LA VERDAD DUELE
LA VERDAD DUELE
La última película de Will Smith cuenta la odisea de un gran científico para lograr que se aceptara, por parte de la liga profesional de rugby (fútbol americano) y de la sociedad en general, el grave riesgo neuronal que sufren los practicantes de este deporte. Todo un negocio, un sistema de vida, muchos puestos de trabajo, una seña de identidad se tambaleaban en caso de que se admitiese la tesis del doctor, que para colmo no era americano ni afroamericano, era un simple africano. Lejos de agradecer el esfuerzo de investigación, la mayor parte de la gente apostó por desacreditarlo, insultarlo, negar sus conclusiones y hacer frente común con el poder establecido.
Si reaccionamos así ante verdades científicas cómo pretendemos que las opiniones sean más moderadas cuando se trata de cuestiones contingentes como el pacto entre PSOE y C’s. Que el PP es un partido en descomposición y caracterizado por los cuerpos de seguridad, que ellos mismos controlan ahora en funciones, como banda criminal no admite mucho debate. Que PODEMOS o IU plantean posiciones de máximos que no tienen en cuenta a prácticamente la mitad del electorado y lo hacen arrogándose una falsa mayoría social, tampoco parece muy discutible; como que algunas de sus condiciones van directamente contra las reglas del juego en aras de un concepto de la democracia que se permite establecer una soberanía de geometría variable. Quienes están fuera del pacto entre Sánchez y Rivera lo hacen por táctica electoral.
Lo que se critica de este acuerdo, seguramente mejorable, es que renuncia a algunas cosas básicas del programa de cada uno, además de dejar abierta la puerta a C’s como miembro de un gobierno que ellos no presidan, acusándolos de oportunistas o veletas. Bien, son estos defectos las mejores galas del acuerdo. En general las posiciones extremas, maximalistas, que exhiben los partidos suelen ser erróneas o inconvenientes, por lo tanto los acuerdos donde se cede o matizan ofrecen mejores resultados a los gobernantes y gobernados que los muros de hormigón ideológico o estratégico.
El PP debería reflexionar sobre su papel en este momento, entender que no está en condiciones de gobernar porque nadie quiere ser socio de un partido al que cada día le sale un escándalo nuevo, pero del que se espera un mínimo de sentido de Estado. Basta con que se abstenga y haga una oposición constructiva mientras limpia las cuadras. Aferrarse a unas nuevas elecciones es hacerle el caldo gordo a PODEMOS, que precisa de un tiempo en las instituciones para pulir sus políticas, eliminar grasa sectaria y aprender cómo se comporta uno cuando sus decisiones tienen consecuencias concretas. No sería desechable un pacto amplio, pero exigiría bastantes sacrificios a los populares y es posible que España no esté preparada para estos acuerdos, no obstante las encuestas apuntan a que la mayoría detesta la idea de nuevos comicios y ve cada vez con mayor complacencia un entendimiento a la europea que modere aspiraciones y saque lo mejor de cada uno. La forma en que esto se resuelva marcará la dinámica de fuerzas a medio plazo.

