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miguelangelrobles

¿AÑORANDO A LUIS FERNANDO CARTAGENA?

¿AÑORANDO A LUIS FERNANDO CARTAGENA?

No es que vaya a abdicar de mis críticas al que fue alcalde de esta ciudad, pero una informal charla con algunos destacados miembros del PP me ha recordado otra apresurada conversación con un reputado socialista que vino a decirme que, al menos, el ex-conseller tenía un plan o un objetivo: colocar a Orihuela en el mapa. Efectivamente, su deriva posterior no puede ocultar que los equipos que  dirigió eran netamente superiores a los que luce el Partido Popular desde hace años, su liderazgo incomparable con los que le sucedieron; sin embargo, las tropelías de estos sí han estado a la altura de su inconcebible trayectoria.

Luís Fernando, aunque solo fuese por buscar su proyección personal, hizo de este municipio lugar obligado para cualquier preboste que deseara escalar en el escalafón. Todos recordamos cómo rejuveneció la figura del Síndico, si bien los nombramientos parecían un reguero de pistas para los jueces; cómo trajo a la ciudad el debate sobre los polos de desarrollo para ubicarnos favorablemente entre las emergentes capitales del sur y Elche, además de los planes para recuperar la historia universitaria de la mano del desaprovechado Pedreño; un alcalde capaz de negarle la entrada a todo un ministro. Que luego todo eso se malbaratara, en parte por su culpa, no resta valor al concepto estratégico de la política que presidía su figura y que le dotaba de un carisma especial. Desde su marcha a Valencia, ya tocado por la corrupción y por tanto vulnerable, ninguno de sus sustitutos ha tenido idea alguna memorable, ningún proyecto ilusionante, ningún plan para este pueblo. De haberla tenido es posible que su suerte hubiese sido otra, pero la inoperancia de los polichinelas que dejó le sirvieron en bandeja a Zaplana su cabeza, no sin que él se hubiese hecho acreedor a tal suerte, pero en un tiempo en que esas cosas podían soslayarse. Quizá querer tener todo bajo control fue su peor decisión.

Tenía  razón este izquierdoso, nadie ha presentado después de Luís una hoja de ruta capaz de situar a Oleza en el mapa. Lo más próximo era Antonia Moreno, pero la aritmética electoral y los coletazos de la degradación política que hoy se afanan en desentrañar las fuerzas de seguridad y los tribunales hizo imposible comprobarlo. Digo esto porque parece que el PP local sigue ciego. Cuatrocientas personas en San Bartolomé son muchas para cómo está el patio. Uno tiene perfecto derecho a ser de este partido, faltaría más, pero de eso a acudir a un acto donde la mayoría son sospechosos de actos inaceptables para un cargo público va un mundo. No sé qué mensaje intentan trasladar, pero estas cosas son las que legitiman cada día el éxodo a PODEMOS de cada vez más gente. El partido debe regenerarse del todo, eliminar a los sospechosos y buscar personas valiosas. Será difícil pues un líder no sale de la noche a la mañana y formarlo lleva un tiempo. Madrid sigue dando señales de no haber entendido nada, pero las agrupaciones fuertes tienen bastante más autonomía de la que se les reconoce estatutariamente.

Esta reflexión es válida  a nivel general, Orihuela es hoy un páramo, un lugar mortecino, un encono sin salida. No hemos mejorado casi en nada, en cierto modo porque desde la oposición sigue gobernando o no dejando gobernar un grupo  de supervivientes sin valor, ni proyecto ni ética alguna, que ven favorecida su labor de destrucción por la crisis económica. Los vecinos debemos ser conscientes de que nos están engañando, que esa legitimidad que reclaman para descabalgar al bipartito no es otra cosa que un intento póstumo de rebañar los últimos restos. Aquí es más tóxica la oposición que el gobierno, que como mucho es incompetente, aunque por nadie que pase un papelón como el que están aguantando.

No sé si las siguientes elecciones nos darán un gobierno válido, de momento seguimos descendiendo, marchitándonos como sociedad, buscando con frenesí la cola del furgón, que parece nuestro sitio. Un histórico de las inversiones de la Generalitat dejaría al descubierto en qué poco nos tienen, ganado a pulso, por supuesto, que nadie regala nada. Y sí, tenía razón Georges Bernard Shaw:"La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos". Había muchos demócratas en San Bartolomé convencidos de que Orihuela debe permanecer en el lamentable estado en que se encuentra. Confío en que abran los ojos y salgan del sopor, por el bien de todos.

EDUCAMPUS, NAVIDAD 2014. FUTBOL DE FORMACIÓN Y PERFECCIONAMIENTO

EDUCAMPUS, NAVIDAD 2014. FUTBOL DE FORMACIÓN Y PERFECCIONAMIENTO

Como viene siendo habitual en los periodos vacacionales, EDUCAMPUS, realiza una actividad deportiva dirigida al fútbol de formación y perfeccionamiento.
El campus de este año está abierto a las categorías de pre-benjamín, benjamín, alevín e infantil, tanto para niños como niñas.
Los profesores entrenadores son todos personas muy cualificadas y con larga experiencia docente y deportiva. Las sesiones de  trabajo son de casi 4 horas y habitualmente se intercalan visitas de deportistas destacados de Orihuela y comarca. Este año hemos tenido con nosotros a Ezequiel, que milita en las filas del Málaga y que con 15 años apunta muy alto. También a José Luís Giera, joven jugador de fútbol para ciegos y uno de los máximos anotadores de la selección nacional, además del único que vive de este deporte en la provincia de alicante, que vino acompañado de Migue A. Canales, presidente del Sporting Orihuela C. F.
Cuarenta niños desde las 10 de la mañana hasta casi las 14 horas se ejercitan con una excusa: el balón.
Este viernes la presencia de Giera generó un gran interés y los niños le bombardearon a preguntas y luego intentaron todos lanzar un penalti con los ojos vendados e, incluso, le retaron en un uno contra uno que... ganó nuestro campeón, si contamos como medio gol el tiro al larguero.
Educampus cierra este campus el sábado 27 y como siempre esperamos contar con la presencia de los colaboradores habituales: el Excmo. Ayuntamiento de Orihuela, el Elche Club de Fútbol y Romario. Sortearemos regalos y cada niño se irá con un CD donde se recoge un resumen de su actividad durante esta semana de intensa actividad deportiva.

Miguel Ángel Robles Martínez.

PODEMOS VOTAR A UPyD

PODEMOS VOTAR A UPyD

Las últimas semanas se han convertido para los españoles en un calvario, si el prestigio de la clase política estaba por los suelos ahora está black, los infinitos casos de corrupción  que surgen como hongos o las ramificaciones que se van descubriendo nos afianzan en la idea de que la casta estaba podrida hasta el tuétano y  que las prácticas delictivas eran la norma. No es posible defender que la mayoría de los gobernantes son honrados porque resulta materialmente inabarcable el recuento de bribones que con sus trapacerías han vaciado las arcas públicas en su obsceno provecho. Nuestra democracia precisa de una urgente catarsis y una regeneración radical. Este mensaje quien mejor lo ha sabido llevar al ciudadano es el movimiento PODEMOS. Hemos de darles las gracias pues han conseguido frenar la desafección por la política y hacer que una gran parte de los ciudadanos siga confiando en ella como el único instrumento pacífico de resolución de los problemas sociales. Si España cree en la democracia como forma de gobierno todavía, en parte es gracias a estos tipos que, paradójicamente, proponen modelos antipolíticos (Ecuador o Venezuela) y estrategias que son inviables en las grandes cifras de la democracia moderna, válidas únicamente  para colectivos reducidos (círculos y asambleas); de hecho, su éxito les está poniendo en evidencia.

Antes que PODEMOS estuvo UPyD, pero nació como partido tradicional y aunque su mensaje era regenerador, amparado en personas de enorme valía intelectual y profesional, encontró un clima menos propicio puesto que la situación económica nos hacía aun impermeables a los avisos fundados sobre la deriva delictiva de unos partidos que habían hecho del Estado su cortijo. En cierto modo como sociedad éramos cómplices y sólo la ruina y la desigualdad (¿envidia?) nos ha despertado el sentido ético y cívico. Sin embargo  UPyD ocupa un espacio ideológico necesario, como CIUDADANOS, que ha sido abandonado por el PP y el PSOE, poco fiables en sus proclamas depuradoras. Tanto uno como otro abogan por limpiar la política, por recuperar el sentido nacional, por limitar la locura expansiva de las autonomías, por separar los poderes del Estado, por reformar la ley electoral y por rescatar la responsabilidad del ejercicio público. El problema es que su tamaño los hace sospechosos de no servir para nada y en lugar de aprovechar el optimismo que las últimas europeas han generado para unir fuerzas y ser más grandes que las suma de las partes han decidido tirarse los trastos, al menos el partido "magenta".

Resulta tortuoso fundar un partido y son muchos los oportunistas que se suman, los amateur que lo lastran y demasiados los escaldados de otros grupos que buscan su acomodo como forma de perpetuación sin haber cambiado sus hábitos depredadores de élites extractivas. La corrupción nos cuesta más de 10.000 millones de € al año, además de las disfunciones que origina. Que un partido relativamente nuevo con escasa implantación fuera de Madrid cuide su afiliación es comprensible, pero que asesine a una de sus figuras más capaces, elegida democráticamente tanto dentro de la organización como fuera, se parece bastante al modelo que deseamos erradicar de tiralevitas, pasamanos y correlindes sin relieve. Rosa Díez puede ser su peor enemigo si sigue manteniendo un liderazgo de botafumeiro. Si no rectifica, las esperanzas de ser una alternativa de quienes desean un cambio pero no una ruptura, como sería el triunfo de PODEMOS, se verán marchitas y dirigirán sus votos a lo de siempre sin que estos hayan escarmentado suficientemente, dejando a España en una posición bastante desairada.

Rosa Díez y quienes la han apoyado en su defenestración a Sosa Wagner por alentar un pacto con Ciudadanos, han dado un golpe casi mortal a la organización. Ahora todos desconfiamos de sus propuestas, de sus objetivos, de sus modos. Quizá esté a tiempo de arreglarlo, pero si no rectifica y ambos compiten por separado su fin es obtener menos que la suma de las partes. La gente no quiere desperdiciar su voto. Ya dije en un anterior artículo que seguramente Rosa Díez pasará, si actúa correctamente, como esa gran política que supo acabar con un bipartidismo podrido sin llegar ella a la meta en primera posición, como esos gregarios de lujo que nunca ganan un "tour" pero que figuran entre los más grandes. Resulta creíble que anticipe que un pacto le puede costar el liderazgo y eso la haga conducirse con esa ferocidad ofuscada, ella sabrá si quiere pasar a la historia política de este país o al anonimato culpable de los mediocres. Tan admirable señora no debe engañarse, controla la organización tanto como se aleja del objetivo. Rectifique.

LA INEXORABLE DESTRUCCIÓN DEL PATRIMONIO ORIOLANO Y DE SU FUTURO COMO CIUDAD

LA INEXORABLE DESTRUCCIÓN DEL PATRIMONIO ORIOLANO Y DE  SU FUTURO COMO CIUDAD

Vergüenza

El domingo 28 venía de pasear por la cruz de la Muela con mi mujer y el perro que nos ha encomendado mi hija mayor. Satisfecho del esfuerzo y confortado con unas cañas en Casa Corro sin embargo mi último tramo por el palmeral, la calle del colegio y demás zonas "hernandianas" me dejó un sabor amargo. Era difícil describir el paisaje donde el abandono más las malas obras "de mejora" han dibujado un entorno que no sabría describir si como decadente, ruinoso o de gueto marginal. En cualquier caso disuasorio para turistas y locales, sucio, fétido e inquietante.

Mi disgusto se hizo ira ante las consecuencias de la reforma del espacio anejo a Santo Domingo promovida por el tristemente recordado Medina. No entro, otra vez, en lo inadecuado de los materiales utilizados que chocan con el color natural de la piedra del monumento, ni con la pérdida de altura que la elevación del pavimento ha producido y que resta armonía al conjunto, no; sigo insistiendo en que intentemos al menos evitar que se destruyan las filigranas de sus portadas, incluso los sillares de los lienzos de levante por la acción mecánica de los balones de fútbol de la chiquillería. Y lo digo yo, que disfruto viendo a los jóvenes hacer de cada rincón un espacio para la práctica del deporte. ¿A nadie le duele que docenas de críos cada día durante horas lancen el balón contra el edificio destruyendo columnas, ornamentación y desgastando hasta los fuertes muros? Hace muchos años le propuse al alcalde culpable de este despropósito estético y funcional que buscase alguna fórmula para dificultar la práctica delictiva del fútbol contra Santo Domingo y, a día de hoy, ni él ni sus sucesores han hecho nada por paliar un daño que pronto será irreparable.

Digámoslo claro, Orihuela es a día de hoy una ciudad moribunda, desastrada, mal concebida, degradada hasta extremos inaceptables. Estamos perdiendo las últimas oportunidades de recuperar su valor y hacer de ella un lugar económicamente viable, socialmente acogedor y estéticamente admirable. Para ello debemos cambiar el paradigma urbanístico que ha dirigido ¿el desarrollo? estos últimos decenios. Debemos potenciar el vivir en el centro, reconstruir con criterios estrictos toda la falda y el corredor de la sierra; optimizar la zona antigua, ahora vieja, peatonalizando espacios, fomentar la habitabilidad y el precio de la vivienda de la ciudad histórica, limitando las expansiones insensatas que despueblan el centro. Necesitamos un plan ambicioso, consensuado, realista, participativo y urgente de regeneración urbana, que haga de nuestro pueblo un foco de atracción y no un punto de fuga como es ahora.

Lamentablemente eso exige que los responsables políticos tengan la altura que se espera de ellos, el liderazgo y la fortaleza necesaria para explicar muchas decisiones difíciles, para negociar con cada barrio, para implicar a gobierno y oposición, para ilusionar en una empresa común a todos los oriolanos, para pelear con proyectos viables en cada administración las ayudas pertinentes y para arrinconar los gastos superfluos en pos de un objetivo que está a punto de perderse en el horizonte de la desidia, la apatía y la mediocridad.

Mientras sigamos sumidos en el guirigay actual, con concejales a la greña, con ediles imputados, con cargos públicos de medio pelo calentando la silla sin ninguna iniciativa valiosa esto seguirá siendo la crónica de una muerte anunciada. No sabemos qué ciudad queremos y parece que nos importa un bledo. Los partidos no pueden presentar a cualquiera, los retos exigen personas del mayor valía y con dotes políticas. Poner un nombre que suene bien puede valer para ganar unas elecciones, al menos al PP, pero no basta para recuperar una ciudad en respiración asistida.

 

ALBERTO "SERPICO" FABRA

Este clásico del cine policíaco muestra una realidad que nos cuesta admitir: quien se sale del grupo, por muy honesta que sea su causa, por beneméritas que sean sus razones, se convierte en un apestado. Hasta la lucha por las causas justas tienen su momento y quienes actúan de pioneros suelen encontrarse con la incomprensión o el rechazo generalizado. Esto pasa también en el mundo del arte, la literatura, la ciencia o las ideas. Las hogueras se alimentaron con los cuerpos de los hombres y mujeres más valiosos.

En la política española la norma era, lo estamos viendo, saquear las arcas del Estado de todas las maneras posibles y hoy los periódicos parecen crónicas de la guerra contra la mafia infiltrada en todos los ámbitos del poder. Exigir, como hacía el Molt Honorable capo Jorge Pujol, la mordida por cada negocio con la administración autonómica; financiar al partido y enriquecerse personalmente con los sobrecostes de los contratos como hicieron cientos de cargos públicos de todos los niveles, especialmente del PP y del PSOE; o colocar a familiares, amigos y amantes en puestos de libre designación o en empresas públicas para que se forraran y facilitaran la deriva que llevó al despilfarro de miles de millones de euros, al derrumbe de las cajas de ahorros o al colapso del sistema de protección social, era la ocupación principal según desvelan las investigaciones. Hacer estas cosas y otras muchas es de delincuentes y nadie debería confiar sus dineros, la administración de sus impuestos ni su seguridad personal a tipos que habrían de estar en la cárcel por el bien de todos.

Serpico cuenta las peripecias de un policía en Nueva York, horado y comprometido, que choca frontalmente con las prácticas corruptas institucionalizadas. Renuncia a cobrar su parte en los chantajes y es repudiado, amenazado de muerte, falsamente acusado. Su rectitud, le pasa factura en la vida personal, es una mosca cojonera que a nadie gusta. Su pecado, intentar ser un guardia decente. En España con la política, todos los Serpico que han intentado hacer algo han sido acusados de tránsfugas, traidores, antipatriotas o, peor aún, se les ha buscado con microscopio cualquier conducta confusa para desacreditarles. Como al ejemplar agente, si un día explotan y denuncian se les señala diciendo que por qué lo hacen ahora y no antes, que sus intereses son espurios. Y comienza un periplo de elecciones vitales complicadas, una de ellas será la de seguir en política o abandonar y que todo quede en nada. Si continuas corres el riesgo de ser incoherente y te recordarán que ibas en listas cerradas, que el programa llevaba propuestas que ahora puede que votes en contra, que sólo sabes sacar trapos sucios o judicializar la vida pública cuando ellos, los buenos, se limitan a trabajar por el bien de su comunidad. Además muchos de tus supuestos amigos, incluso de tus familiares, te mostrarán su disgusto o directamente se apartarán de ti; por si fuera poco, el concurrir con otras siglas será la prueba definitiva de tu falta de honradez. Has muerto políticamente y durante un tiempo también socialmente, mientras, la casta sigue. Nuestro héroe renunció a la placa de oro que farisaicamente le concedieron y se fue a vivir a Suiza. No se puede salir del grupo hasta que el momento sea propicio

La justicia es un ejemplo de cómo la presión social no resulta indiferente, ahora actúa con una contundencia desconocida. Parece que la crisis ha dejado claro a muchos que las prácticas corruptas generalizadas son un disolvente del sistema que acaba por destruirlo y que se pagan en forma de recortes, pérdidas de derechos, mayor pobreza, precariedad e inseguridad. Hoy denunciar tiene su público, aunque no es ni tan mayoritario ni tan fiel como pensamos, más bien coyuntural, consecuencia del resentimiento; pesa más la visión de su tren de vida comparado con nuestra desgracia que el digno rechazo de conductas reprobables en si mismas. Hasta los medios de comunicación tienen que medir sus noticias u opiniones, pues los lectores que se regocijan cuando se desnuda al contrario abandonan las páginas o los micrófonos afines cuando eso va dirigido contra los suyos, mostrando la profunda incoherencia de nuestras convicciones.

Aunque no tiene ni su temple, ni su coraje, veo al presidente Alberto Fabra en una situación similar a Serpico, rodeado de respetables delincuentes de guante blanco. Y veo que el PP no se ha dado cuenta del daño que se está haciendo y del daño que hace al sistema político que dice defender, su connivencia con las numerosas manzanas podridas puede dejar a nuestro país sin una fuerza de centro derecha honorable, fiable y predecible. Están alimentando la anti - política, la derrota del Estado y carecen de la mínima credibilidad. Igual les sale bien, pero no creo que la ganancia merezca la pena. Nadie cabal les reprocharía que iniciasen una refundación, pero no parece que los dirigentes actuales vayan a hacer nada; que luego no se lamenten si triunfan esas fuerzas que llaman populistas.

EL PP CARECE DE LEGITIMIDAD

EL PP CARECE DE LEGITIMIDAD

 

El caso de Amparo Pomares, la asesora de cultura del ayuntamiento de Orihuela está poniendo en entredicho toda la estrategia del PP. Aunque no me corresponde a mí su defensa, quiero hacer constar que no es comparable en absoluto a los casos gravísimos de corrupción que asuelan las filas populares. El partido de la afectada explica que desconocía la incompatibilidad, lo que no la exime, pero que tal circunstancia no fue avisada por los servicios técnicos municipales, lo que sí, de ser cierto, la exculpa, pues carece del asesoramiento efectivo cuando fue solicitado, lo que la dejaba indefensa y debía ser considerado como eximente o atenuante. No obstante lo más pintoresco del caso es que las descalificaciones provengan de una bancada que tiene al 40% de sus miembros y "miembras" imputados por asuntos gravísimos, algunos concejales doblemente. Y que encabece las hordas purificadoras alguien que es familia directa de un acusado de haber recibido obras por parte del ayuntamiento sin seguir procedimiento alguno y reguladas después de su inauguración. La desgracia de este PP es que no puede hablar de nada negativo contra el equipo de gobierno sin que le salgan fantasmas por todos lados, como el recuerdo de aquella magnífica asesora que cobraba sin venir a trabajar, entre otras razones porque vivía a más de mil kilómetros. Por ello el tono apocalíptico suena tan falso, tan impostado, que carece de cualquier efectividad. Es y lo parece pura basura electoralista. Ruido carente de legitimidad.

 En estas un periódico nacional titula: "Orihuela, la Sicilia valenciana", destacando que solo en este pío municipio se acumulan más de 40 casos de corrupción. Y Joaquín Giménez, jurista de probado prestigio, presidente del tribunal que condenó a Garzón y  ponente del voto en contra a la absolución de Camps, lo que le hace incómodo tanto para el PSOE como para los populares, insiste en la necesidad de que los imputados cesen en sus cargos. No digamos los condenados. En este escenario el descrédito de la política y de lo político es tan profundo que la presencia de los concejales imputados resulta inadmisible. El partido es culpable de omisión y su intención de evitar con ello cismas o la creación de partidos alternativos liderados por los apartados no tiene garantía alguna de lograrse. De hecho el partido perdió las elecciones aquí por los votos que el propio PP esparció en una operación estúpida y caciquil dirigida a socavar a CLr y , posiblemente, a los socialistas. El PRO era un satélite de los populares que les salió rana.

En Orihuela parece que fuerzas como UPyD no tienen posibilidades de actuar como alternativa y el futuro de CLr se antoja incierto, además de innecesario, después de visto lo visto, lo que deja al PP como única opción del centro derecha; pero la falta de liderazgo, la situación judicial de sus principales protagonistas, el descrédito generalizado, exigen, al menos en nuestro municipio, una catarsis sin complejos y una regeneración total que devuelva algo de la credibilidad y el prestigio que alguna vez tuvo. Puede que ello pase por una gestora presidida por militantes de indiscutible ejecutoria con edad suficiente como para no suponer amenaza de usar el cargo para su propio beneficio; una gestora que dirija un proceso de renovación en el que se revisen y normalicen las fichas de militantes y que organice unas elecciones internas sin intromisiones de otras fuerzas y sin imputados en las listas. El partido popular debe despojarse de sus cargos señalados por la justicia hasta que se resuelva su situación y renovarse bajo supuestos muy diferentes de los presentes. Lo demás es seguir apostando porque nuestro nombre se asocie a la mafia, por muy figurado que sea su sentido.

 

PRIVATIZAR LA SANIDAD: ¿NECESIDAD O NEGOCIO?

PRIVATIZAR LA SANIDAD: ¿NECESIDAD O NEGOCIO?


Estamos viviendo el desmantelamiento de la sanidad española sobre la base de datos falsos por personas que usan la ideología como ariete contra una de las pocas cosas de las que podemos sentirnos orgullosos. En realidad parece que sólo buscan un nuevo nicho donde hacerse más ricos tras la explosión de la burbuja inmobiliaria y financiera.

Que nuestro sistema sanitario esté entre los mejores del mundo, que sea mucho más módico que el basado en seguros privados cuyo ejemplo cimero es EEUU (uno de los más prohibitivos y discriminatorios), que sea más justo y equitativo, que reduzca la brecha, cada vez mayor, entre ricos y pobres en cuestión tan esencial, no cuenta en las cuentas de estos pájaros que terminan anidando en las empresas que ellos benefician (Lamela, Güemes). Racionalizar la sanidad pública no justifica su desmantelamiento. No lo dicen, pero no les salen los números. La gestión privada no puede satisfacer los estándares actuales y dar beneficios; es puro marketing, te ponen una habitación para ti solo, pero te escatiman en pruebas diagnósticas o tratamientos. Efectivamente el mercado es la forma más eficiente de reparto de bienes, pero no todos los bienes son de mercado, por ello algunos debe ofrecerlos el Estado o intervenir en su producción, como pasa con la educación, la justicia o la seguridad.

Los partidarios de la privatización inciden en los costes de nuestro sistema cuando es uno de los más asequibles de Europa, plenamente competitivo comparado con nuestro entorno, de cuántas cosas podemos decir lo mismo.

Como defienden los colectivos sanitarios, no es una cuestión entre sanidad privada o pública, sino entre una sanidad con o sin ánimo de lucro. Quieren que  sea mejor y menos ruinosa (con respecto a qué) gracias a los incentivos del mercado. ¿Qué mercado?, muy sencillo: nuestros impuestos. Un mercado cautivo donde el cliente no puede elegir, en donde al ciudadano le guindan la pasta, quiera o no quiera, por anticipado, y cuyos emprendedores, lejos de luchar entre sí en una competencia perfecta (como la que tienen los panaderos de su ciudad), se limitan a un grupo reducidísimo de empresas, muy próximas casi todas a cargos públicos implicados  en este cambalache y demasiado cercanas a unas siglas como para que resulte casual. Forman, y así lo denuncian estos colectivos, un oligopolio, es decir, un grupo decidido a quedarse con casi todo sin hacerse la competencia. Sus amigos políticos preparan el pastel y ellos se lo reparten. Nosotros pagamos y los obedientes cargos públicos, sorprendentemente, terminan en esas empresas con sueldos bastante mejores que los abnegados médicos, enfermeras y sanitarios que sufrirán sus recortes y medidas optimizadoras destinadas, no a la salud, sino a aumentar el lucro particular.

Son los propios médicos los que nos remiten al New England, posiblemente la más prestigiosa revista del ramo. Un informe de esta publicación destaca que no existe ningún caso donde analizados a pares resulte más barata la sanidad privatizada. ¿Entonces?

La realidad es más tozuda aun. En 2004 un estudio dado a conocer por la Canadian Medical Association Journal demuestra que los hospitales privados con ánimo de lucro son más caros que los hospitales privados sin ánimo de lucro, ¡ojo!, he dicho privados en ambos casos. De los modelos privados, buscan el más gravoso.

Y este invento que ha empezado en Madrid recordemos que tiene su origen en Valencia, el modelo Alzira, basado en que una empresa o grupo de ellas construyan y gestionen un hospital; luego, la Comunidad, mediante contrato, paga un tanto per cápita por la población atendida. Curiosamente este engendro salió deficitario y hubo de rescatarse con fondos públicos para volver a dejar la concesión en manos privadas, y parece ser que con cláusulas salvaguardia que garantizaban el beneficio. ¡Toma libre mercado!

 

 Pues bien, este "novedoso" formato tiene varios inconvenientes. El primero, que es más oneroso que el actual, y lo es porque debe incluir los beneficios de los accionistas y porque sus gerentes no cobran precisamente menos que nuestros acreditados profesionales públicos. El segundo, su enorme complejidad, denunciada por la OMS, que afirma que los fallos y costes lo hacen incluso prohibitivo. El último, que nuestras autoridades están depauperando gran parte del sistema vigente para justificar su asalto a la sanidad.

Madrid es de lo mejor en sanidad pública, absorbe gastos extra por la excelencia médica que lleva a muchos pacientes de otras comunidades a usar sus servicios y, a pesar de eso, pretenden usarla como conejillo de indias a fin de extender el sistema al resto. La marea blanca está demostrando una fortaleza enorme y está luchando por unos derechos que nos conciernen a todos, deben sentir nuestro apoyo y reconocimiento. No vamos a consentir que nos destruyan una conquista tan valiosa y necesaria. Los siguientes podemos ser nosotros.

Termino con un editorial de The Economist, poco afín a las tesis izquierdistas, a propósito de los descubrimientos genéticos y los seguros médicos, relativo a los mercados imperfectos en los que la información es asimétrica: “Efectivamente, las pruebas genéticas pueden convertirse en el argumento más potente para una asistencia sanitaria universal de financiación estatal”. Ni la realidad, ni el mercado ni el futuro previsible les avala. Son ganas de hacer caja con nuestras miserias.

 

 

Los años de los delirios de grandeza, Jorge de Esteban, en El MUNDO

El éxito deslumbrante de la Transición, la aparición de una sociedad civil dinámica; el mito de la cultura innovadora con la llamada "movida"; nuestra entrada en la OTAN primero y, después, en la CEE; la recuperación democrática de nuestra tradición de la Hispanidad; el milagro económico que hizo de la economía española durante algún tiempo una excepción en el continente; y, por último, el aparente éxito del Estado de las Autonomías, que parecía iba a embridar las clásicas tendencias centrífugas de nuestras regiones con mayor identidad, provocó sin duda el asombro internacional que reconocía la fuerza innovadora del nuevo modelo español. Comenzaba así la recuperación de nuestro puesto en el orden internacional, pero, al mismo tiempo, se iniciaban también, los llamados, como veremos enseguida, "años del delirio".

 

Sin embargo, este fulgurante éxito, no hacía sino ocultar, como un biombo chino, lo que había realmente detrás de las bambalinas. Efectivamente, el desarrollo económico, basado casi exclusivamente en el boom inmobiliario, que fue facilitado por los bajos tipos de interés; la pérdida de nuestra competitividad, como consecuencia de una subida de los salarios; la debilidad, en contra de lo que decían nuestros gobiernos, de nuestro sistema financiero, estrechamente vinculado al entusiasmo inmobiliario; el gasto creciente y desenfrenado de las Comunidades Autónomas, ocultado gracias al bajo endeudamiento del Estado central, eran claros signos de que, en gran parte, nuestro bienestar económico se había construido sobre unos cimientos arenosos. Algunas de nuestras mejores cabezas se dieron cuenta de lo que se nos venía encima, pero no lo dijeron, o no se les hizo caso, porque España había entrado en una fase, patrocinada por el poder, de abundancia, en la que todo era de color de rosa.

Sea lo que sea, acaba de aparecer ahora el testimonio de uno de nuestros mejores novelistas, en forma de un libro de difícil catalogación. Me refiero a la magnífica obra de Antonio Muñoz Molina, Todo lo que era sólido, título misterioso tomado de una frase marxiana. El autor intenta descifrar las claves para averiguar el misterio de nuestra actual postración, tras los años de esplendor en la hierba. Dice así: "Nada importó demasiado mientras había dinero. Nada importaba de verdad. Podíamos estar gobernados por incompetentes o por ladrones o por ignorantes o por gente que reunía las tres cualidades a la vez. Por mal que lo hicieran la economía prosperaba empujada por el doble espejismo del dinero barato y de la burbuja inmobiliaria; por mucho que robaran y por muchos parásitos a los que les permitieran chupar de la administración, había tanto dinero que seguía sobrando para casi todo". Comenzó así la última década, en la cual muchos empezaron a poner en entredicho los logros de la Transición, con saña desmesurada. Como afirma Muñoz Molina, "algunas de las figuras públicas más relevantes, en la derecha y en la izquierda, parecían empeñadas en desacreditar y destruir todo el delicado edificio institucional levantado con tanto esfuerzo durante más de treinta años".

Arribamos así a la cruel realidad que surge al final de los Gobiernos de Zapatero, y descubrimos algo que se nos había olvidado ya. Habíamos sido pobres, y tras los años delirantes en que todo el mundo pensaba que el dinero llovía del cielo, hemos vuelto a la triste conclusión de que volvemos a ser pobres y, lo que es peor, que lo seremos durante mucho tiempo. Fuimos nuevos ricos y ahora resulta que somos nuevos pobres. Se halla, pues, muy lejos aquella boba frase de Rodríguez Zapatero de que España jugaba ya en la Champions League. O también cuando el presidente Aznar se creía que era un colega íntimo del presidente de los Estados Unidos y en el fondo no era más que un comparsa. Volvemos a ser pobres y estamos cargados de deudas.

Sirviéndonos del "psicoanálisis" que formula en su libro Muñoz Molina, podríamos describir algunas claves que nos ayuden a comprender mejor lo que nos pasa ahora. En esos años del delirio surgió una palabra, el "pelotazo", que definía la forma de un enriquecimiento rápido y de forma no muy legal, indisolublemente unida a la especulación inmobiliaria. Como dijo Solchaga, España "era el país donde uno se puede hacer rico mas rápidamente". El dinero fluía generosamente tanto en la política, como en los negocios privados, pareciéndose a un manantial de la montaña. A ello contribuyeron tanto las reformas fiscales, como la llegada de los fondos europeos. El delirio se instalaba entre nosotros, a la par que comenzaba el despilfarro irracional, en parte por la desaparición de los controles de legalidad. En la izquierda como en la derecha, surgió una administración clientelar que no solo fomentaba la incompetencia de los políticos, sino que facilitaba también la corrupción, que acabaría convirtiéndose en endémica y generalizada. Los alardes demostrativos del dinero público disponible, convirtieron a las Comunidades Autónomas en auténticas máquinas de gastar dinero. No solo se crearían puestos inocuos e instituciones absurdas, repartiendo jugosos sueldos, sino que comenzó también el juego de los simulacros y de los espejismos para, como dicen los franceses, "èpater le bourgeois": candidaturas olímpicas, exposiciones universales, televisiones autonómicas, circuitos de formula 1, concursos de belleza, aeropuertos para pájaros, etc.

En estos años delirantes aumentó también el gusto por la fiesta, como identidad y casi como forma de vida. Muñoz Molina afirma que "uno de los rasgos menos examinados de la democracia española ha sido la propensión al paroxismo de la fiesta. Y uno de los capítulos más incalculables del despilfarro que ahora tenemos que pagar es el de todo el dinero público que desde hace treinta y tantos años  se ha gastado en todo tipo de fiestas: "municipales, autonómicas, de barrio, carnavales, fiestas de la primavera, fallas, sanfermines, rocíos, ferias de Sevilla y sus imitaciones". Por otro lado, una forma atípica de la fiesta, ensalzada tanto por tirios como por troyanos, consistía en la reafirmación de la Semana Santa, de las procesiones, y todo tipo de parafernalias del culto católico. En efecto, tanto la derecha como la izquierda, claro signo de la fortaleza de las ideologías de nuestros partidos, participaban en este desenfreno. Dice nuestro autor: "Los concejales comunistas de Málaga se declaraban partidarios de la insumisión contra el servicio militar, y al mismo tiempo protestaban porque los soldados de la Legión habían dejado de desfilar junto a los tronos de la Semana Santa". Dicho de otro modo, no se intentó establecer una separación necesaria entre la religión y la vida cívica. A esto se añadía el orgullo de lo autóctono, cuando cada uno reverenciaba a su pueblo, su provincia, su región, lo que acabó favoreciendo cada vez más la fortaleza de los nacionalismos. Añade Muñoz Molina: "Cualquier objeción a la manera bastante atolondrada en la que se ha ido descentralizando el país convierte a quien se atreva a formularla en un partido del centralismo y quizás también en un fascista; cualquier apelación a los valores y símbolos de la ciudadanía común y no solo los de las pertenencias regionales o nacionales será considerado un gesto de agresivo nacionalista español".

En definitiva, esta falta de lucha por el bien común, por los intereses generales, se contemplaría sobre todo en los partidos políticos. "La rigidez corporativa de los partidos políticos -afirma- se ha ido volviendo más esclerótica a medida que se convertían en maquinarias de colocación y de reparto de favores y que colonizaban espacios de la sociedad que deberían haber permanecido abiertos al mérito, al debate y al activismo civil". Por lo demás, no solo fueron culpables los partidos políticos, sino que "no habrían ido tan lejos sin la indiferencia, la claudicación o incluso la adhesión de sectores amplios de la ciudadanía".

 El telón comienza a bajar lentamente en el escenario de los delirios: "Ha terminado el simulacro. Que la clase política española quiera seguir viviendo en él es una estafa que ya no podemos permitirles, que no podemos permitirnos. Tenemos un país a medias desarrollado y a medias devastado, sumido en el hábito de la discordia, cargado de deudas, con una administración hipertrofiada y politizada, sin el pulso cívico necesario para emprender grandes proyectos comunes". En fin, quien quiera más detalles de lo que nos ha pasado,  que lea el esclarecedor libro de Antonio Muñoz Molina.