas y demás cholletes.

De las barbaridades recibidas comento alguna y todas del PP, no por nada, sino porque son los que mandan y los que han llegado a hacerlo prometiendo gestionar eficiente y honradamente nuestros magros dineros. Veamos si son de fiar. En el AVE Madrid - Lérida, la adjudicataria fue una UTE compuesta por una empresa española y otra del grupo de Berlusconi, un intermediario se llevó 48 millones de euros, la información de tan sustancioso pellizco afirma que se llama Alejandro Agag, ¿es esto cierto Si nos desplazamos a Valencia, la otra rama de la Gurtel, que nada tiene que ver con lo anterior, es sólo (¿sólo?) una casualidad geográfica, podemos hacer una aproximación del monto del derroche, la mala gestión y el choriceo que ronda los 10.000 millones de euros, en casos como la fórmula 1, la American Cup, aeropuerto de Castellón, Emarsa o la deuda de Canal -9. Pero claro, donde hay que recortar es en sanidad o educación, que los funcionarios son unos chupópteros, unos vagos improductivos y, además, un montón.

¿Somos muchos funcionarios? pues parece que no. Los mismos canales nos informan de que en España tenemos 6´5 empleados públicos por cada 100 habitantes, mientras que en la Unión Europea la media es de 15. Si falta dinero no es culpa de los maestros o los enfermeros, es porque lo han despilfarrado o se lo han quedado. Tampoco es cierto que el empleo público sea un seguro de vida, la temporalidad, con datos del año 2009, estaba sobre el 25%, por encima del sector privado. ¿Entonces? Pues sobran los miles de enchufados de las empresas públicas creadas para colocar amiguetes y enmascarar el déficit.

Las comunidades autónomas aumentaron la deuda en plena crisis en más de un 40%, casi todas ellas gobernadas por el PP, según revelaba Mario Conde en una tertulia de gentes muy de derechas delante de un impávido y estólido Valcárcel, el aun presidente murciano. Mientras gastaban sin pudor echaban la culpa al gobierno de Zapatero. La responsabilidad de las autonomías en el desvío del déficit es dramática e incontestable: supone el 60% del desfase registrado (V.Foch) .

La corrupción y los recortes han conseguido que España en términos de riqueza retroceda diez años, pero en términos sociales nos están llevando a tiempos de la dictadura. ¿Y para qué? Para reducir el déficit como pide Merkel. Sin embargo,  apunta Paul Krugman, estas medidas no sirven para estimular el empleo, la verdadera madre del cordero, y los datos en Europa son tozudos, cumpliendo lo que los economistas estudiaron en la gran recesión del 29. No hemos aprendido nada. USA, con Obama, a pesar de los republicanos que limitan la magnitud necesaria de las decisiones, ha tomado el camino contrario -tímidamente- y están saliendo; nosotros nos felicitamos por la valentía de los ajustes y entramos en una segunda recesión. Estas medidas, solo producen dolor sin nada a cambio, no son el camino, por ello les propongo algunas cosas convenientes según este premio Nobel: "  todo lo que el Gobierno federal necesita hacer para dar a la economía un buen empujón es proporcionar ayuda a los Gobiernos de menor nivel, permitiendo que vuelvan a contratar a los centenares de miles de profesores que han despedido y reanuden los proyectos de construcción y mantenimiento que han cancelado”. Tradúzcanlo a nuestro país y vean cuán equivocados estamos.

Señores, se han cargado el modelo, hoy todos miramos con recelo a las autonomías, nos están arruinando el presente y pretenden hundir el futuro de esos jóvenes que tanto molestan a la delegada del gobierno, corresponsable del atraco a las arcas públicas y hoy martillo de herejes. Que me bajen el sueldo mientras veo a Fabra erigirse una estatua o a Blasco de portavoz sin inmutarse por el robo de los fondos de cooperación o a Ripoll al frente del puerto de Alicante, qué quieren que les diga, me toca la gaita. Apoyaré a Rajoy y a nuestro president si limpian, si no...al carajo. Hace mucho que no reconozco a este partido, repleto de arribistas y trepadores.

EL PUTO AMO

EL PUTO AMO

MANUEL ALARCÓN El pasado miércoles, en una tertulia en Onda Cero Orihuela, creo que lo vi claro por vez primera. Frente a mí estaba el alcalde, Monserrate Guillén, y, en un momento dado, dijo: "Tengo una solución, pero no voy a contarla". Obviamente se refería a cómo resolver el conflicto planteado dentro del seno de un equipo de gobierno roto en el que uno no sabe en qué dirección van. Y digo que lo tuve claro porque miré al alcalde a los ojos y en ese momento vi que comenzaban a cambiar a un fondo verde. "Como los de Mónica Lorente -pensé-. ¡Ya está!, cada vez se parece más a ella". 
Sé que al regidor no le gustará la comparación, pero creo estar en lo cierto. En alguna de las cosas que más criticaba de la líder del PP ha comenzado a caer y una de ellas es en la mentira, aunque sea piadosa. Y decir que hay una solución es mentir. Guillén no tiene solución porque si la tuviera ya la habría puesto en marcha, algo que en cualquier caso no puede hacer porque vive secuestrado como su socia de gobierno, Antonia Moreno (PSOE). 
Ambos han caído en una tela de araña tejida desde hace meses por Pedro Mancebo de la que no saben cómo salir. El liberal es el único culpable de crear conflictos y solucionarlos. De romper pactos y resolverlos y de tener justificación y explicación para todo porque es el único que mira al futuro (a su futuro) más allá de lo que pase mañana. Tiene un poderoso asesor, José Alcántara, que le da vueltas a todos estos y que le dice lo que hay que hacer y él lo cumple. Lo que pase en este equipo de gobierno, en mi opinión, a Mancebo le importa bien poco. El pasado jueves le pregunté que si prefería un mal acuerdo a un buen juicio -una frase que ejemplariza a los buenos abogados y que, sin duda, él habrá oído decir a compañeros de profesión decenas de veces- y me dijo que no, que eso era de gitanos. Él está jugándose un órdago y a lo grande: Ser alcalde de Orihuela.
¿Por qué a Mancebo le da lo mismo lo que pase al equipo de gobierno del que forma parte? Porque él y su partido, CLr, sólo tenían claro una cosa cuando comenzó esta legislatura: Mónica Lorente no podía volver a ser alcaldesa de Orihuela y en esta premisa básica coincidía en parte con PSOE y Los Verdes, dos partidos que iban algo más allá porque a lo que aspiraban era a que no gobernara nadie del Partido Popular. Y digo que Moreno y Guillén viven secuestrados porque saben que no pueden escapar de esta situación de locura en la cual les ha instalado Mancebo porque, de marcharse, no podrían mirar a los ojos a esos miles de oriolanos que les votaron para que sacaran a la derecha de la Alcaldía. En definitiva, por no estar en manos de Lorente, lo están de Mancebo. 

Por si no se han dado cuenta, y aunque muchos en Orihuela lo piensen, Lorente y el PP no son la misma cosa. De hecho, los liberales nacieron de una excisión del Partido Popular. Se fueron por luchas internas con los que dirigían, en primer plano o en las sombras, la lista que ha barrido en esta ciudad en los últimos 25 años. El objetivo de Mancebo siempre ha estado claro porque lo ha dicho él sin tapujos: cargarse a Lorente y, entonces, ¿será él y su partido el salvador del PP gracias a una gran coalición de la derecha oriolana? ¿Sería él entonces el mejor situado para ser alcalde?
Mancebo sabe que aún no ha logrado su objetivo y que la empresa no es fácil. Ahora, por ejemplo, está pendiente de cómo salga Lorente del Congreso Regional del PP y de otros muchos movimientos dentro de la derecha valenciana, alicantina y, especialmente, de esa oriolana que sigue ambicionando destrozar a Lorente y que le da al liberal palmaditas todos los días. Él es sabedor de que todo lo que haga hasta que esto suceda va a ir en su beneficio y, consecuentemente, en contra del equipo de gobierno. Tanto para lo bueno como para lo malo y por absurdo que pueda parecer: Si arregla una crisis que él mismo ha abierto, porque será el pacificador y, con ello, seguirá ganándose a todos los sectores del Partido Popular que reniegan de Lorente; si opta por romperlo, porque exterioriza aún más que él es la otra derecha, la buena, la que "controla" a la izquierda del pueblo -Los Verdes y el PSOE- a golpe de timón o de bandazos, según sus necesidades.

El día que Mancebo echó de su grupo a Bob Houliston, con la justificación de que negociaba con el PP, ese día fue el último que tuvieron Guillén y Moreno para darse cuenta de lo que les venía encima y cortar por lo sano, pero no supieron verlo. Ese ha sido su gran error en estos meses, estar empecinados en las batallitas con Mancebo mientras éste ajusticiaba a la única persona que había apostado, con su voto, por ellos: Bob Houliston y, no lo olvidemos nunca, en contra de Mancebo que los había dejado hasta sin sueldo. 
El 11 de junio cuando Moreno y Guillén sacaron al PP de la Alcaldía. Ese día podían haberse marchado con la cabeza muy alta, pero pensaron que vendrían más días de gloria, que Orihuela se podía gestionar de otro modo y se equivocaron. Todo lo que ha venido después o lo que vendrá en los próximos meses estará mediatizado por la estrategia de Mancebo, su secuestrador. ¿Pueden hacer algo? 
Guillén ha logrado en estos ocho meses más de lo que nunca hubiera pensado: que un verderol se sentara en el Ayuntamiento más de derechas de la Comunitat. A él le tengo que achacar buena parte de las culpas porque tenía la vara de mando y no la ha utilizado como debiera haber hecho un alcalde. Ahora debe de estar poniendo día sí y día también en la balanza si el precio que la izquierda oriolana está pagando por el descrédito que sufre a manos de Mancebo le compensa. Él, que se sabe amortizado, pensará que sí, que levantar alfombras, sacar tufos y chanchullos del PP y reprochárselo en los plenos es motivo más que suficiente para quemarse como se está quemando. Con ello están tan divertidos en el "tripartito" que hay quien dentro del equipo de gobierno ya ha propuesto que se celebren plenos semanales en vez de mensuales por lo que disfrutan.
El problema a mi modo de ver es el que tiene Antonia Moreno, quien cada día se levanta pensando que esa Alcaldía, por méritos, tendría que haber sido suya. Y no le falta razón, pero es algo que sabe que nunca ocurrirá y lo que se estará planteando es si el desgaste que su formación está sufriendo a manos de Mancebo -de la derecha de Orihuela en definitiva- va a alterar el futuro discurso electoral de su partido que, o cambian mucho las cosas, o no gobernará Orihuela en años porque depende de pactos y políticos bisagra. Antonia lleva meses queriendo dimitir porque es consciente de todo. Sus jóvenes concejales -Zapata, Zaplana, Gracia,...- no lo entienden así y, como buena profesora que es, probablemente no se va para que no se los coman crudos. Ellos han terminado por creerse que con los ediles de CLr, que no con Mancebo, hay un buen rollo y coordinación. Y en parte, no les falta razón. Entre los liberales hay buenas personas y mejores gestores, pero no son los que mandan y no me gustaría pensar que estos están siendo también utilizados. Si me preguntan qué pasará mañana o los próximos días, sólo les puedo contestar una cosa: "Pregúntenle a Mancebo, porque él es el puto amo del Ayuntamiento".

DOLOR SIN NADA A CAMBIO, PAUL KRUGMAN.

DOLOR SIN NADA A CAMBIO, PAUL KRUGMAN.

La semana pasada, la Comisión Europea confirmó lo que todo el mundo sospechaba: las economías que examina se están contrayendo, no creciendo. Todavía no es una recesión oficial, pero la única duda es lo profunda que será la depresión.

Y esta depresión está afectando a países que nunca llegaron a recuperarse de la última recesión. A pesar de todos los problemas de Estados Unidos, su producto interior bruto ha superado por fin su máximo anterior a la crisis; el de Europa no lo ha hecho. Y el grado de dolor que algunas naciones están experimentando es similar al de la Gran Depresión: Grecia e Irlanda han sufrido caídas de dos dígitos en la producción, España registra un paro del 23%, y la depresión de Reino Unido ya dura más tiempo que la que vivió en la década de los treinta del siglo pasado.

Y lo que es peor, los líderes —y unos cuantos actores influyentes— europeos siguen casados con la doctrina económica responsable de este desastre.

Porque las cosas no tenían por qué estar así de mal. Grecia habría tenido serios problemas independientemente de las decisiones políticas que se tomaran, y lo mismo es cierto, en menor grado, en el caso de otros países de la periferia de Europa. Pero los problemas han empeorado mucho más de lo necesario por la forma en que los líderes europeos, y más en general la élite política, sustituyeron los análisis por los sermones, y las lecciones de la historia, por las quimeras.

Más concretamente, a principios de 2010, la economía de la austeridad —la insistencia en que los Gobiernos debían recortar el gasto a pesar del desempleo elevado— hizo furor en las capitales europeas. La doctrina afirmaba que los efectos negativos directos que los recortes del gasto tendrían para el desempleo se verían contrarrestados por los cambios en la confianza, que las reducciones salvajes del gasto llevarían a un aumento repentino del gasto de los consumidores y de las empresas, mientras que los países que no efectuaran los recortes verían huidas de capital y unos tipos de interés por las nubes. Si esto les parece algo que Herbert Hoover podría haber dicho, están en lo cierto: lo parece y lo dijo.

Ahora ya tenemos los resultados, y son exactamente lo que tres generaciones de análisis económicos y todas las lecciones de la historia nos deberían haber dicho que pasaría. El hada de la confianza no ha hecho acto de presencia: ninguno de los países que están recortando el gasto ha visto el desarrollo del sector privado que habían pronosticado. En vez de eso, los efectos depresivos de la austeridad fiscal se han visto reforzados por la caída del gasto privado.

Es más, los mercados de bonos siguen negándose a cooperar. Hasta los pupilos aventajados de la austeridad, países que, como Portugal e Irlanda, han hecho todo lo que se les ha exigido, siguen enfrentándose a unos costes de financiación por las nubes. ¿Por qué? Porque las reducciones del gasto han deprimido profundamente sus economías, debilitando sus bases imponibles hasta tal punto que la relación deuda-PIB, el indicador habitual de progreso fiscal, está empeorando en lugar de mejorar.

Mientras tanto, los países que no se subieron al tren de la austeridad —Japón y Estados Unidos en particular— siguen teniendo unos costes de financiación muy bajos, desafiando los nefastos pronósticos de los halcones fiscales.

Claro que no todo ha salido mal. A finales del año pasado, los costes de financiación españoles e italianos se dispararon, amenazando con una catástrofe financiera general. Ahora esos costes han descendido, entre suspiros de alivio generales. Pero esta buena noticia era de hecho un triunfo de la antiausteridad: Mario Draghi, el nuevo presidente del Banco Central Europeo, hizo caso omiso de los aprensivos de la inflación y urdió una gran expansión del crédito, que es justo lo que hacía falta.

Entonces, ¿qué será necesario para convencer de su error a lacamarilla del dolor, la gente que a ambos lados del Atlántico insiste en que podemos volver a la prosperidad a base de recortes?

Al fin y al cabo, los sospechosos de siempre se apresuraron a declarar muerta para siempre la idea del estímulo fiscal después de que los esfuerzos del presidente Obama no tuvieran como resultado una rápida caída del desempleo, a pesar de que muchos economistas advirtieron de antemano que el estímulo era demasiado pequeño. Pero, que yo sepa, la austeridad sigue considerándose responsable y necesaria a pesar de su estrepitoso fracaso en la práctica.

La cuestión es que verdaderamente podríamos hacer mucho para ayudar a nuestras economías si sencillamente diéramos marcha atrás a la destructiva austeridad de los dos últimos años. Esto es cierto incluso en Estados Unidos, que ha evitado la austeridad a gran escala en el plano federal, pero que ha visto grandes recortes en el gasto y el empleo en los niveles estatal y local. ¿Recuerdan todo el alboroto sobre si había suficientes proyectos listos para arrancar para hacer viables los estímulos a gran escala? Bueno, olvídenlo: todo lo que el Gobierno federal necesita hacer para dar a la economía un buen empujón es proporcionar ayuda a los Gobiernos de menor nivel, permitiendo que esos Gobiernos vuelvan a contratar a los centenares de miles de profesores que han despedido y reanuden los proyectos de construcción y mantenimiento que han cancelado.

Verán: entiendo por qué la gente influyente es reacia a reconocer que las ideas políticas que creían que reflejaban una profunda sabiduría son en la práctica un completo y destructivo disparate. Pero es hora de dejar atrás las creencias imaginarias sobre las virtudes de la austeridad en una economía deprimida.

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel 2008

¡CON LA QUE ESTÁ CAYENDO,PARECE PENSAR!

LA RESPUESTA DE LOS PROFESORES

LA RESPUESTA DE LOS PROFESORES


Los maestros y profesores formamos un colectivo bastante desprestigiado por el imaginario público. La gente, cuando opina desenfadadamente, nos acusa de vagos, de tener muchas vacaciones, de abusar de una plaza en propiedad con poca dedicación y mucho absentismo y, en fin, de no saber educar a sus hijos. Algunas de estas acusaciones son extensibles a los funcionarios en general. No negaré que algo de razón tienen, es el riesgo moral que lastra servicios o posiciones dotados de una cierta seguridad. Pero esa no es la cuestión, sujeta, por otra parte, a muchas precisiones. La cuestión es que las autoridades están recortando parte del déficit generado por su incompetencia o su conducta delictiva en las carnes del sistema educativo y del sanitario. ¿Debemos acatar sus medidas sin más como necesaria solidaridad con el resto del país?

Lo primero que se me ocurre es que si el problema no ha sido generado por nosotros (sanidad y educación), no parece razonable que las medidas se ceben en estos apartados. Sanidad universal y enseñanza obligatoria, gratuita y de calidad parecían conquistas deseables e irrenunciables, existía un consenso sobre ello y se consideraba uno de los objetivos que medían la salud de una sociedad democrática avanzada, justa y equitativa. Ahora, inducido por el desastre provocado por las burbujas financiera e inmobiliaria, con el beneplácito de la casta política, se empieza a aceptar que quizá no sea así. O sea, estamos retrocediendo como sociedad y perdiendo la perspectiva del modelo social que consagra nuestra constitución.

En segundo lugar entiendo que, antes de acometer recortes, hemos de identificar las causas que provocaron los enormes déficits que han dado lugar a la deuda que nos asfixia. Es en esos apartados donde primero habremos de usar las tijeras. Entre los culpables están las ensoñaciones faraónicas de uno dirigentes megalómanos (aeropuertos de Castellón o Murcia, Terra Mítica, desfases de la Ciudad de las Artes, Fórmula uno ...); las sociedades infestadas de paniaguados, familiares y correveidiles y los fastos continuos, las dietas disparatadas, los coches oficiales para todo el mundo, los viajes con destinos absurdos que camuflan el mero turismo a costa del contribuyente, las comilonas a base de gamba roja y jamón de jabugo, los regalos con fondos de libre disposición, las pensiones vitalicias, los sueldos autoimpuestos desorbitadamente altos... Apartado especial merecen los dineros para imponer lenguas o las televisiones autonómicas y locales con sus enormes desfases que se suman al sectarismo más paleto. No me olvido del cesarismo que ha invadido a nuestros presidentes autonómicos, abriendo pseudoembajadas en clara contradicción con la distribución de competencias de nuestras leyes, ni las subvenciones a partidos, sindicatos o proyectos ridículos que generan el caldo de cultivo de la corrupción, por donde se han vertido miles de millones de euros y que fundamentalmente se gesta en ayuntamientos y comunidades autónomas. Un gobierno de cleptómanos e imbéciles, en muchos casos abiertamente criminal. Esos son los culpables y esos los primeros gastos a eliminar.

En tercer lugar, entiendo que el gobierno, empezando por Rajoy y la fiel oposición y ,desde ahí, hasta el último mono con algo de poder, debe dar ejemplo para tener la mínima autoridad moral necesaria para pilotar los sacrificios que nos piden después de habernos llevado ellos a la ruina. Los partidos  deben expulsar a todos los cargos con causas pendientes , bajo sospecha de corrupción o que hayan llevado a la ruina las administraciones que dirigían, como han hecho con Camps aprovechando la sentencia( mucho te quiero, qué malos son, pero de volver nanay, si tan ejemplar era, ¿ por qué no lo restituyen ahora que la justicia ha dictaminado su no culpabilidad?, por eso, por ser un nefasto gestor y ser, no inocente) y hacerlo con publicidad, explicando las razones para pedagogía general, pues como sociedad tenemos mucho que aprender; deben pedir la dimisión de los que hayan contribuido a esta situación por su mala gestión, Basagoiti apuntó en este sentido, y sólo después de esto publicar leyes y códigos de buen gobierno. Además deben eliminar todos los privilegios inherentes a su puesto que no sean indispensables, como las pensiones vitalicias con siete años de servicio parlamentario, asemejando su trabajo al del resto y estableciendo desde arriba qué sueldos y quiénes pueden cobrar en función de sus responsabilidades, sean alcaldes o presidentes autonómicos, nada de barra libre, porque barra tienen bastante.

Y ahora entramos nosotros, ¿qué hacer? Mi deseo es que las medidas no perjudiquen a los jóvenes, que no supongan pérdida de horas lectivas, sino que nos esforcemos por desenmascarar a tanto sinvergüenza, que los señalemos con el dedo a todas horas usando los múltiples medios que nos da la tecnología, que ser político o asesor se convierta en profesión de riesgo, de riesgo de que te señalen como un vulgar trapisondista, un cretino o un ladrón.

¿Sacrificios mientras Fabra se erige un monumento con el dinero que falta para quitar barracones y se pone un sueldo despelotado por dirigir un aeropuerto innecesario? Váyanse a la mierda.

 

MÁS ALLÁ DE CLEPTOPÍA

MÁS ALLÁ DE CLEPTOPÍA

Dinero boca

El periodista Matt Taibbi ha escrito un demoledor libro de muy agradable lectura si no fuese porque te pone de mala leche lo que cuenta, se titula Cleptopía. Nos narra, documentada y entretenidamente, cómo la política y las finanzas han convertido la economía en un gran casino y explica con datos incontestables los motivos por los que las rentas más altas no paran de crecer y las demás no dejan de bajar. Explica que las tropelías cometidas en nombre del mercado, pero hechas contra este y pervirtiendo el mismo, no solo merman el bienestar general de modo inaceptable, sino que  también llevan el hambre a millones de personas sin causas atribuibles al normal ajuste de precios. Los que ahora nos exigen sacrificios son los que por activa o por pasiva nos han llevado al desastre, a cambio ellos siguen en sus puestos de privilegio, se aumentan las primas, aunque su entidad haya sido intervenida, o se financian los I-pad con los restos de nuestro dinero una vez enjugados los enormes desfalcos cometidos con nuestros ahorros.

La economía, mundial y local, está dirigida por inútiles (en su mayoría políticos) y sinvergüenzas, cuando no ladrones sin más (financieros e inversores de toda laya),  o por una mezcla explosiva de ambos. Ellos han entretejido este enorme desastre, nos han hecho pagar la factura de su insolvencia o su trinque y ahora nos piden ajustes y sacrificios para llevar a cabo medidas que pueden, como las sangrías medievales, debilitarnos más.

El cáustico reportero desmenuza las encadenadas burbujas, bursátil, punto com, financiera, inmobiliaria o de materias primas. En todas los mismos agentes, con la complicidad de los políticos - tácita o explícita- juegan con el bienestar y nos dan el timo del tocomocho en inmensas pirámides Ponzi, un fraude que sigue vendiendo bien. Apelan al mercado, pero desde una posición de ventaja: la información privilegiada y el amaño de las normas, que ellos llaman desregulación. ¡Claro que les molestan los controles! con ellos no podrían hacer las enormes tropelías que hacen.

Este fenómeno, que no es mundial, pero que afecta a casi todos, ha llevado a España al desastre presente. Y qué proponen al enfermo de desnutrición, pues ayuno, recortes y más ejercicio (horas de trabajo a menor precio) para los que aun se tengan de pie, o sea, que todavía tengan trabajo.

Paul Krugman y los datos llevan dándole la razón a Keynes mucho tiempo en esta crisis que no cesa, como el rayo hernandiano, pero no nos rendimos ni ante la evidencia. El problema no es el déficit, ni en España la deuda pública - salvo alguna comunidad-, el verdadero problema es el paro, la falta de empleo que aumenta las necesidades y reduce las cotizaciones. También el crédito, que los bancos niegan después de habernos entrampado deliberadamente con toda clase de trucos por los que se llevaban enormes comisiones. Y la gestión absurdamente faraónica de una clase política desmesurada e imbécil. Claro, y la corrupción, que afecta desde la Corona hasta los municipios más recónditos. Esa corrupción que hemos tolerado, alentado incluso, o participado de ella mientras estábamos en la subida de la montaña rusa, esa corrupción que no penalizamos en las urnas y que nos hace cómplices, esa corrupción que nos resta capacidad moral para criticar a nuestros representantes. Nosotros también somos culpables, claro que sí.

¡Es el empleo estúpido! se precisan inversiones en infraestructura básica, una reestructuración valiente del Estado y una auténtica reforma laboral que recoja los cambios vitales que hemos, afortunadamente, tenido: la vida útil es ahora casi 20 años más larga, el estado de salud es mejor y la formación mayor; además las condiciones de trabajo se han hecho más confortables. Los científicos nos animan a pensar un futuro inmediato con jornadas laborales más cortas, que permitan un trabajo verdaderamente productivo, conciliando vida personal y familiar, condiciones flexibles y con jubilaciones, salvo trabajos extenuantes físicamente, postergadas casi a voluntad. Dejar a un hombre de sesenta en la cuneta es un drama, un despilfarro y una crueldad.

Las medidas del PP demuestran poca imaginación, un seguir en la misma línea y muestran a un partido que no ha asimilado la nueva sociedad. La economía no pude seguir el rumbo de aumentar la productividad ilimitadamente, hay que apostar por la calidad de vida y negarse a perder aquellas conquistas que nos hacen más humanos, más justos y socialmente mejores. Si dejamos que la crisis nos arrebate lo mejor de cientos de años de aprendizaje político habremos apostado, de nuevo, por un sálvese quien pueda incompatible con el progreso al que todos aspiramos. No les hagamos caso, no previeron las crisis, no han sabido solucionarla y son los principales culpables. Si alguien debe rectificar son ellos que han destrozado el modelo.

HOMENAJE AL BARÇA

HOMENAJE AL BARÇA


Soy madridista de toda la vida. Los reyes me trajeron mi primer equipo de fútbol con seis años. Era del Barça, precioso, pensaron que esos colores llenarían mi ánimo mejor que el de su eterno rival,  que más bien parecía como ir a jugar en ropa interior. Pero no, sólo nos lo poníamos para disputar los partidos de monaguillos que organizaba don Emilio, por imperativo legal, como unos abertzales del balón. Un año después, sus majestades me trajeron el traje de García Remón, no se resignaban a verme corretear por el pueblo como si me hubiese escapado a medio vestir, pero fue suficiente para colmar mi alegría y bien de mañana posé con mis amigos para una foto inolvidable, con mi primo Manuel, mi compadre Enrique y Tarsi, que debajo de la camiseta llevaba corbata, por algo era un año mayor.

Pirri, Del Bosque, Velazquez, Amancio, Juanito y toda la quinta del Bruite llenaron de ilusión mi vida. Zidane y Raul la colmaron. Pero he de ser sincero, ningún equipo llegó a jugar tan bien tantas veces como este Barça, capaz de ganar una final usando diez canteranos. Quizá me guste tanto este Guardiola Team porque soy "gutista" por un lado y fiero defensor del esfuerzo por otro. Amo el entrenamiento, pero disfruto con el talento, y estos tipos, estos neutrinos que dice Paco González, están sobrados de arte y ahítos de trabajo sin florituras ni aspavientos.

Siento envidia de ellos y sólo me consuela que el mamón de mi hijo es culé, pero este contratiempo ha restado sabor a los clásicos, si ganamos, cosa improbable, no disfruto como antes viendo la cara de desolación de Miguel y, si perdemos, lo habitual, la mala follá se multiplica cuando enfocan al tonto de Mou. Este irritante cantamañanas cobra un pastón por hacer que los jugadores más dotados penen -perdón- en el banquillo o huyan del balón como de la peste. Eso, claro, cuando juegas contra un rival menor te sirve para meter dos o tres chicharros y decir memeces como el "triángulo de presión ofensiva", cuando el único que ofende es él con sus gilipoyeces. A la hora de la verdad, una copa del Rey, que habrá pagado el yerno, del Rey, claro, no el del mister, y varias goleadas sin paliativos contra esos locos bajitos que se dedican a jugar bien en lugar de echarle la culpa a todos de la propia estupidez. Seamos sinceros, lo poco que ha jugado el Madrí a lo grande estos dos años ha sido cuando no ha podido alinear a los que Mou quería o cuando le han enseñado las uñas algunos pesos pesados del vestuario, el resto racanería, aburrimiento y palabrería. Soy tan del Madrí, que mi homenaje al Barça me lleva a Chamartín una y otra vez.

Son los dos mejores equipos del mundo en estos momentos, uno dirigido por un señor y el otro por un cantamañanas. Uno borda el fútbol y cuida a los chicos de la cantera, el otro lo destroza y humilla a los talentos por venir en decisiones -Mendes- que llevan el signo del Euro más que el sello de un entrenador. Uno saca lo mejor de cada uno en favor del equipo y el otro pone lo más rancio para mayor gloria de sí mismo. Uno se rodea de genios y el otro nos agria el nuestro dejando sentados a los mejores. Xavi se la puede echar a Iniesta o Cesc, Alonso sólo ve a Kedira o Lass; Granero, Kaka o cualquiera con criterio está de espectador y si lo saca, como a Ozil lo quema haciendo kilómetros en misión imposible. Uno bebe el elixir del triunfo y el otro nos empacha de Coentrao con hielo a precio de Vega Sicilia.

No dudo que pronto cambiará el Madrí y espero que el Barça actual dure mucho para poder ganarles a lo grande, jugando al fútbol. Un macarra no debe dirigir a mi equipo y, si viese alguna bandera española en los triunfos culés, quizá mi admiración fuese mayor. Es la principal pega de un club enorme, su servidumbre al nacionalismo, esa enfermedad infantil que aqueja a algunos mayores. Por cierto, qué bien sin el bobo de Laporta, ¿no?